La profecía: El secreto de Horus

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Capítulo 26

Marcus

Comencé a deambular sigilosamente por los pasillos de la fábrica, tratando de dar con la madre de Emma para poder sacarla de una vez por todas de aquella prisión. Decidí dirigirme hacia la ventana por la que yo había entrado al edificio para poder ubicarme mejor dentro de la fábrica. Llegar hasta allí me tomo un buen tiempo, el lugar estaba lleno de pasillos, puertas y enormes salones llenos de máquinas y viejos zapatos envueltos en tela de araña y moho. No lograba encontrar el lugar y el tiempo cada vez era más escaso, además había empezado a anochecer y cada vez se podía ver menos.

Esta lúgubre y enorme fabrica estaba acabando conmigo y con mi paciencia. Estaba deambulando casi sin esmero cuando las palabras de Erebo vinieron a mi mente “Vamos a hacer que la bruja hablé por las buenas o por las malas”. Eso quería decir que, debía apresurarme si no quería que Emma sufriera por mi culpa. Reanudé mi búsqueda y comencé a pensar en alguna forma de encontrar a la madre de Emma. Luego de unos minutos me di cuenta de que quizás, podía intentar rastrearla utilizando mi retrovidencia; quizás si lograba ver por donde había estado, podía encontrarla.

Miré hacia ambos lados antes de adentrarme en un baño abandonado y maloliente, luego me senté en una de las esquinas y comencé a concentrarme. Si ya había logrado ver el pasado de mi bisabuelo ¿Por qué no iba a poder ver el pasado de otra persona?

Cerré los ojos y todo se volvió negro unos instantes hasta que empecé a ver figuras borrosas formándose ante mí.

Egeria había entrado a la fábrica saltando un alambrado y se había escabullido entre una serie de cajas apiladas. Comenzó a caminar lentamente y al darse cuenta del ruido que sus pisadas hacían, lanzó un hechizo y el sonido cesó. Caminó un largo trayecto, recorrió pasillos angostos y largos hasta llegar a una pequeña oficina con un escritorio viejo y desordenado, unas sillas rotas y unos sacos colgados en un perchero oxidado.

Examinó el lugar minuciosamente y comenzó a hurgar los cajones, luego se frenó y alzó la cabeza como un animal en la selva, tratando de estar alerta ante los movimientos de su depredador. Cuando la puerta de la oficina se abrió, la madre de Emma se envolvió en un hechizo de invisibilidad y escuchó atentamente a las dos mujeres hablando.

-Erebo no quiere decirme donde tiene a la niña, lo cual me parece una pésima decisión… yo podría hacerla hablar en un abrir y cerrar de ojos-

-Nadie mejor para extorsionar que tú, Atea- ambas rieron perversamente y recogieron unos papeles del escritorio. Atea levantó la vista y con sus ojos prendidos fuego soltó

-Liphotimiax - luego, miró la habitación en su totalidad y salió orgullosa de ahí.

 

Abrí mis ojos lentamente y apenas me estabilicé, salí corriendo a buscar aquella oficina. No tardé mucho tiempo en dar con los pasillos correctos y encontrar la puerta que daba al despacho. Entré y encontré a Egeria desmayada en medio de la sala. Recordé que en la clase de primeros auxilios nos habían enseñado a hacer reaccionar a las personas utilizando líquidos con olores fuertes, como perfumes o alcohol, así que comencé a inspeccionar el lugar en búsqueda de algo similar. Tardé unos segundos en encontrar un lustrador de zapatos vencido y al destaparlo, un olor acido invadió mis fosas nasales. Sentí nauseas al principio, pero luego de acostumbrarme al horripilante olor, lo acerqué con cuidado hasta la nariz de Egeria. Sus ojos comenzaron a moverse lentamente, sentí que sus manos reaccionaban y finalmente, su cara de disgusto me demostró que estaba funcionando. Al cabo de un minuto, Egeria se levantó brutalmente y tiró el apestoso liquido hacia un lado.

- ¿Qué demonios era eso? - soltó con dificultad, luego se sostuvo de mi brazo y se puso de pie lentamente. Después de unos segundos, recobró su postura y comenzó a atosigarme con preguntas. Cuando se calmó, le conté todo lo que le había sucedido y terminé mi discurso dándole a saber sobre el paradero de su amada hija.

Salimos de la oficina a toda velocidad y nos dirigimos hacia el galpón en donde Emma se encontraba.  Cuando llegamos, la llevé hacia donde la jaula se encontraba y le expliqué que había un hechizo que la volvía invisible. La madre de Emma trató de deshacerse del hechizo, pero le resultó imposible.

-Lo más probable es que hayan utilizado el hechizo “tyfló antikeímeno” solo el mago que hace ese hechizo puede deshacerlo- explicó Egeria e instantáneamente otra perlita rebotó en la pared. No pude evitar sonreír y le respondí:

- Al parecer, ese es exactamente el hechizo que utilizaron -



E.R. Danón

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Text includes: amor, brujos, elegido

Edited: 11.01.2019

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