La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 13

Marcus

 

Todavía quedaban catorce horas para llegar a Miami y el viaje se estaba pasando lento. Aunque me dolían las piernas y no aguantaba más la película que estaban pasando por el televisor intenté concentrarme en lo positivo; hice reír a Emma, y hablamos sobre cosas interesantes que me permitieron conocerla aún más. Me explicó cosas bobas sobre la magia y me ponía feliz verla tan entusiasmada cada vez que me respondía una pregunta. Hacía gestos con sus manos para explicarme mejor y su cabello castaño se movía junto con ella.

Lamentablemente, la diversión acabó cuando me quedé dormido y Emma volvió a mirar por la ventana, ensimismada en sus pensamientos.

Después de dormir menos de quince minutos, Emma me levantó feliz porque el conductor había anunciado una parada de veinte minutos y ambos necesitábamos estirar nuestras piernas.

Mientras Emma se quedó afuera caminado de un lado para otro, yo me dirigí a la estación para conectarme al WI-FI y mandarle un mensaje a mi madre.

“Sigo en la casa de Luke, Recién nos levantamos… Dentro de un rato vamos a ir al parque para andar en Skate. Besos”.

Terminé de escribir y me sentí terrible; “El peor hijo del mundo” sería el título que tendría en el libro record Guinness por mentirle a mi madre. No es la primera vez que le miento, pero esta vez la mentira no era simple y tonta, sino que era una mentira mucho más grave porque no me encontraba en la casa de Luke… ni en Nueva York. Después de ver la pantalla de mi celular por cinco minutos, me tragué la culpa con mucho esfuerzo y le envié el mensaje. Despegué mi cabeza de la pantalla para encontrarme con dos pequeños hermanitos rubios comprando un par de golosinas, y me dio un poco de hambre, debatí entre comprarme algo o no, pero finalmente cedí a la tentación. Antes de dirigirme hacia la sección de cereales y snacks, pensé que Emma podría querer algo, así que miré hacia la puerta para preguntarle que le apetecía comer. Sin embargo, Emma no estaba allí.

Esperé un rato a que apareciera, pero al no hacerlo, comencé a preocuparme. Corrí hacia afuera y miré hacia todos lados. La busqué en el baño, dentro del colectivo, pero no había rastro de ella. Deambulé preocupado y alterado por la estación ya que mi compañera no se hallaba en ningún lado. Decidí rodear la estación de servicio para estar seguro de que Emma no se encontraba por ningún lado y así, llamar a la policía. Caminé apresurado hasta la parte trasera del edificio y me encontré con hectáreas y hectáreas de pastizales que se movían frenéticamente a causa del viento. Ver aquel descampado en medio de la nada sumado al silencio sepulcral que había en todo el lugar, comencé a asustarme aún más. Escuché un ruido que parecía venir del techo de la estación de servicio y me alejé de la pared para mejorar mi visión. Alcancé a ver una figura negra moverse y corrí hacia las escaleras que estaban contra la pared.

Asomé mi cabeza y vi a un hombre vestido completamente de negro; pantalones, botas y un sobretodo con capucha que me impedía ver las facciones de su rostro.

Emma estaba agitada y en ambas manos poseía una especie de humo morado. La extraña figura intento moverse, pero Emma atacó y una bola morada salió disparada al sujeto, el humo pareció entrar por su pecho y lo impulsó a dar unos pasos hacia atrás para mantener el equilibrio.

- ¿Quién eres? - dijo Emma, el sujeto mostró una sonrisa Macabra y casi sin mover sus labios respondió separando cada una de las silabas:

-Ismael, Hijo de Erebo- Emma dio un paso hacia atrás y abrió sus ojos ante la sorpresa, pero su expresión no duró mucho ya que sus ojos se tornaron desafiantes y la pequeña esfera morada en sus manos incrementó de tamaño. Estaba dispuesta a atacar de nuevo, pero el joven dio un paso hacia atrás y saltó desde el techo de la estación. Yo corrí instantáneamente hacia el borde y miré hacia abajo, pero no había rastro del cuerpo, el joven había desaparecido por completo.

Me giré hacia Emma, que todavía seguía parada mirando hacia donde el hijo de Erebo había estado unos minutos atrás. Desde donde yo estaba parado, podía notar que su respiración era demasiado rápida y estaba a punto de caerse hacia atrás. Parecía estar en estado de shock.

Corrí hacia ella, la sujete por ambos brazos y la mire directo a los ojos:

-Emma, tenemos que seguir- sus ojos se clavaron en los míos preocupada -en el colectivo voy a poder atenderte correctamente y podemos hablar de lo que acaba de suceder, pero vamos ya porque nos van a dejar- ella asintió con lentitud y con cierta dificultas, bajó las escaleras de la estación de servicio. Nos dirigimos hacia el colectivo que estaba a punto de partir y Emma tomó asiento en su silla rápidamente, luego cerró sus ojos y comenzó a pensar.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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