La Reina del Este

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Capítulo 17

 

Me sometí a un interrogatorio durante el viaje, sonrojándome más de una ocasión.

—¿Por qué te dejaste besar, si no eran novios en realidad? —vaya que le afectaba el beso que me di con Larry.

—¿Te afectó? —miró por la ventanilla del avión—. Fue sólo un beso, tú te das cientos, con muchas mujeres.

—Yelena no te compares conmigo, ni te iguales nunca por favor. No es agradable mi vida —me dio la impresión que quería decirme algo más.

—Ya te dije que tú obligaste a Larry a decir y hacer eso —nuestras miradas se encontraron—. Además, tengo el derecho de besar a quien quiera.

 —Si… aunque no me guste —dijo entre dientes o por lo menos eso fue lo que entendí. Meditó por un largo rato, el silencio reinó en el vuelo a Miami. Yo comenzaba a quedarme dormida cuando tomó mi mano entre las suyas y me preguntó—. ¿Por qué?

—¿Por qué, ¿qué? —respondí. No sabía a qué se refería.

—¿Por qué me escogiste a mí? —me sonrojé. No le podía confesar mis sentimientos hasta que él no expusiera los suyos, así que mi mente se ideó una respuesta, la que mi tonta inmadurez creyó una gran idea.

—Fuiste el primero en besarme y me enseñaste bien —no esperaba esa respuesta, aunque mi cuerpo le enviaba mensajes de amarlo y necesitarlo, cuando hablaba lo dejaba fuera de base—. Serán 15 días de aventura si te lo mereces, cuando regresemos seremos los mismos amigos de siempre. ¿Te parece? —al parecer no le gustó.

—A que te refieres con ¿si lo merezco? —sonreí.

—A que debes hacer méritos para que yo me acueste contigo —no comprendí su mirada era una mezcla de dolor y de intriga.

—¿Eso traduce? —enarcó sus cejas.

—Debes sorprenderme siempre, no soy como las mujeres que acostumbras a tener.

—¡Eso ya lo sé Yelena! —enfatizó.

—Te tocará conquistarme cada día.

—Jamás he…

—De eso se trata, que seas como creo que eres en tu interior —como interpretar su mirada que se alargó más de los normal, volvió a quedarse callado. Permanecimos así hasta que llegamos a Miami.

Esperamos la conexión del vuelo y en la sala de espera nos reímos de pequeñeces, Larry y Jerónimo encajaron muy bien, emanaban empatía como si fueran amigos de hace años, era como ver a un par de hermanos. Si alguien los viera, dirían que son inseparables, no parecían haber tenido un tropiezo en el pasado por una mujer—. Sentía que ansiaba decirme algo, pero se abstenía, creo que me tocará llevarlo al extremo, él debe hablar. Comenzó a jugar con mi mano cuando nos llamaron para ingresar al avión, ahora si con destino a Jamaica.

—Nos vamos a la tierra del reggae —dijo Jerónimo al ritmo, como se debía bailar, la verdad yo jamás lo he bailado. Me tomó de la mano y me jaló, su intención era darme un beso y disimuladamente desvíe mi rostro, el arrugó su cara—. ¿Pasa algo malo?

—Nada, es sólo que no me beso con mis amigos —se enojó.

—¿Y lo de esta mañana?

—Fue lo mismo que pasó hace varios meses —creo que lo estoy volviendo loco, se sonrojó y se enojó al mismo tiempo. Larry y Sharon entraron primero, mientras que nosotros nos quedamos hablando.

—¿No nos vamos a besar? —se alteró.

—Depende de ti —traté de reprimir la risa, alzó las manos en señal de no entender nada.

—Explícame el juego porque no lo entiendo.

—Ya te lo dije… —caminé en dirección al túnel de abordaje le extendí mi mano y a regañadientes me alcanzó—. Debes hacer lo que nunca has hecho —no lo miré, mientras que él si lo hacía.

Durante el vuelo meditó, jugando con mis dedos que no soltó en ningún momento, jugó con mis uñas, con las yemas, acarició el dorso de la palma, sin querer realizó un pequeño masaje. No dijo nada, así estuvo hasta que llegamos al hotel. Era un lugar bellísimo —mi abuela había gastado mucho dinero en mi regalo. Me acerqué a la recepción, eufórica por el comienzo de nuestra aventura para que nos dieran las respectivas habitaciones. La de las niñas y las de los chicos, comprendí al ver a Sharon que tampoco se iba a acostar con Larry en la primera noche. Pero resulta que la bruja de mi abuela, y en este caso es literal, realizó las reservaciones para dos, una a nombre de Sharon y otra a mi nombre, cada una con su acompañante—. Jerónimo sonrío, Larry soltó la risa, mientras Sharon y yo no podíamos estar más rojas.



Eilana Osorio Páez

#41 en Ciencia ficción
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En el texto hay: extraterrestres, amor, misterio

Editado: 13.10.2019

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