La profecía: El secreto de Horus

Font size: - +

Capítulo 21

Marcus

Amanecí con dolor en cada articulación de mi cuerpo, me sentía cansado y emocionalmente agobiado. Había buscado un par de mantas y me había tirado a dormir en el pequeño sillón, pero lo máximo que pude hacer es cerrar los ojos por una hora.

Intenté no recordar lo que había pasado anoche, simplemente me levanté, me dirigí hacia el cuarto del baño y con el agua bien caliente, me relajé un poco. Estuve dentro del baño una media hora, luego salí para desayunar algo antes del entrenamiento e inevitablemente dirigí mi vista hacia la escalera. No había visto a Emma en toda la mañana y prefería que eso siguiera así.

Me senté en la mesa para comer dos tostadas con dulce de leche y tomar un poco de Mate cocido, mientras esperaba que Amón-Ra terminara de organizar el entrenamiento de hoy. Luego de quince minutos, Amón subió en completo silencio hasta la habitación de Emma y unos segundos después apareció a mi lado.

-Está con fuertes dolores de cabeza, me temo que hoy no va a poder entrenar… voy a tener que cambiar la rutina- me explicó como si yo no supiera lo que en realidad le pasaba a Emma.

Por mi estaba mejor así, ella se iba a quedar todo el día en esa habitación helada, y yo iba a estar afuera entrenando, despejando mi mente.

Salimos a la fresca y soleada llanura patagónica para comenzar a practicar algunos golpes nuevos. Utilizamos una bolsa de boxeo que Amón-Ra hizo aparecer con un chasquido de dedos, y le pegué con todas mis fuerzas. Con rabia, con ira. Le pegué desahogándome del peor sentimiento que puede sufrir una persona; Querer a alguien, pero no poder quererlo. Lo sé, suena raro. Pero es así como funciona mi relación con Emma, yo la quiero, pero no puedo hacerlo porque está prohibido. Me sentí impotente y aún más enojado que antes al pensar en las estúpidas leyes mágicas, y en las inservibles misiones, y en los malditos Brujagos.

Además, mi ira aumentaba al pensar que todo lo que creía haber logrado por mérito propio, no fue más que un simple hechizo que lanzó Emma para que yo hiciera lo que ella quería. Estaba tan enojado, dolido e irritado, que mis puños frenaron de repente, como si una fuerza mística los detuviera en el aire.

Volví a la realidad, y miré mis manos envueltas en una pequeña nube de magia blanca, y a mi izquierda, a Amón-Ra serio, utilizando magia para detener los golpes rotundos que estaba recibiendo la bolsa.

En menos de cinco minutos logré tranquilizarme, mi respiración volvió a ser normal, y sentí que me pesaban las piernas y los brazos. Amón-Ra bajó su mano, y el humo que estaba envolviendo mi puño desapareció, por lo que me dejé caer al piso y me recosté sobre el pasto verde y amarillo del lugar.

Amón se acercó y me miró desde arriba, examinando cada movimiento o mueca que yo pudiera hacer. Me ofreció un pañuelo húmedo y soltó con su voz monótona y pacifica:

-Para tus nudillos- Me senté sin dificultades, acepté el pequeño pañuelo y miré detenidamente mis manos ensangrentadas, que comenzarían a hincharse sino aplicaba hielo de inmediato.

- ¿Mal día? - Me preguntó Amón

-Algo así…- Respondí desganado –Hoy es un día muy particular-

- ¿Puedo saber qué pasó? – inquirió, mientras aparecía una pequeña bolsita de hielo y me la tendía.

- Estoy pensando en muchas cosas… además, dormí en el sillón- hice una mueca de dolor cuando la bolsita hizo contacto con mis manos, por lo que Amón utilizó un poco de magia para aliviar el dolor.

Después de haberme relajado un poco y haberme limpiado los nudillos completamente, mi maestro me llevó hacia una pequeña parcela de tierra que estaba llena de flores amarillas que cubrían cada centímetro del lugar. Tomó asiento en posición de loto y me invitó a que hiciera lo mismo. Luego, cerró los ojos y comenzó a respirar lentamente;

-El arte de la meditación- soltó suavemente - no solo sirve para hacer la mente más creativa, estimular las zonas del cerebro asignadas a la felicidad o potenciar el estado de concentración y memoria. También sirve para acallar la mente, liberar el estrés, la ansiedad, acabar con las preocupaciones diarias y permanecer en un estado de bienestar. Esto, Marcus, es lo que te hace falta ahora. -

Seguí todas sus instrucciones, tal y como Amón las iba diciendo; sentarse de manera correcta (con la espalda recta y manteniendo los hombros y brazos relajados), cerrar los ojos, centrarse en la respiración y finalmente, despejar la mente pensando en algún objeto.



E.R. Danón

#1095 at Fantasy
#259 at Magic
#1103 at Otros
#124 at Adventure

Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

Add to Library


Complain