La Reina del Este

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Capítulo 3

En el transcurso del día nos chocamos en varias clases, me enteré que su nombre es Jerónimo Bell, al parecer a él si le gusta ser el centro de atención o por lo menos es de esos que se creen muy importantes. En cuestión de horas ya era acosado por las mujeres y buscado por los hombres, en tiempo récord creó un grupo liderado por él, es irónico, tiene amigos por montones y yo que tengo tres meses en el último curso no he logrado hacer ni uno. Me reuní en el almuerzo con Sharon.

—¡Yelena! —gritó desde nuestra mesa, cuando llegué me preguntó—. ¿Ya viste el nuevo espécimen e integrante de la escuela?, es muy atractivo. ¡No! Es un machote —realizó movimientos de hombre grandote.

—No me parece, creo que le gusta llamar la atención, además esa cantidad de aretes por su cara no me gustan —fue mi única apreciación.

—Estoy hablando de que es muy atractivo —mordió un trozo de manzana verde y me miró con cara de “es nuevo puedes hacer amistad”.

—Es mi vecino y está en mi clase —además ya intenté ser amable y no resultó. Quise decirle, pero preferí quedarme callada.

—¡Qué bien! —me dio un codazo—. Está como quiere, ya todas las mujeres se lo están peleando.

—Si tú lo dices —Sharon es mayor unos meses y somos amigas desde que llegué al barrio después de la muerte de mis padres. Cuando la conocí, prometió que siempre estaría a mi lado, además tiene una sutileza para manipular a sus padres y convencerlos a su antojo. La vez que sus padres no le siguieron el juego en un periodo estudiantil perdió todas las materias, no dejó libre ni la hora del descanso. Es una linda pelirroja, más sociable y amigable—. Mi abuela dice que la tienes olvidada desde que tienes novio, ya no visitas —al mirarme, se dio cuenta que ese comentario era por las dos.

—En esta semana me doy una pasadita para que me haga esos deliciosos mofles de caramelo —le sonreí—. El jueves sin falta me iré contigo a pasar la tarde a tu casa.

—Perfecto. Ya debo regresar a clase —dije con una desagradable mueca en la cara.

—¿Siguen molestándote? —suspiró.

—Ya estoy acostumbrada, además mi súper amiga no siempre estará ahí para protegerme, debo salir del cascaron ¿no lo crees? —nos despedimos y me dirigí a clase de historia, al entrar, el nuevo compañero esperaba sentado. No lo miré, me senté en el centro de nuevo y saqué mis notas.

En total compartía cuatro clases con el vecino, no cruzamos palabra después de lo ocurrido en la mañana. Regresé caminando a casa y al llegar él se bajaba de su imponente auto con Katrin Stevan, una compañera —por Dios si solo tienen horas de conocerse y ya… ¿se están besando en esa forma? —. Entré a mi casa, estaré sola hasta la tarde, en la nevera había una nota donde decía que después de la floristería mi abuela pasaría por el supermercado, y la cena la había dejado guardada en el horno por si se demoraba —a veces me pregunto a dónde se mete mi abuela por horas dos veces por semana—. No comí, bajé al sótano para despejar mi mente de la rabia reprimida en mi interior. Practicando me relajaba y era lo que necesitaba, me coloqué con mis piernas cruzadas una sobre la otra, relajé mis 7 puntos energéticos para intentar sentirme liviana. Es una tarea complicada al principio, pero una vez la dominas, tu cuerpo crea una armonía con el mismo entorno y te conviertes en parte de ello y como resultado obtienes el peso de una pluma y así, como dice mi entrenadora, logras levantarte. Cerré mis ojos, recreé el espacio del sótano en mi mente, era como verlo con gafas nocturnas, lograba mirar el campo magnético de los objetos que están a mi alrededor gracias a las ondas de energía que emitía. Al tener el cuerpo relajado, me ordené volar y de forma automática floté, recorrí la habitación, solté mis piernas, mi cuerpo se desplazaba de un lado al otro, lo había logrado por fin, sentí felicidad por ello, ahora intentaré abrirlos para confirmar si puedo mantener mi energía y mover los objetos. Al hacerlo la abuela me miraba con una señora de unos 40 años, delgada, vestida de blanco, pero de cabello gris, ambas me observaban. En los ojos vi la ilusión de un logro alcanzado.

—Pensé que te demorarías más en lograrlo —dijo sorprendida. Yo le sonreí, alcé mis brazos para que los objetos se alzaran y cuando bajé ellos también lo hicieron.

—¿No que te demorarías? —contesté.

—Se presentó algo —sonrió, miró a su compañera, me crucé de brazos.

—¿Cuándo comenzamos con la siguiente clase? —dije, se acercó con la mujer, utilicé la palabra que la saca de casilla—. ¿Una bruja más? —la señora la miró con cara de ¿de qué me está hablando?, sé que odia que le diga bruja, siempre responde que es de otro planeta y que por respetar a la naturaleza ésta les ha dado dones especiales. Alzó las manos.



Eilana Osorio Páez

#36 en Ciencia ficción
#369 en Fantasía

En el texto hay: extraterrestres, amor, misterio

Editado: 13.10.2019

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