La Reina del Este

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Capítulo 16

Ingresé a la casa, salí al garaje, me esperaba con sus brazos cruzados, las manos me sudaban, además había poca luz, sólo los faroles alumbraban y en el fondo se escuchaba la música.

—Creí que me tocaría entrar a buscarte —mantuve una distancia prudencial.

—Crucé un par de palabras con Sharon y Larry —enfoqué la mirada en un punto específico, no me atrevía a mirarlo—. Pensé que el vestido era tu regalo —sonrío un poco.

—No. Ese es porque estoy frustrado por haberte rechazado cuando solicitaste mi compañía en la fiesta y me callaste la boca con lo hermosa que estabas —me mordí los labios para contener la alegría—. Perdona, me gusta ser el que tenga lo mejor.

—¿Y qué te hace pensar que me tienes? —no dijo nada.

—Toma —extendió su mano, en él había una pequeña bolsa de terciopelo—. No soy bueno dando regalos… eres la primera a quien le obsequio algo.

Me acerqué y tomé la bolsita, saqué lo que tenía en su interior, era una cadena de oro con un dije en forma de espiral, en el centro había una piedra, creo que era verde, no había luz, sentí unos grabados.

—¡Es hermosa! —dije, sin tocarme la piel su mano recorrió el brazo, como si fuera un imán, mi piel se erizó conforme pasaba su mano.

—Me encanta el efecto que causo en ti —sonreí, no tenía argumentos para refutarle ese hecho, cuando era real y palpable.

—Gracias.

—¿Me permites? —tomó la cadena, retiró el cabello y escuché su fuerte suspiro. Nos volvimos nada, éramos un mar de sensaciones y emociones, no se tocaron nuestros cuerpos, pero nuestras almas hacían fiesta, uniéndose de una forma inexplicable. Sabía que él también sentía lo mismo.

—Ya es hora de entrar —me alejé, necesitaba dejar espacio entre los dos—. Creo que… es mejor entrar —tragué saliva en seco, sonrió y me tomó la mano como si fuéramos novios.

Tal vez ante los presentes eso éramos, era evidente, caí en sus redes. Pero lo que acaba de pasar en el garaje no creo que él lo hubiera sentido con otra chica, mi alma decía que no, que era diferente. Eso se sabe, es como un código implícito en tu alma, una satisfacción inexplicable. Bailé con él, el resto de la noche, a nuestro alrededor los comentarios variaban, Jerónimo pasó a mí lado con nuestras manos entrelazadas, jamás me besó, eso los tenía desconcertados, no me trata igual que a las mujeres que ha tenido a su lado, y eso me agradaba, marcaba la diferencia conmigo, me respetaba, me cuidaba y me miraba como adorándome en silencio, cerciorándose de alguna forma que soy real, que estoy a su lado por una causa que ni él mismo podía explicar. Me derretía cada vez más cuando me hacía creer que era toda su vida… juro que soy esencial en su vida. La química entre nosotros irradiaba y era palpable no sólo para nosotros sino para los que estaban a nuestro alrededor. Desconozco su sentimiento hacia mí, pero para mí él estaba en la cúspide, no acepto su forma de ser y creo que él lo sabe, tal vez por eso no se atreve a confesarme sus sentimientos, jamás compartiré su cariño si llegamos a tener algo, muy seguro eso es lo que lo detiene. Así como me lo dijo hace dos noches. Soy lo único bueno en su vida.

Mis compañeros comenzaron a retirarse y los comentarios fueron favorables. Eran las dos de la mañana, me despedía de mi amiga que no dejaba de brincar en una sola pierna porque se iría conmigo a Jamaica.

 —¿Ya le dijiste? —preguntó en voz baja. Los chicos hablaban, ahora parecen ser muy buenos amigos.

—No —ese tema me tenía nerviosa.

—¿Y qué esperas?, que venga una de esas putas y se lo lleve.

—Si pasa eso es porque él quiere —me dio rabia, era una posibilidad.

—Yelena… deja de ser mojigata, por favor lánzate, te estás muriendo por hacerle el amor —sonreí.

—¿Tanto se me nota? —jugaba con mis manos, los miré, una imagen en lugar diferente con dos hombres hablando de la misma manera llegó a mi mente, salgo que los de mi mente eran hermanos.

—¿Qué te pasa? —la miré—. Hoy se les notó el amor a los dos —dijo Sharon, me puse roja.

—¿Qué se nos notó? —preguntó. Ojalá que no la haya escuchado.

—Que están más jodidos que nosotros dos —dijo Larry.



Eilana Osorio Páez

#36 en Ciencia ficción
#378 en Fantasía

En el texto hay: extraterrestres, amor, misterio

Editado: 13.10.2019

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