La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 24

Marcus

 

Estuvimos toda la tarde intentando encontrar a algún brujo que accediera a abrirnos el portal hacia el mundo mágico, pero la mayoría se negaba a cooperar. Luego de muchos intentos decidimos seguir a un hombrecito malhumorado por toda la ciudad esperando a que, en algún momento, abriera un portal. Nada parecía funcionar, y yo estaba cada vez más desesperado y preocupado. Necesitaba encontrar a Emma.

 

Volvimos al callejón en donde habíamos intentado entrar unas horas atrás y decidimos quedarnos allí, escondidos, esperando a que alguien entrara o saliera. Esperamos durante más de una hora y mi paciencia se estaba acabando. Me levanté de un salto para retirarme de nuestro apretujado escondite, pero Maat tomó mi brazo y me tiró nuevamente hacia abajo. Con un gesto entusiasmado y silencioso señaló al pequeño hombrecito que habíamos estado siguiendo. El hombre se acercó hasta el muro, miró hacia sus costados y hacia atrás, revisando que nadie lo viera e hizo un circulo con su mano derecha. A penas se introdujo al portal, salimos corriendo de nuestro escondite lo más rápido que nuestras piernas podían, rogando que el portal no se cerrara velozmente.

Sin darme cuenta, todo se tornó negro por un segundo e inmediatamente, volvió la luz. Habíamos atravesado el portal ¡Me encontraba en el mundo mágico!

Me giré emocionado para decirle a Maat que lo habíamos logrado, pero ella ya se había camuflado entre la multitud y había desaparecido.

Entré en la primera tienda que encontré para pedir direcciones y comencé a buscar a los padres de Emma.

Corrí por calles realmente hermosas, si bien me encontraba en Nueva York, las veredas del mundo mágico no eran ni un poco parecidas a las abarrotadas y a veces sucias calles de Nueva York. Las tiendas y los edificios estaban decorados con gigantescos ventanales, mezclando la arquitectura moderna y la renacentista. Los comercios estaban decorados con flores y enredaderas con hojas de color verde vivo. Algunos poseían bancos de hierro blancos que combinaban con las flores y las farolas antiguas.

La mayoría de las cafeterías tenían espacios al aire libre, rodeados de pequeños arbustos y florecillas amarillas. El lugar era encantador, parecía sacado de un cuento de hadas.

Luego de caminar media hora, encontré la biblioteca en donde había buscado información con Emma cuando recién estábamos comenzando nuestra búsqueda. Recordé que habíamos caminado desde su casa hasta allí e intenté hacer memoria del camino. Me resultaba muy difícil orientarme hasta que tuve una buena idea. ¡Retrovidencia!

Me senté a un costado de la calle para no estorbar el paso y cerré mis ojos dispuesto a recordar el día en el que llegué al mundo mágico por primera vez. No me tomó más de quince minutos descubrir el camino que habíamos tomado, así que comencé a correr nuevamente.

Encontré la casa de Emma sin dificultades, porque era la única con dos plantas y una gran reja de metal negra. Toqué el pequeño botón plateado que se encontraba en el marco izquierdo de la puerta y esperé a ser atendido.

Luego de unos minutos, la madre de Emma apareció, y su expresión mostraba su confusión ya que ella me reconoció, pero no vio a Emma conmigo. No tardó mucho tiempo en cambiar su expresión a una de asombro y miedo, así que inmediatamente me invitó a pasar. Llamó a su marido diciéndole que se apresurara y mientras tanto me sirvió un vaso de agua y me ofreció asiento en la mesa del comedor.

Comencé respondiéndole a Egeria cómo había logrado entrar al mundo mágico y explicándole cómo había dado con la dirección de su hogar. El padre de Emma bajó apresurado y se sentó al lado de su esposa tomándole la mano e interrumpiendo mi relato. Ambos eran personas jóvenes y Emma era parecida a los dos; No tenía el pelo negro y ruludo como su padre, sino que, su cabello, era lacio y castaño claro como su madre. Lo único que tenía en común con su padre era que ambos poseían los mismos ojos de un color verde avellana.

- ¿Qué es lo que pasa? – preguntó Valí un poco angustiado.

- Es Astarté. Erebo la tiene- solté sin rodeos. Los padres de Emma se sorprendieron y su madre se inclinó hacia la izquierda, buscando el abrazo de su esposo. –El día que se nombra en la profecía se acerca y debemos estar preparados- terminé

-Entonces voy a encargarme de buscar refuerzos- me aseguró el padre de Emma.

-Yo voy a buscar a Astarté contigo. Vas a necesitar un poco de ayuda mágica- afirmó Egeria - ¿Sabés en dónde está? - preguntó mientras se ponía de pie.



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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