La Profecía De La Llegada - Libro 1 de la Saga Del Círculo

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SEGUNDA PARTE: El Marcado - CAPÍTULO 14

—¿Todo está bien?— preguntó Gwyddion al verme entrar a la casa detrás de Algericock.

Ensayé una sonrisa y asentí con la cabeza. No me animaba a hablar y que se me quebrara la voz en medio de una frase.

            —Ven, quiero mostrarte algo mientras Al prepara el té— me dijo Gwyddion, poniéndose de pie e invitándome con la mano para que lo siguiera a la otra habitación. Miré de soslayo a Algericock, pero él no me miró. Parecía concentrado en sus frascos.

            Seguí a Gwyddion a la habitación contigua, dejando la puerta abierta tras de mí como para que Algericock se quedara tranquilo al tenerme a la vista. Sobre una de las camas, había extendido una túnica blanca sin mangas con abertura en los costados. Unos símbolos bordados en plateado rodeaban el cuello y los hombros. A su lado, pude ver un cinto de cuero negro con los mismos símbolos incrustados en plata.

            —Este atuendo es para ti.

            —¿Para mí? ¿Por qué?

            —Porque no puedes andar por ahí vestido con ropa que no pertenece a este lugar.

            —Pero...

            —Pruébatelo.

            Tomé la túnica y me la coloqué, ajustando aquel magnífico cinto a la cintura.

            —Me queda perfecta. Parece haber sido hecha para mí— dije, sonriendo.

            —Lo fue.

            Fruncí el ceño, incrédulo:

            —¿Cómo?

            Gwyddion no contestó.

            —Estas son las botas que van con el atuendo— dijo, alcanzándome unas botas largas de cuero negro que estaban al pie de la cama. Me las coloqué. Luego, Gwyddion buscó tras de sí en la otra cama y levantó ante mí una capa plateada que brillaba con magnificencia. Me hizo seña para que me diera vuelta y me la colocó sobre los hombros.

            Gwyddion me miró de arriba a abajo con satisfacción:

            —Ahora sí pareces mi hijo.

            —Parezco un príncipe— dije. Gwyddion asintió con la cabeza.

            —¿Qué significan estos símbolos?— dije, señalando el cinturón.

            —Es tu nombre.

            —¿Aquí dice Miguel Cosantor?— pregunté, incrédulo.

            —No, tu nombre verdadero, tu nombre original: Lug.

            —Lug— repetí. Tenía sentido. Strabons había dicho que el nombre Miguel, refiriéndose a San Miguel Arcángel, era una cristianización de Lug.

            —En el mundo de donde vienes, los nombres no importan mucho, pero en el Círculo, el nombre es esencial y revela a la persona.

            Lug. Strabons lo había llamado de varias formas: el Señor de la Luz, el Sujetador de Demonios, el Matador de Serpientes, el de las Muchas Habilidades, el Pesador de Almas y Buscador y Luchador incansable contra las fuerzas del mal.

            —No merezco ese nombre— dije con tristeza.

            —No digas eso. Nunca digas eso. No puedes renegar de tu nombre. Es como renegar de quién eres— dijo Gwyddion con voz firme.

            —Pero yo no soy...



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, fantasiaepica

Editado: 24.03.2018

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