La Profecía De La Llegada - Libro 1 de la Saga Del Círculo

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TERCERA PARTE: El Elegido - CAPÍTULO 103

            No me había dado cuenta de lo mucho que extrañaba un baño caliente, hasta que entré en la bañera de mi habitación. Estuve allí, remojándome por un buen rato, pensando en alguna forma de convencer a Orfelec de que nos ayudara. Si Faberland no nos podía proporcionar tropas, al menos tenía que haber alguna pieza de tecnología en aquella ciudad que nos sirviera para enfrentar a Ailill.

            Salí del baño y me vestí. Los restos de la cena estaban todavía en la mesita junto a la cama. La ropa faberlandiana era un tanto rígida. Justo cuando ya comenzaba a añorar mi vieja ropa, vi que la puerta de la habitación se hizo translúcida, y pude ver a una persona parada del otro lado. Llevaba algo en las manos. Al observar más de cerca me di cuenta que era mi ropa limpia. Recuperar mi ropa tan rápido me puso de buen humor. Le hice una seña al hombre para que entrara, pero pareció no verme. Me acerqué un poco más y vi que tenía la mirada perdida, como mirando al vacío. Pasé mi mano delante de sus ojos, pero no reaccionó. Era como si no pudiera verme. Toqué la placa en la pared, y la puerta se abrió. El hombre sonrió al verme.

            —Le hice una seña para que entrara, ¿no me vio?— le pregunté, intrigado.

            —Los visores de las puertas solo permiten ver de adentro hacia afuera, nunca de afuera hacia adentro— explicó el hombre—. Eso sería impropio. La puerta de su habitación es inviolable.

            —Sí, tiene sentido.

            —Traigo su ropa— dijo, entrando a la habitación.

            —Gracias— dije.

            El hombre apoyó la ropa sobre la cama. Antes de que pudiera reaccionar, otros dos hombres entraron también a la habitación y cerraron la puerta.

            —¿Qué sucede aquí?— pregunté con cautela.

            —No se asuste— me dijo el que había entrado con la ropa—. Somos gente de Eltsen. Mi nombre es Keller. Este es Riro y este es Vlank— agregó, presentando a los otros dos.

            —¿Gente de Eltsen?

            —No hay muchos que apoyen la causa de Eltsen en Faberland. Los pocos que estamos de su lado debemos movernos con sigilo. Su causa es muy peligrosa.

            —¿Ustedes pueden ayudarnos? ¿Pueden proporcionarnos soldados, armas?

            Los tres se miraron inquietos.

            —Lo lamento— dijo Riro—, si bien apoyamos a Eltsen, no tenemos el poder para darles lo que piden.

            —Estamos aquí para advertirle— dijo Vlank.

            —¿Advertirme qué?

            —Orfelec es un traidor. Sabemos que planea mandar a matarlo.

            —¿Qué?

            —Mañana al mediodía.

            —No se atrevería, soy demasiado importante para que...

            —Importante para los extranjeros, puede ser, pero aquí usted no es nadie, solo un salvaje que viene del exterior. O peor: usted es el que ha contaminado la mente de Eltsen con ideas en contra de la Cúpula.

            —Debo avisar a mis amigos. Debemos salir de aquí— dije con urgencia, encaminándome a la puerta.

Keller me detuvo con una mano en el pecho:

—Todo el piso está vigilado. Si sale ahora será peor. Debe esperar hasta mañana— dijo Riro.

—¿Esperar sentado a que vengan a matarme? ¿A que maten a mis amigos?



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, fantasiaepica

Editado: 24.03.2018

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