La pasión del pirata

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Capítulo 6- ¿Te ayudo?

El sol entraba  por la ventana y acariciaba la tez de la joven que aunque yacía en una posición de lo más incómoda había logrado conciliar el sueño.

Derrepente, una gaviota se chocó contra el cristal y Anthia pegó tal brinco que por poco no toca el techo.

Miró a su alrededor y encontró la habitación completamente vacía.
A su lado encontró un pequeño trozo de pergamino que ponía lo siguiente:

"Diríjase hacia la cocina, le estaré esperando para informarle de sus obligaciones.
Le he dejado algo para vestirse.
Son unos atiguos arapos, siento no haber podido encontrar otra cosa.

Siento la posición en la que se encuentra.

        R.                                                          "

Efectivamente, a su derecha se encontraba lo que parecía ser un saco de patatas. Lo miró detenidamente hasta que porfín decidió inspeccionarlo más a fondo.

Era un pequeño conjunto formado por pantalones agujereados y una camisa que estaba segura que solía ser blanca aunque poco se notase.

Mientras se vestía miraba apenadabsu hermoso vestidito de seda que había quedado en pedazos.

Ya vestida dirigió su mirada hacia la ventana. Una vastidad azul rodeaba el barco que se coordinaba con el movimiento de las olas.
¿Se habría enterado ya su padre de su desaparición? ¿Dónde estaban los galeones que debían ir a socorrerla?

Vacio, puro vacio. Agua, sal y viento para mover la vela. Nada más.

Se dirigió a la puerta la cual abrió con suma delicadeza con miedo a despertar a los demonios de los mares.
Se encontró en la cubierta la cual unos bucaneros con apenas 12 años estaban limpiando.
No parecieron verla así que prosiguió su camino hacia una trampilla de la que ascendía un olor a guisado que inundó sus orificios nasales.

Anthia bajó unas escaleras y se encontró en lo que parecía una cocina abandonada de una casa en la que las letrinas estaban en la misma habitación.
De la nada un cuchillo voló de un lado de la habitación hasta la altura de un hombre al cual le cortó medio centímetro de rubio pelo.

—¡Santiago! Ten cuidado, cualquier día me matas— dijo el muchacho mientras se tocaba el pelo.

— ¡Tengo hambre! Para que quiero un hermano si no me da de comer— contestó santiago.

La joven reconoció del tirón a Santiago. Llevaba una perilla característica, una cara huesuda y unos ojos saltones que le daban cierto look de aristócrata solo que mugriento y lleno de cortes, moratones y cicatrices.

El rubio, parecía tener la misma edad que Anthia, su cara un poco redonda pero símetrica. Su cuerpo debilucho pero alto. No se parecía a sus compañeros piratas. Era más limpio, su cara pura hacía resaltar sus ojos verdes a la vez que ciertas pecas añadían color a su cara.

Este percibió a la joven analizándole y le estrecho la mano.

—Soy Remy— dijo sonriente

— A... Anthia.

—¡Que la belleza tiene nombre!— exclamó Santiago agarrando la cintura de la muchacha.

—¡Suéltala! Tengo que explicarle muchas cosas ¡Véte y ya os traemos a todos el desayuno!— ordenó Remy a su hermano.

—Luego nos vemos encanto— susurró Santiago a la oreja de Anthia.

Este último soltó un leve gruñido, apretó las caderas de la joven y subió por la trampilla.

—¿Le queda grande?— preguntó Remy echándole el ojo.

—Está bien.

— Me alegro de darle buen uso...— dijo mientras removía una cacerola— ¿sabe cocinar?

—No.

—¿Limpiar?

—Puedo intentarlo.

—¿hacer la colada?

—Nunca lo he hecho pero...

—¿Coser?

—¡Sí, y leer!— exclamó la joven contenta de poder hacer algo.

— Entonces estaba en lo cierto,¿eres una dama verdad?— preguntó mientras vertía puchero en unos pequeños cuencos.

— Se podría decir que sí...— respondió apenada.

— Siento este cambio de ambiente pero me temo que debe aprender todas las cosas anteriormente nombradas para quedarse aquí.

—Eso es lo que no quiero.

— Es eso o comer con los tiburones... Más bien te comerían a tí.

Era un chico simpático, nada que ver con su hermano. No se comportaba como un pirata. Le recordaba a sus amables criadas que siempre la trataban bien.

—¿Empiezo a cocinar?— preguntó la joven intentando ser útil.

— Prefiero que limpies cazuelas primero, ya te enseñaré cómo cocinar bien.



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: fantasia pirata

Editado: 08.06.2018

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