La Profecía De La Llegada - Libro 1 de la Saga Del Círculo

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TERCERA PARTE: El Elegido - CAPÍTULO 105

La habitación de Dana era la más cercana, así que fui hacia allí.

            —Debes hacerlo— escuché la voz de Calpar.

            Mi mano se detuvo antes de tocar la placa llamadora. ¿Qué hacía Calpar en la habitación de Dana? Acerqué el oído a la puerta para escuchar mejor.

            —No, no puedo— le respondió ella con vehemencia.

            —¿Qué quieres decir con que no puedes? Lo tienes comiendo de tu mano. Hará cualquier cosa que le pidas.

            —No puedo seguir con esto, no después de Yarcon. No puedo soportar que me toque. No puedo siquiera soportar que me mire.

            —Dana, no hagas esto. ¿Sabes lo que pasará si lo rechazas? Toda la misión estaría en peligro. Mira lo que ha pasado solo porque apenas le hablas: está distraído, desorientado. ¡Nos arrastró hasta Faberland por el drenaje! ¡Y para nada! Hemos perdido un tiempo precioso. Deberíamos estar en el paso Challeng ahora mismo. Debes hacerlo entrar en razón.

            —¿Y qué quieres que haga? ¿Que me acueste con él?

            —Lo hiciste antes...

            —Ya te dije que no voy a seguir con esto. Obedecí a mi padre y cumplí mi misión: lo llevé al Concilio como todos querían. Me aproveché de su vulnerabilidad e hice que se enamorara de mí. Lo manipulé para que hiciera todo lo que ustedes querían, pero no más.

            —Dana, tú eres la única que puede manejarlo... por favor.

            —Me cansé de fingir. No puedes pedirme que pretenda sentir algo que no siento. No puedes pedirme que no sea yo misma.

            —Si nos lleva hasta Ailill... no tienes idea de lo que nos pasará... no tienes idea de lo que...

            —No me lo expliques a mí— lo cortó ella—. Explícaselo a él.

            —Su misión es matar a Bress. La profecía no dice nada de Ailill. Si intenta enfrentarse a Ailill, lo hará picadillo en cuanto lo vea, literalmente. Si Ailill lo mata, ninguno de nosotros tendremos oportunidad contra Bress. Te recuerdo que tu misión también es protegerlo, aún de sí mismo.

            —Desde que lo conocí, no he hecho otra cosa que protegerlo de sí mismo. Créeme, ha sido un trabajo de tiempo completo.

            —Un trabajo que debes seguir haciendo.

            —Calpar, a pesar de ser ingenuo y de tener poca experiencia de vida, muchos de sus instintos son correctos. ¿Cómo sabes que no tiene razón con lo de Ailill?

            —Porque yo conozco a Ailill y él no. Dana, tienes que seguir con el plan.

            —¿Por qué no puedes creer en él? Ha demostrado ampliamente que es el Señor de la Luz.

            —No dudo que lo sea. Solo creo que no está listo.

            —El que lo siga engañando no lo ayudará a estar listo. Además, no puedo hacerlo. No puedo destrozarlo así. Ya ha sufrido demasiado. Yo no seré la causa de más angustia en su vida.

            —Ya es un poco tarde para eso.

            —Si quieres que abandone la idea de ir tras Ailill, deberás convencerlo tú mismo.

            Calpar resopló enojado. Escuché sus pasos furiosos hacia la puerta. Despegué el oído de la puerta y corrí por el pasillo, doblando rápidamente por una esquina antes de que Calpar tuviera tiempo de abrir la puerta y descubrirme.



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, fantasiaepica

Editado: 24.03.2018

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