La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 3

Marcus

 

-Luke, Luke- lo llamé entre la multitud y mi amigo se dio vuelta tambaleándose -me voy-

- ¿Que? No, la fiesta está aquí- me decía arrastrando las palabras y llevando sus manos hacia su pecho.

-Luke, no me siento muy bien. Es mejor que busquemos a Brooke y nos vayamos- No me respondió, pero me señaló con un dedo el sitio en donde se hallaba Brooke y comencé a abrirme paso entre la gente para llegar a ella.

-Brooke- grité por sobre la música -Me voy-

-No, Marcus. Sos el “conductor designado”- se quejó y se acercó hacia mí para escucharme mejor

-Pero estás completamente sobria- protesté

-Lo sé, pero no tengo ganas de manejar- miré a Brooke serio, no me importaba si ella quería o no manejar, yo necesitaba salir de ahí, no quería volverme a cruzar a la loca de Emma. Le tendí las llaves del auto de Luke y las tomó con enojo, luego la saludé con un beso en la mejilla y aproveché la cercanía para aclarar:

-Luke no puede manejar- dada mi advertencia, salí lo más rápido que pude de esa casa infestada de adolescentes.

Salí del lugar y me azotó un viento helado que me puso la piel de gallina. No tenía auto y no conocía a nadie que pudiera llevarme hasta mi casa o hasta alguna parada cercana de colectivo, así que comencé a caminar. Bajé por la calle principal de Upper East Side, el lugar estaba desierto, las luces de todas las casas ya estaban apagadas y los autos guardados en sus cocheras. Yo era la única persona caminando por ahí y comenzó a darme un poco de miedo.

Empecé a caminar cada vez más rápido hasta encontrarme casi corriendo, ni siquiera sabía por qué estaba tan asustado. Ya casi estaba llegando a la calle en frente del Central Park, cuando Emma salió de la nada justo enfrente mío y el corazón casi se me sale del pecho.

-Basta de gritar y huir como niñita- me regañó, pero estaba tan aturdido y atemorizado que no escuché la frase completa. ¿Había gritado? Tampoco me había dado cuenta de eso. Nuevamente comencé a correr, pero esta vez, estaba tratando de alejarme de Emma.

Otra vez, ella apareció delante de mí y yo salté hacia atrás.

-No puedo hacer esto eternamente. ¿Vas a quedarte quieto y dejar que te explique? - No, claro que no, pensé. No necesitaba ninguna explicación ni quedarme quieto. Comencé a correr aún más rápido intentando de captar la atención de alguno de los hombres que se encontraban unas cuadras más adelante fumando cigarros.

-Marcus, por favor... si me escuchás te voy a dejar de molestar- gritó Emma desde lejos- No me obligues a frenarte como hice en la fiesta- al escuchar la amenaza, frené de inmediato. No quería volver a experimentar la sensación de estar inmóvil; dándole órdenes a mis piernas de que se movieran y no poder hacerlo. Con mucha inquietud, frené y me giré lentamente esperando a que Emma contara su historia para que me dejara en paz.

Se acercó lentamente hasta un banco color blanco que se hallaba en frente de una placita con juegos y yo avancé un poco hasta ella.

-Marcus, necesito que escuches todo y no me interrumpas. Te lo pido por favor- yo asentí ante su desesperación y esperé a que Emma comenzara a hablar.

-Necesito comenzar desde el principio y probablemente esto nos tome un tiempo- advirtió y comenzó el extenso relato:

-Hace setenta años existió un brujo muy poderoso, Erbo. Él fue profesor de magia en un templo de Nueva York, le enseñaba a cualquiera que él consideraba óptimo y aprender magia con él se consideraba un honor. Escribió tres de los libros más importantes en nuestro mundo, e incluso creó algunos hechizos, lo que resultó un tema muy controversial en aquella época porque nadie había descubierto más hechizos de los que ya existían. Erbo se dio cuenta de esto, sus poderes eran superiores a los de cualquiera y un día, sin dejar ninguna señal, se encerró en su templo por meses.

“El poder de Erbo comenzó a preocupar a los participantes de la cámara de brujos, los encargados de dictar leyes y prohibiciones.

“Erbo comenzó a formar su propio séquito y escribió un libro muy detallado sobre la magia y cómo se suponía que era su uso correcto. Seguido de esto, cambió su nombre de Erbo a Erebo, un dios de la mitología griega que era la personificación de la oscuridad y la sombra.

Comenzó a atacar a brujos inocentes en momentos aislados y después, comenzó la verdadera guerra.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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