La pasión del pirata

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Capítulo 7- La charla

Jakar invitó a la joven a sentarse en un gran butacón enfrente del escritorio de su camerino.
Tenía un color marrón desgastado con ciertas marcas posiblemente causadas por rabietas del hombre que paseaba por la habitación buscando algo.

— ¡Por los cantares! ¿Dónde lo habré dejado?— se preguntó a si mismo el capitán.

— Si no me necesita puedo...

— ¡No! Quiero disfrutar un poco de tu compañia mientras encuentro una manera de llenar mis bolsillos— dijo mirando diferentes mapas en un armario.

Finalmente el hombre pudo encontrar el correcto. Apoyó el brazó en la mesa y empezó a desplazar cualquier objeto que impidiese su paso para hacer hueco.
Lo desplegó y apoyó conchas a cada lado para que el papel no se enrollase.

—Paraíso Negro— Anunció como si un rey había sido coronado.

—¿Un paraíso negro?— interrogó Anthia debido a que la anunciación no explicaba porque tanto esfuerzo en encontrar un mapita de una isla pequeña.

— ¡El paraíso del mercado negro!, La aldea de los piratas y las chicas de vida alegre.

—¿Porque me cuentas esto?

— Porque vamos a comprar cosas para la tripulación y ya de paso te sacamos de esa bolsa de patatas que llevas puesto. Apenas veo tu figura y mi imaginación ya no es lo que era.

—G... gracias—tartamudeó agradeciendo a los dioses de no tener que llevar esos trapos mucho más tiempo.

—¿Gracias? Ooh no, tu vas a conseguir el dinero solita y ya después te podrás cambiar. El dinero lo es todo.

Estas últimas palabras retumbaron en su cabeza. Pensó en su querido padre que muerto de miedo debía estar por su bella niña.
¿Acaso podría conseguir suficientes monedas como para hacer que el pirata la liberase?
¿Valía la pena nombrar quién era su padre, o solo empeoraría las cosas?

— ¿Como lo voy a conseguir entonces?

— Hay ciertos lugares dónde el entretenimiento es bien valorado, bares dónde mucho ron es servido y esquinas por dónde damas pasean buscando que los hombres las encuentren— narró mientras le tendió la mano a Anthia.

— No se si seré capaz Capitán...— contestó entregándole su mano y levantándose como buena dama insecto palo que er.

— No sabes lo inocente que eres... Hasta creías tener opción u opinión sobre el asunto.

— ¡No pienso venderme a los hombres!— protestó alejándose de Jakar.

Acto seguido agarró la muñeca de la chica y puso su espada contra su cuello.
No hacían falta palabras para entender esta advertencia. No tenía voz ni voto y eso era mucha justicia.

No iba a trabajar para conseguir un atuendo más cómodo sino más bien para contentar a su capitán y vivir bajo sus órdenes.

— Me aburro rápido— dijo jakar separándose de su posición de amenaza.

Ella no debía aburrirle, no era un simple juguetito que tirar una vez no interese.

— Tiene usted razón... Debo trabajar para usted y así conseguir un atuendo más apropriado y gustoso. Aunque claro, también podría quedarmé aquí dentro en su cabina sin ropa alguna— dijo de forma seductiva Anthia

El capitán bajó la barbilla y sus ojos se iluminaron.
Había funcionado el truco.

Anthia solo esperaba que ella pudiera engañarlo lo suficiente como para no avergonzarse de sus acciones en el futuro.

Este tren de pensamiento fué interrumpido por una bola de cañon cayendo a los pies del capitán mientras intentaba desvestir a la joven.



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: fantasia pirata

Editado: 08.06.2018

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