La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 18

Emma

 

Marcus se había quedado profundamente dormido y yo, completamente despabilada, me quedé mirando el techo de madera que estaba sobre nuestras cabezas.

Reinaba el silencio en aquella casita en medio de la nada, lo único que podía escuchar eran mis pensamientos, desordenados y exaltados. Una parte de mi quería ceder, darle la razón a Amón-Ra y permanecer aquí el tiempo necesario para aprender todo lo que precisáramos y para que yo pudiera recuperarme totalmente. Otra parte de mí, la más exacerbada, quería dejar este lugar y continuar con nuestra misteriosa búsqueda. La frase “El tiempo es oro” se había interiorizado tanto en mí que estaba dispuesta a hacer de todo para cumplir mi deber.

Desde el día en que me asignaron la misión supe que no iba a ser fácil, conocía la profecía, pero desconocía que yo era parte de ella. Aceptarla fue aún más difícil ya que, al principio, estaba convencida de que yo no era capaz de realizar semejante búsqueda y detener a Erebo, cargando la responsabilidad de salvar al mundo mágico sobre mis hombros.

Marcus, seguramente, sentía la misma (o quizás más) responsabilidad que yo debido a que él es “El Elegido”, el encargado de detener a Erebo. A veces, hasta siento lastima por mi brujago ya que él tuvo que enterarse de su destino por las malas y descubrió el mundo mágico por obligación.

Mi misión era difícil. Demasiado difícil.

Además de toda nuestra búsqueda y de nuestro largo viaje, me di cuenta de que debía enseñarle a Marcus a pelear ya que, al no tener magia, tenía que aprender a defenderse y si nos quedamos unos días acá, podría aprender algo.

Me sentía demasiado perdida, sabía que debíamos apurarnos, pero también sabía que debíamos prepararnos para lo que se avecinaba.

Mañana, en el desayuno, voy a escuchar lo que tiene para decir Amón-Ra y en base a eso, voy a hablar con Marcus para decidir si nos quedamos o no.

Como si los problemas se hubieran puesto de acuerdo para revolotear en mi cabeza al mismo tiempo, comencé a pensar en algo que había estado ocultando durante nuestro viaje. Estuve evitando pensar sobre esto los últimos días porque me conozco y sé que, si me adentraba en estos temas, las cosas no iban a salir bien… hace unas semanas conocí a mi Brujago y nos hicimos muy amigos, lo cual resultaba muy beneficioso debido al tiempo que teníamos que pasar juntos, pero me asustaba la clase de sentimientos que estaba empezando a tener por él y por lo que sé, no eran los mismos sentimientos que se tienen hacia un amigo. Desde el momento en el que salimos a su terraza a ver las estrellas supe que algo en él me llamaba la atención, me atraía, quizás su pelo negro azabache alborotado, o sus ojos cafés. Luego, cuando me quedé en uno de sus entrenamientos, me descubrí mirando sus brazos, su manera de correr, sus piernas y su forma de encestar.

Luego de aquello, intenté con todas mis fuerzas dejar de lado todo lo relacionado a Marcus; a su físico y a su personalidad, lo cual fue imposible debido a que nos vimos obligados a emprender este extenso viaje juntos.

Pero esto no podía suceder, él era mi Brujago, él era mi misión.

Brujagos y Brujos no se mezclan. Los sentimientos no eran permitidos en las misiones, y yo debía seguir el protocolo.

Marcus no me gusta. No siento nada por Marcus o, mejor dicho, no me lo puedo permitir.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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