La pasión del pirata

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Capítulo 9- ¿Pero qué?

Santiago vió las intenciones de Remy por lo que alzó su mano y agarró la cuerda impidiendo que este avanzara.

—¿Que haces?— Preguntó enfadado Santiago mientras cogía a su hermano del cuello de la camisa.

— Se la llevan— respondió dándole un manotazo para que le soltase.

— ¿Y qué?

—¡Tengo que ir!

— Tu te tiras y te caes, por algo estas en la cocina.

Estó molestó mucho al joven que inmediatamente volvió a intentar el salto, mas, otra vez, su hermano se lo impedió.

— Me debes una, y ella también.

Santiagó se impulsó y aterrizó en el otro barco como si nada.

Remy quedó boquiabierto viendo como se abría paso entre los piratas e intentaba recuperar a la joven inconsciente.

Cada vez el barco se alejaba más del otro.
No sabía que hacer.
Pegó unos cuantos saltos nerviosos mientras se mordía las uñas dejándolas bien cortas.

Si Santiago encontrara a Anthia no podría volver al barco.

Escaneó el barco en busca de algo que le pudiese ayudar.

Algunos piratas curaban sus heridas, otros tiraban cadávares por la borda y ciertos valientes se enfrentaban a los pocos piratas enemigos que se habían quedado por accidente al no saber que intentaban huir.

Remy alzó la mirada y observó como Jakar cogía el timón decidido a irse.

Debía hacerlo, debía salvar a su hermano que se había puesto en peligro por un capricho, claro está, si la vida de la joven podía considerarse eso.

A una velocidad casi inhumana empujó al capitán a un lado sorprendiéndole por completo y haciendo que los barcos se volvieran a juntar más.

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Sangiago la había encontrado enseguida.
¿Una hembra en un campo de machos?
¡El centro de atención!
Solo tuvo que buscar a los dos más grandotes del barco que se la habrían llevado para poder disfrutar de ella solos.

—¡Quitémosle esos trapos!— sugirió uno manoseándola.

—¡Eso solo lo hacemos nosotros!—exclamó Santiago mientras separaba a la chica de sus garras.

La agarró de la cintura y la volvió a subir a sus hombros como la primera noche.

¡Uff! Si la joven tenía una cintura pequeña. Despertaba la pasión de quien la tocara. Un cuerpo bien equilibrado y curvado hipnotizador.
Si, hipnotizaba al pirata que cada vez apretaba más su cintura con pasión.

Haciendo caso ajeno de los gritos de la chica a la cual el miedo se había apoderado de ella.

¡Era normal sentir miedo! Un pirata la agarraba rescatándola esquivando espadazos solo para llevarla a otro barco pirata en el que no sabía que hacer.

Tantos problemas la rodeaban que no podía gritar.
La ansiedad se había apoderado de Anthia. Su respiración accelerada no parecía cesar nunca.

¿Que pesadilla era esto?
Cerró los ojos pidiendo a los dioses que todo fuese un sueño. No lo era.
Y se dió cuenta de esto cuando el pirata saltaba de un barco a otro de dos metros de distancia entre ellos.

Nunca se había sentido tan despierta en tan pocos segundos. La adrenalina había llenado su cuerpo. Parecía que el tiempo se había pausado y que iba a caer al agua.

Santiago dió un último impulso y llegó. Mas las manos de el pirata resbalaron, soltaron la cintura de la chica y esta cayó.



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: fantasia pirata

Editado: 08.06.2018

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