La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 17

Marcus

 

Aparecimos al costado de una ruta en medio de la nada. Solo había hectáreas y hectáreas de césped a nuestra izquierda con dos o tres arboles nada frondosos que estaban esparcidos por el paisaje, y a nuestra derecha, había malezas y arbustos resecos.

Me giré para ver si había algo o alguien cerca, pero no pude detectar a nadie. Detrás mío, escuché un ruido de algo que pegaba contra el suelo y al darme vuelta, vi a Emma intentando sostenerse con sus rodillas y manos.

- ¡Emma! ¡Emma! – corrí gritando, y me arrodillé junto a ella para ayudarla - ¿Qué pasa? ¿Estas herida? –

- Estamos en la Ruta número 118, cerca de Chamaico- me explicó con un hilo de voz

- ¡Estamos en Argentina! ¡Emma, me dijiste que viajar en portal hasta acá iba a ser un gasto de energía mágica gigante! -

-No supe a donde más ir- se defendió casi hiperventilando.

Agarré el diario de mi bisabuelo e intenté memorizar la ruta para llegar al hogar de Amón-Ra, luego lo guardé en el bolso de mano de Emma, la alcé entre mis brazos y nos adentramos en las extensas llanuras pampeanas.

La cargué durante quince minutos, sin encontrar la casa de Amón Ra.

Comenzaba a preocuparme porque Emma apenas podía moverse, y cada vez se pegaba más a mi pecho para que yo pudiera escucharla mejor mientras intentaba explicarme hacia donde debía dirigirme.

Después de unos largos y extenuantes minutos caminando en línea recta, una pequeña casa hecha de madera apareció ante mis ojos. Me apuré para llegar a la puerta, en donde un hombre mayor se encontraba meditando en el césped.

Su ropa y su apariencia eran muy extrañas, pero iguales a la de la foto; Era un gaucho Argentino, flaco, de cara larga, con una barba candado color gris adornada con algunos pelos negros que todavía no se convertían en canas y al igual que su cabello, que le llegaba hasta los hombros, llevaba puesto unos pantalones marrones holgados, una remera blanca manga corta igual de amplia que los pantalones y sobre ambas prendas, tenía una manta azul oscura con dos guardas en ambos costados que tenían extrañas formas y figuras simétricas. Me acerque lentamente para pedirle ayuda, pero el hombre no notó mi presencia.

-Disculpe- susurré, para no sacarlo abruptamente de su estado de concentración – Disculpe- volví a insistir un poco más fuerte esta vez –Necesitamos su ayuda- espeté, pero el hombre no se inmutaba. –Mi bisabuelo lo conoció y esperaba que me pudiera ayudar. Su nombre mundano era Adolfo y su nombre de brujo era Horus- al terminar de decir estas palabras, los ojos del hombre se abrieron de par en par y me examinó lentamente. Se levantó en silencio y con un gesto me invitó a seguirlo. Entramos a su pequeña casa y me sorprendió lo extraña que era; la cocina y el comedor estaban unidos, por lo que se podían ver las plantas en pequeñas macetitas que adornaban las dos ventanas que poseía la cocina. El comedor tenía una pequeña mesa de madera para cuatro personas y en la pared de la izquierda un cuadro con cuatro hombres vestidos con la misma ropa que él. Me señaló una escalera marinera de madera que llevaba a una habitación con dos camas y recosté a Emma allí, quien se encontraba debilitada y casi dormida, para que pudiera descansar. Bajé de nuevo en silencio y me encontré a Amón- Ra poniendo agua caliente en un extraño vaso de madera.

Me ofreció asiento en frente de él y luego de un largo sorbo a la bombilla conocí su voz. Una voz relajada, pacífica y lenta, que separaba las palabras al hablar, modulando moderadamente.

-Efectivamente conocí a tu bisabuelo. Fue un gran aprendiz y maestro. Yo le enseñé todo lo que sabía sobre la magia y como controlarla y él me enseñó el idioma inglés y algunas técnicas mágicas increíbles. Fue un trato muy eficiente- comenzó explicándome mientras volvía a servir agua caliente en su extraño vaso y luego me lo ofrecía –Es mate, una bebida típica de Argentina – Acepté, tomé un largo y amargo sorbo y al instante mi cara de asco fue tan evidente que Amón-Ra soltó una leve carcajada. –No está endulzado- me aclaró

-Entonces, vienes a hablar sobre Horus ¿Qué necesitas saber? - soltó cambiando de tema

-Mi amiga y yo encontramos una carta de Horus dirigida a usted…- expliqué mientras le tendía la carta- … y queremos saber cuáles son los servicios que mi bisabuelo requería-

-Tu bisabuelo era un hombre muy sabio, estaba dotado de paciencia y bondad. Cuando vino a mí por primera vez, no quiso contarme sus propósitos, pero de igual manera lo ayudé a controlar sus poderes porque vi en él una persona en quien confiar. Con el paso del tiempo, nos fuimos conociendo y nos volvimos muy cercanos. Una noche estrellada estábamos meditando y me contó que estaba casi seguro de que se avecinaba una batalla con Erebo y cuando yo le pregunté cómo estaba seguro de la batalla me respondió que había tenido visiones- Amón-Ra paró su relato y le dio un sorbo al Mate -comenzamos a entrenar y a entender que significaban esas visiones y finalmente, llegamos a la conclusión de que tu abuelo poseía un talento muy poco común en los brujos, la clarividencia-



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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