La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 8

Marcus

 

Llegué a la casa de mis abuelos paternos después de media hora en el metro y unos veinte minutos en bicicleta. La fachada de la casa se veía exactamente igual que cuando yo era apenas un niño y desde que tengo memoria, las altas tejas de madera y las rejas negras le daban un toque imponente que nunca dejaba de impactarme.

Toqué el timbre y mi abuela se asomó por la puerta, estaba usando su típico camisón blanco con flores rojas y tenía el pelo canoso a la altura de los hombros. Su cara de sorpresa se convirtió rápidamente en una sonrisa alegre. Cruzó el pequeño jardín con sus pantuflas blancas y me abrió las rejas. La abracé con cuidado, porque ya era una mujer muy grande y se veía muy pequeñita. Me invitó a pasar, y el olor a madera me invadió. Los enormes muebles tallados seguían en los mismos lugares, los adornos, traídos de todas partes del mundo, estaban posicionados de la misma forma que siempre.

Después de unos quince minutos tomando el té con mi abuela y respondiendo a todas sus preguntas de por qué no estaba en el colegio o cómo se encontraba mi hermana Carmen, me dirigí hacia la última habitación que estaba en atravesando el pasillo del primer piso.

Mi abuelo yacía en su cama, con sus ojos cerrados y una imperceptible sonrisa.

–Va a seguir dormido hasta las 10:30. Si queres quedarte, y esperar, no hay problema- me ofreció mi abuela. –Yo me voy a ir a bañar ahora, pero vos quédate en donde prefieras, ya sabes en dónde está guardado todo- Mi abuela me besó y se adentró en la habitación semi-oscura en la que se encontraba dormido plácidamente mi abuelo para buscar sus toallas y sus perfumes.

Apenas escuché el sonido de la puerta del baño cerrarse, subí corriendo hasta el ático de la casa. Gracias a dios, la puerta estaba sin cerrojo, así que la abrí lentamente para atenuar el rechinido y me adentré a la inmensa habitación. Prendí la luz y ante mis ojos, aparecieron todos los muebles, cajas y baúles, que, como era de esperarse, seguían en el mismo lugar de siempre, incluso se los veía sucios y polvorientos, como si nadie hubiera subido a esta gigantesca alcoba en años para limpiarlos.

¿Por dónde debía comenzar a buscar ahora que estaba acá?, las cajas poseían nombres o fechas, pero eran casi ilegibles debido a los años que tenían. Busqué en todas las cajas que encontré, incluso me topé con una llena de fotos de mi padre cuando era un niño y otra con los papeles de la herencia que mi padre había dejado después de su muerte. Abrí todos y cada uno de los muebles, desde el más bajo al más alto. Inspeccioné todos los cajones, abrí todos los baúles, pero no encontré nada sobre mi bisabuelo.

Después de haber estado casi una hora en ese sucio ático, comencé a desilusionarme y decidí darme por vencido. No sé por qué había pensado que aquí podía encontrar algo. Si mi bisabuelo fue brujo alguna vez y quiso asegurarse de que nadie se enterara, lo había hecho muy bien.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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