La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 20

Emma

 

El resto de la tarde transcurrió con tranquilidad, Marcus me contó muy ansioso lo que había podido hacer hoy con respecto a su “retrovidencia” y me relató todos los detalles de su recuerdo.

Amón-Ra se dedicó a meditar, a tomar mate y a preguntarnos sobre nuestro viaje y por qué habíamos decidido usar un portal para llegar hasta Argentina y no habíamos utilizado un medio de transporte un poco más convencional.

Marcus comenzó a contarle todo lo que había sucedido en la casa de Horus y cómo habíamos encontrado a Maat, mientras yo me dirigía al cuarto de baño a asearme para estar lista antes de la cena.

Abrí la llave de la ducha y me quedé sentada sobre la tapa del inodoro a esperar que el agua se calentara. Comencé a pensar en la prueba que me había hecho hoy por la mañana Amón-ra, según él había fracasado porque “carezco de paciencia”, yo creía que el problema era que no comprendía la importancia del tiempo en esta misión. Erebo estaba planeando su ataque y eso podía ocurrir en cualquier momento. Nosotros debíamos estar preparados para ese entonces, con el ansiado objeto en nuestras manos, con alguien que nos respaldara en nuestra lucha y todo eso llevaba tiempo.

Quizás venir con Amón-Ra no fue la mejor idea…

Por otro lado, Marcus había logrado comenzar a desarrollar su don y si lo lograba, podíamos encontrar lo que estamos buscando. Debería hablar con él para que intente apurarse, o para que practique más horas… ¡sí! Eso voy a hacer. Esta noche voy a decirle que tiene que comenzar a practicar el mayor tiempo posible, así avanzamos con nuestra misión.

Volví a la realidad y el baño estaba repleto de vapor, procedí a desvestirme y me metí lentamente en la bañera. Disfruté la sensación del agua caliente combatiendo contra mi cuerpo frio por las bajas temperaturas que había en la Patagonia. El frio era espeluznante, incluso me sorprendía que todavía no hubiera caído nieve. Amón-Ra me había dicho que no solía nevar en La pampa, o por lo menos, no es esta zona.

Pensé nuevamente en Amón-Ra; él nos había acogido y yo lo había tratado muy mal porque fallé en mi primer entrenamiento, claramente le debía una disculpa.

Salí de la ducha después de un largo rato, me sequé el cuerpo con la toalla y luego la utilicé para envolver mi pelo, me cambié muy rápido para no sufrir frio, me paré en frente del espejo y, con un leve movimiento de mi mano derecha, solté una ráfaga de viento que me movió todos los mechones mojados hacia atrás y cuando mi cabello volvió a caer sobre mis hombros, ya se encontraba completamente seco. “Lo bueno de magia” diría mi madre.

Dejé la toalla colgada a un costado y salí del baño al igual que el vapor detrás de mí.

No sé cuánto tiempo habré estado ahí dentro, pero cuando miré hacia el comedor, la mesa ya estaba puesta y Marcus traía una olla gigante, seguido de Amón-Ra quien traía una bandeja pequeña.

-Hoy hay milanesas con puré- me explicó Marcus, pronunciando con dificultad el nombre de la comida. Solté una risita ante su extraño español y me senté junto con ellos.

-Esta es otra de las comidas típicas de Argentina- terminó de explicar mi amigo, y Amón-Ra sonreía desde su lugar en la mesa, orgulloso de mostrarnos algo de su cultura.

La cena transcurrió rápido, Marcus y Amón-Ra continuaron con una charla que, al parecer, había empezado mientras yo estaba en el baño así que, comí en silencio y escuché todo lo que tenían para decir. Nuestro sabio amigo nos dijo que mañana, a la misma hora, volveríamos a entrenar así que teníamos que descansar y dormir mucho tiempo.

Antes de que nos levantáramos de la mesa, me dispuse a pedirle disculpas a Amón-Ra y a comentarle mi pequeña inquietud con respecto al tiempo.

-Perdón, Amón-Ra. Usted ha sido muy amable con nosotros y yo lo traté indebidamente. El problema está en que Erebo puede llegar en cualquier momento, y nosotros tenemos que estar ahí para defender al mundo. No podemos perder más tiempo-

-Todo es cuestión de perspectiva. Sabemos que se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío. En nuestro caso, podemos estar perdiendo el tiempo o podemos estar aprovechándolo. Usted decide que tan lleno ve el vaso o que tan perdido está el tiempo– dicho esto, el maestro de la magia se retiró hacia la habitación luego de agachar levemente la cabeza en modo de saludo.

Me giré hacia Marcus quien levantó sus hombros de manera inocente y aclaró –A mí no me mires, no soy yo el que tiene que entender que estamos aquí para mejorar nuestras habilidades, y no para atrasar la búsqueda- Apagó la última luz que quedaba encendida en la cocina y luego comenzó a subir la escalera.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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