La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 4

Emma


-Marcus, por favor- le rogué por última vez mientras veía a la única esperanza de salvar mi mundo, alejarse.

Comencé a alterarme y a caminar por todos lados. Esto no podía estar pasándome. Definitivamente yo no era la indicada para esta misión. Debí haberme objetado el día de mi asignación.

Después de diez minutos alterada, logré tranquilizarme un poco. Quejarme e inquietarme no iba a lograr que Marcus me creyera. Debía pensar en una solución rápida antes de que las cosas se descontrolaran. Tomé una bocanada de aire y moví mi mano derecha formando un círculo en el aire y luego, cuando la línea morada se vio dibujada pensé en el único lugar al que podía ir a buscar ayuda.

 

Aparecí en el living de mi casa, justo en frente del largo y cómodo sillón blanco, el olor de la comida de mamá inundaba todo el lugar, me daban ganas de quedarme aquí para siempre sin tener que lidiar con adolescentes rebeldes y misiones imposibles.

Mi madre apareció por la puerta que daba a la cocina con sus pelos castaños como los míos, recogidos en una coleta y con un viejo delantal blanco que yo le había regalado para su cumpleaños número 35.

-Astarté, ¡que sorpresa! - dijo con una sonrisa en su hermosa cara y dejó el plato de comida en la mesa para correr a saludarme -Tu padre llegará en una hora. Podemos almorzar todos juntos- habló emocionada.

-Lamento decepcionarte, Ma. Pero no puedo quedarme, debo cumplir con mi misión y el tiempo está en mi contra- sus ojos verdes me examinaron, luego se sentó en el acolchado sillón y me invitó a sentarme a su lado izquierdo.

- ¿Qué es lo qué pasa, querida? - mi madre siempre sabia cuando me pasaba algo, no sé cómo lo hacía. Según ella es porque “tiene un sexto sentido materno”. Suspiré y comencé a explicarle el problema con mi Brujago Marcus, quien piensa que soy una loca integra.

Mi madre puso su típica cara pensativa y yo supe que estaba tramando algo
-Astarté, él nunca va a introducirse en el mundo de la magia, no quiere asumir que sí existe y no va a tratar de reconsiderar la posibilidad de que todo lo que le contaste es cierto – explicó - Lo que tenés que hacer es introducirlo sin preguntarle. Es tu deber como bruja protectora ayudarlo a tomar decisiones difíciles, pero si él no se deja ayudar, hay que ponerlo en una situación en la que se vea obligado a comprenderte y después de eso, no va a haber vuelta atrás-

-O sea que… ¿hay que obligarlo a que lo haga sí o sí? - le dije sorprendida ante su rara idea
-Si lo pones así, suena mal. ¡Pero es una buena idea! Si no, ¿qué otra opción tenés? - Eso era verdad, no tenía muchas opciones y necesitaba a Marcus urgente para poder iniciar con nuestra búsqueda.

-Mañana no lo molestes en todo el día. Solo tenés que estar atenta ante cualquier inseguridad y si se encuentra apuros, vas a ayudarlo. Eso te convierte en su única opción, y no le va a quedar más remedio que seguirte- suspiré de nuevo. El plan de mi madre me parecía ridículo, pero necesario.

- Si espero a que Marcus esté en peligro, Erebo ya va a haber conquistado la galaxia entera- me quejé demostrándole la gran falla de su plan. Mi madre sonrió con picardía y yo supuse que estaba tramando algo.

-Lo único que te pido es que no intentes nada raro- le advertí, pero mi madre se limitó a asentir vagamente y sin más, volvió hacia la cocina para seguir preparando su exquisita comida.

Suspiré agotada y me hundí en el sillón. Lo único que me quedaba era esperar y que el plan de mi madre funcione.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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