La pasión del pirata

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Capítulo 10- ¡Oh Oh !

Anthia se encontraba en el agua manteniéndose a flote gracias a un cadaver que anteriormente habían tirado.

¿Sabia nadar? No.
¿Sabía que hacer? Tampoco.
¿Era una damisela que necesitaba ser socorrida? Eso sí.

Esperó unos segundos hasta que una cuerda atada al barco cayó a su lado.

—¡sube!— gritó probablemente Remy.

Agarró la cuerda y empezó a ser arrastrada con ella por el agua mientras el barco huía de su enemigo.

Tiró dos veces de la cuerda como señal de que la subieran.
Esperó y esperó pero nadie tiraba.

¡Tenía que escalar!
Consiguió sacar su cuerpo del agua paulatinamente tirando de la cuerda y apoyando los pies en el barco.
Intentó dar pequeños pasos para subir pero sus manos resbalaban y no tenía la fuerza suficiente.

Las cuerdas no parecía ser lo suyo.
Miró a su alrededor y vió que alguna planchas de madera sobresalían al igual que unos tornillos.

¿Sería posible escalar?
Colocó sus pies en ellos y se sujetó con una mano en otro mientras intentó atar la cuerda a su cintura como una especie de medida de seguridad.
El barco parecía estar bastante mal construído aunque también estaba agujereado por las balas de cañon.

Sus dedos empezaron a buscar salidas y entrantes subiendo poco a poco. Hasta que alfín, llego a los brazos tendidos de Santiago que finalmente la subieron a bordo.

—¡Siempre que estoy yo acabas mojada eh!— dijo haciéndose el gracioso.
Pero Anthia no quería escuchar ninguna gracia, solo quería esconderse en algún lugar y estar sola para procesar todo lo que acababa de pasar.

¡Una dama escalando! Eso lo hacían los muchachos juguetones no las mujeres de la corte. Aún así ahí estaba ella toda empapada y exhausta por ser la primera vez en su vida que había tenido que hacer un esfuerzo físico.
¿Como podían durar tanto los piratas peleando?
Acaso tener músculo te daba poderes mágicos.
De cualquier modo, solo quería desaparecer.

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Jakar se encontraba apoyado contra una pequeña celda situada en el fondo del barco. Aunque claro, él no se encontraba en él.

—¿Me vas a explicar porqué se te ha ocurrido empujarme?— preguntó Jakar intentando mantener la calma pero sin lograrlo.

—Lo siento...— respondió Remy tímidamente.

—¿Te das cuenta de que si fueras cualquiera de los otros hombres te mataría ahora mismo?

El muchacho quedó en silencio.

—¿Porqué?— preguntó el capitán

No hubo respuesta. Jakar empezó a patalear los barrotes de la celda desesperado gritando y gruñiendo como un animál.

—¡Vale!— gritó el pobre muchacho encerrado.

—Vamos Remy dime— insistió desesperado.

—Se habían llevado a la chica, Santiago fue a buscarla porque yo iba a intentar saltar a por ella. Entonces me di cuenta de que no iban a poder regresar y-

—Basta, he oído suficiente.

—¿Ahora que?

—Calla.

—¿No querías que hablase?

—Solo si tiene aporte alguno que en este caso no es así. Ten muy claro que nadie debe saber de esto o alomejor considero el degollarte. Mañana saldrás de la celda para cocinar pero esta noche te quedarás aquí.

Acto seguido el capitán subió a buscar a Santiago y a la joven.

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—¿No le vas a dar un premio a tu heroe?— preguntó rodeándola con sus brazós.

—Porfavor déjame— contestó Anthia intentando librarse de Santiago.

—Déjame tu, probar esos labios— intentó sujerir de forma poco sutil.

Lágrimas empezaron a caer de los ojos de la joven creando riós y afluentes que finalmente fregaban la cubierta.

Unas manos mugrientas envolvieron sus mejillas...
Era el capitán.
Posó sus labios en los de la joven, hundiéndose en un fuerte, profundo y forzado beso.

Santiago observó la escena celoso e inmediatamente se dió la vuelta para irse y no ver más.

—¡Quédate ahí!— ordenó el capitán.



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: fantasia pirata

Editado: 08.06.2018

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