La Reina del Este

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Capítulo 4

Escuché a mi abuela en el cuarto de lavado y me sintió llegar.

—¿Yelena?... —en su voz noté su preocupación.

—No me siento bien —contesté, no esperé a que llegara a verificar si era cierto, subí las escaleras, dejé el morral en el escritorio y me tiré en la cama.

El cuarto era el típico de una niña de 13 años, lleno de peluches, predominaba los colores rosa, fucsia y violeta, es lo único de color en la casa, en el resto impera el blanco, en mi cuarto solo el edredón es blanco, caí como los espárragos en un plato, saqué el llanto reprimido de tantos meses de burla, desde que entré a ese curso. Mi abuela entró y sintió mi energía, se sentó a un lado, comenzó acariciarme el cabello sin decir nada. Me acompañó a llorar como hace mucho no lo hacía, la última vez que lloré de esa forma fue en el funeral de mis padres, a los siete años. Al calmarme habló.

—Al parecer esta vez sucedió algo muy fuerte, ¿cierto? —con su pregunta me dio a entender que supo de todas las veces en las que llegué a llorar por algún desplante.

—No quiero volver a esa escuela —contesté, limpiándome la nariz con la camiseta.

—Pero te gustaba, recuerdo tus palabras textualmente, “debo estar aquí” —enfatizó con su mano—. Aún no sé por qué lo impusiste en esa forma, he aprendido que tu autoridad es innata y muy sutil.

—¿Eso a que viene? —me senté y la miré.

—Si supieras canalizar la fuerza dentro de ti, tus compañeros estarían a tus pies, no para hacer con ellos lo que se te dé la gana, por el contrario, los moldearías e incitarías al bien.

—Todos son una partida de…

—Si no los conoces, no hables en general de ellos. Sólo refiérete a quién te ofendió —¿por qué siempre habla de esa forma?

—Me estás consolando o me estás dando clases de moral —no sé cómo lo lograba, siempre me aliviaba poco a poco las penas.

—La misma vida es una enseñanza, Yelena —me acarició el rostro regalándome una sutil sonrisa. No me parezco en nada a mi abuela, ella dice que es porque soy idéntica a mi madre.

—¿Y no pudiste obligarme a entrar a otra escuela? —apoyé la espalda en la cabecera de la cama.

—Hija, cuando te posesiones me costará llamarte mi Reina. Pero yo soy y siempre seré tu servidora.

—¡Eres mi abuela!, si en tu mundo no respetan eso, pues no me voy de la Tierra. Tú tienes el derecho a reprenderme, castigarme, yo sólo debo respetarte —sonreí, bajó la mirada—. Estás haciendo algo con el entorno.

—Me gusta que te des cuenta quien hace manipulación en tu energía —me besó la frente—. Aprendes muy rápido, eso es gratificante. ¿Pasa algo?

—Creo que saltarme un año me está costando, no logro adaptarme a los chicos grandes.

—Pronto serás mayor de edad —contestó.

—Faltan ocho meses, no encajo, ¡no quiero volver! —comenté.

—¿Qué te hicieron esta vez?

—Lo mismo de siempre, he reprimido tantos desaires que el más insignificante derramó la copa —no creyó, pero no dijo nada al respecto, no estoy así por el más insignificante desaire.

—Te traeré algo para que te sientas mejor. Ya veo que no quieres contarme la verdad.

—Gracias por entenderme —salió de la habitación.

—Te amo mi niña.

—Y yo a ti.

Me metí entre las cobijas. A los 15 minutos entró con una bebida aromática, la dejó en la mesa de noche, esperó a que la bebiera y me dejó sola. A los pocos minutos me quedé dormida no sé por cuánto tiempo. Los golpes de la puerta me despertaron y escuché que alguien me llamaba, cuando reaccioné temblaba por causa del escalofrío mi abuela trataba de bajarme la temperatura con paños de agua fría.

—Hija, tómate esto por favor, tienes fiebre muy alta, si en veinte minutos no te baja te meto en la ducha y te llevaré a una clínica.

—Estoy bien…

Me tomé la bebida y a los minutos dejé de titiritar del escalofrío. Después de media hora ya tenía la fiebre controlada.

—Jamás te habías enfermado —dijo—. Me asustaste Yelena —me tocó la frente yo le sonreí.



Eilana Osorio Páez

#37 en Ciencia ficción
#375 en Fantasía

En el texto hay: extraterrestres, amor, misterio

Editado: 13.10.2019

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