La Profecía

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Capítulo 9

Todos observaron con sus caras enrojecidas por el alcohol a aquella persona que había entrado de forma abrupta a la taberna. Laia lo observaba con curiosidad, ignorando a los chicos dormidos. 

—Padre, debíamos tratar bien a los visitantes – Dijo el muchacho rubio cerrando tras de sí la puerta. 

—Y los estamos tratando genial, ¿verdad? –Dijo William volviéndose al resto de personas con la jarra en alto– ¡Que sigan las rondas de de hidromiel para todos! 

Todos gritaron conformes a las palabras de su líder y continuaron bebiendo, comiendo, cantando y bailando. 

Aquel alto muchacho se acercó a la mesa donde estaba Laia, con Levi dormido en uno de sus hombros y Axel estaba dormido sobre la mesa, mientras observaba a los dos ebrios chicos con neutralidad. Se acercó a Axel y le dio unas suaves palmaditas en la mejilla que no estaba pegada a la mesa y este masculló varias malas palabras que no lograron entenderse al completo. 

—¡Wow! Por el sur tenéis también carácter –Dijo divertido Alexandro. 

—Sí. Él es una auténtica joya –Respondió con ironía Laia. 

—¿Cómo es que tú no estás igual que ellos? Las personas que no son de estas tierras con una simple jarra ya les empiezan a subir los calores. 

—Los bellos durmientes no me han permitido probar la hidromiel. 

—¿Los bellos durmientes? –Preguntó con confusión aquel muchacho. 

—Supongo que no tenemos las mismas historias… No le des importancia. 

—Tengo curiosidad. Cuéntamelo –Dijo de forma brusca. Pero al ver el encogimiento de la chica intentó suavizar sus palabras con un–: por favor. Por cierto, yo soy Alexandro, soy el hijo de… –Se giró buscando a su padre, quien estaba cantando con tres personas más a pleno pulmón y se volvió a Laia de nuevo– Supongo que ya lo sabes. 

–S-sí. Yo soy Laia, este es Levi –Dijo alzando un momento su hombro provocando una mueca al chico durmiente sobre su hombro quien emite un quejido– y ese es Axel.

Alexandro observó a ambos chicos y vuelve a dar unas suaves palmaditas en la cara a Axel, quien vuelve a mascullar malas palabras provocando una suave risa a los únicos sobrios que había en esa mesa. 

—Entonces… ¿me explicas eso de “bellos durmientes”? 

—Bueno, la referencia proviene de un cuento llamado La Bella Durmiente, el cual trata sobre una princesa a la cual la echan una maldición y que la hará dormir por 100 años, aunque esa maldición puede ser cancelada si recibe un beso de amor verdadero. 

—¿Amor verdadero? ¿Qué quiere decir eso? 

—Un amor profundo, el cual te lleve a hacer cualquier cosa por la otra persona solo para que esté a salvo y feliz, sin ninguna condición. 

—¿Como el amor que hay dentro de una familia? 

—Sí, bueno, en muchas familias. 

—Entiendo… Pero no entiendo esa referencia, ¿qué tiene que ver el amor verdadero para que ellos duerman? 

—No sabría cómo explicártelo… 

El chico observó a Laia atentamente, incomodando a la chica. 

—Oye… ¿ese color es real? 

—¿El qué? 

—Tu pelo, es precioso, parecen llamas vivas. 

—Me lo dicen mucho desde pequeña… 

El chico se levantó bruscamente de su asiento y se acercó a Laia, tomando entre sus dedos uno de los mechones de pelo de esta y observando con detenimiento el color rojizo y anaranjado del cabello de la chica. 

En ese momento, Levi parece recuperar la consciencia y levantó su cabeza del hombro de Laia, observando la escena asombrado. Un extraño estaba demasiado cerca de Laia y encima tenía entre sus dedos el cabello de la muchacha.

Sin conocer el origen de esa situación se levantó bruscamente de su asiento al lado de la chica y agarró al chico del pecho de su camiseta y le apartó de Laia bruscamente. 

—¡¿Qué demonios haces?! –Le gritó Levi al chico de forma amenazante. 

Pese a que Alexandro casi sacaba diez centímetros a Levi, este último se veía bastante grande y amenazante. Laia quedó confundida con la rapidez de la situación. 

Alexandro de un movimiento se soltó del agarre que había hecho Levi sobre su camiseta y se enfrentaron con la mirada. Parecía un duelo de miradas entre dos titanes. 

—No la estaba haciendo nada. 

—¿De verdad? Te he visto demasiado cerca de ella. Estaremos haciendo un pacto pero eso no os da derecho a hacer cualquier cosa a Laia o a cualquier otra mujer. 

—Levi. No me estaba haciendo nada, solo observaba mi pelo. 

El muchacho pelinegro se giró hacia la pelirroja sorprendido. Luego volvió su mirada al chico más alto y su enfado pareció disminuir, pero no pronunció ninguna disculpa. 

A los tres les sobresaltó una risa, bastante sonora, muy cerca de ellos. William se había acercado a ellos si que se diesen cuenta y no sabían si se estaba riendo por el efecto del alcohol en su interior o porque había visto algo que le hacía mucha gracia. 

—¡Veo que os lleváis muy bien! –Gritó arrastrando mucho sus palabras– ¿Queréis otra ronda de hidromiel? 

Levi intentó mantener la compostura cuando negó con la cabeza, pero se veía en su mirada que había bebido suficiente hidromiel… para toda su vida. Alexandro alzó una ceja mientras observaba a su padre y Laia no respondió nada. 

—Padre… creo que es hora de llevarles a descansar. Lleváis horas aquí y ya está atardeciendo –Dijo Alexandro viendo que su padre tenía intención de pedir otra jarra de hidromiel. 

William de pronto puso su cara sería y asintió, pero rápidamente se lanzó sobre su hijo para abrazarle y decirle que le quería mucho, cosa que a Alexandro le hizo enrojecer por la vergüenza, pero no apartó a su padre en ningún momento, simplemente lo sujetó, porque William casi no se podía mantener en pie, e hizo un gesto a Laia y Levi para que le siguieran. El muchacho pelinegro se colocó en las espaldas a Axel y siguió al chico rubio. 



Esti

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En el texto hay: misterio, leyendas, aventuras

Editado: 18.11.2019

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