La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 11

Emma

 

Estuvimos unos minutos admirando el hermoso cielo de Nueva York, después cruzamos algunas palabras sobre la vida diaria de Marcus y finalmente, me despedí de él con un beso en la mejilla y abrí un portal hacia mi hogar.

Aparecí en mi habitación, estaba a oscuras, a excepción de la escasa luz que entraba por la ventana. En silencio, cerré la persiana, me puse mi pijama y me metí dentro de mis sabanas calentitas color lila, que combinaban la pared izquierda que era del mismo color.

No pude dormirme pensando en todo lo que teníamos que hacer con Marcus. Tenía que buscar información sobre los destinatarios de las cartas y también, conseguir contactarme con ellos. Intenté recordar algún hechizo útil para rastrear personas, pero solo puedo realizarlo si poseo alguna pertenencia de ellos y, además de esas cartas roñosas, no tenía nada.

Mis pensamientos se desviaron y comencé a pensar en la cena que había tenido en la casa de Marcus. Parecían ser una familia maravillosa, y mi brujago había sido muy amable conmigo cuando me invitó al techo de su casa. Quizás debería haberle agradecido el gesto, porque desde que comencé mi misión, no había hecho más que estresarme y hace mucho que no disponía de un tiempo para despejar mi mente. Igualmente, ese sentimiento se desvaneció cuando empecé a organizar que haría al día siguiente para apresurar nuestra búsqueda y encontrar a los dueños de las cartas.

 

A la mañana siguiente, me levanté alrededor de las diez, me bañé, y me cambié rapidísimo para poder comenzar con mi exploración. Lo primero que hice fue buscar información en internet sobre Amón-ra, pero no encontré absolutamente nada, así que decidí ir a la biblioteca para tratar de encontrar algo que nos pudiera ayudar. Al llegar, Tot me abrió la oficina de archivos con amabilidad debido a que entendía lo difícil que era mi misión. Leí todos los archivos, desde la A hasta la Z. Busqué y busqué, pero no había rastro de Amón-ra en ningún artículo ni en ningún libro.

Volví a mi casa alrededor de las doce del mediodía, así que hice un almuerzo rápido, puse la mesa y agarré la guía telefónica para tratar de encontrar a Maat mientras esperaba a mis padres. Sorprendentemente, encontré cinco mujeres llamadas Maat y las llamé a todas, pero ninguna decía conocer a Horus, ni tener más de cien años. Estaba por levantarme para traer mi computadora y buscar en el panel mágico sobre alguna Maat que viviera fuera de Nueva York, cuando la puerta se abrió y mis padres atravesaron el umbral. Me saludaron con muchos besos y desaparecieron por el pasillo a ponerse cómodos con sus ropas de “entre casa”.

Al cabo de unos minutos, los tres nos sentamos en la mesa, cada uno en su respectivo lugar y comenzamos a comer la ensalada de tomate con las patitas de pollo que había cocinado.

- ¿Cómo les fue hoy? - dije rompiendo el silencio que se había apoderado de la sala.

- Muy bien- respondió mi madre sonriendo –pero es más importante saber ¿Cómo te está yendo a vos? - casi me atraganto con la comida al escuchar esa pregunta, mis padres sabían que el tiempo de mi misión era escaso, y contarles lo atrasados y perdidos que estábamos iba a ponerlos tristes.

-Bien- respondí y me metí un pedazo de tomate en la boca

- ¿Solo “bien”? ¡contanos algo! – se emocionó mi padre.

-Ayer encontramos unas cartas y creemos que nos pueden ayudar a encontrar alguna pista- les expliqué sin muchos detalles

- ¿De quiénes son las cartas? - quiso saber más mi papá.

-Una está escrita por Horus y el destinatario se llama Amón-Ra y la otra está escrita por Maat y el destinatario es Horus. El problema es que no conozco a ninguno de los dos y busqué en todos lados algo que pudiera ayudarnos a encontrarlos- me quejé

-No conozco a ninguna Maat en Nueva York- pensó mi padre y se quedó en silencio pensando si podía conseguir algún dato sobre la desconocida Maat y después de unos minutos sus ojos brillaron y miraron a mi hermosa madre –Cuando fuimos de viaje a florida estuvimos en una feria y una de las atracciones era una…-

  • ¡La bruja Meat! – interrumpió mi madre emocionada al recordar aquel viaje. Las miradas de ambos se posaron en mí y mi madre finalmente me explicó – Hablé con ella mucho tiempo mientras permanecimos en Miami. Su nombre original era Maat, pero cuando un brujo decide alejarse de su comunidad y vivir a fuera de nuestro mundo, van a Ferias o circos mundanos a trabajar y por seguridad, cambian su nombre



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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