La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 7

Marcus

 

Estaba acostado en mi cama mirando al techo, (después de ganarme un castigo por llegar tarde a mi casa y no haber avisado que estaba en “la casa de Luke”) pensando y repasando todo lo que me había pasado en menos de 24 horas.

“Primero apareció Emma y me contó la historia del malvado Erebo y El Salvador, Horus; quien resultaba ser mi bisabuelo Adolfo y se suponía que yo debía saber en dónde escondió sus preciados objetos, pero el problema es que yo nunca conocí a mi bisabuelo y tengo que encontrar todos los objetos antes de que los seguidores de Erebo vuelvan de su exilio. Entonces... ¿qué hago para comenzar mi búsqueda si no sé por dónde comenzar? Peor aún ¿Cómo busco los objetos de Adolfo si no sé qué son?”

Mi cabeza estaba a punto de explotar, los pensamientos iban y venían, las historias que Emma me había contado daban vueltas y vueltas por mi cabeza, pero no sabía cómo podía ayudarla.

Se me había ocurrido ir a la biblioteca mañana por la mañana, pero después desistí. Supongo que la información sobre el mundo de los magos no se encuentra en mi

mundo, porque si no, todos sabríamos de su existencia.

Por otro lado, pensé entrar a Google y leer algo sobre brujos y magia, pero no creo que sean sitios webs muy confiables, probablemente me den información que no existe. Después de diez minutos sin saber qué hacer y dar vueltas y vueltas en mi cama, me quedé profundamente dormido.

 

Soñé con un ático. Un ático grande y polvoriento, con techos de madera altos y ventanas cubiertas por cortinas negras, en donde yo jugaba y corría entre los muebles de madera y las cajas apiladas. La alfombra se sentía caliente bajo mis pies descalzos y mi madre abrió la puerta lentamente, tenía un overol de jean sobre una camisa a cuadros y el pelo largo y negro, me buscó con la mirada y cuándo me encontró, frunció el entrecejo, me alzó, apagó las luces y me sacó de ese gigantesco lugar

 

Abrí los ojos y un destello de luz me iluminó el rostro, miré mi celular; eran las 6:00 AM

Comencé a cambiarme para ir al instituto, me puse unos pantalones negros, mis zapatillas negras y una remera gris con una skate en el pecho.

Bajé a desayunar y por sorpresa encontré a mi hermana mayor Carmen, sentada en mi lugar. Me había olvidado por completo que ella iba a pasar el fin de semana en casa.

- ¿Esa cara de sorpresa es porque me extrañabas mucho o porque no esperabas verme en casa? - me preguntó y se encaminó a abrazarme.

- ¡Es porque te extraña! Antes de ayer le avisé que ibas a venir- gritó mi mamá desde la cocina y después de unos segundos, dejó un plato con panqueques en la mesa y se sentó en la cabecera.

Luego de un largo abrazo, mi hermana me soltó y pude sentarme en la mesa a tomar mi café con leche y comer un poco.

-Entonces, hermanito… ¿Quiénes vienen a tu fiesta de cumpleaños? – Intenté de ocultar mi cara de sorpresa de nuevo, ¡También me había olvidado la fiesta!

-Mis amigos del instituto, de básquet y algunos chicos del barrio- dije y me metí un bocado de panqueques en la boca.

- ¡Me acuerdo que para mi cumpleaños número 17, habíamos puesto un tejo y una mesa de ping-pong en casa! ¿Te acordás, mamá? – preguntó mi hermana, mientras mi mamá asentía

- ¿Un tejo y una mesa de ping-pong? ¿De dónde sacamos eso? – interrumpí antes de que alguna de las dos pudiera continuar hablando.

-Eran de tu padre- me explicó mi mamá, quien ya se había terminado todo su desayuno y comenzaba a levantar las cosas de la mesa

- ¿y por qué no las tenemos nosotros? – pregunté y mientras le pasaba los platos sucios a mi mamá para que los ponga en el lavavajillas, a lo que me respondió:

-Porque cuando nos mudamos, no teníamos espacio para tantas cosas, así que las dejamos en el ático de la casa de tus abuelos-

¡El ático de la casa de los abuelos! Ahí fue donde transcurrió mi sueño, en ese ático pasaba horas jugando y a mi madre no le gustaba que subiera, por eso me regañaba; decía que había un montón de cosas viejas e importantes y que, si yo las rompía, podían perderse archivos o fotos muy valiosas de la familia de mi padre.

-Marcus, ¿Estas bien? - me despertó mi hermana de mis pensamientos.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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