La ruleta

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Capitulo 8. "Divididos"

Efectivamente al acercarnos al origen del desesperante grito, nos encontramos con Gisel, Catalina y Esteban. Gisel y Catalina están riéndose a la par cubiertas por polvo blanco, que parece ser solo harina. Mientras, Esteban se encuentra serio y en posición de reposo.

- ¿Qué sucede? – Le pregunta Sofia a Esteban.

- Solo entra a ver nuestra recamara. – Responde Esteban con una sonrisa fingida y que denota estrés.

Sofia y yo corremos a ver su habitación y todo estaba cubierto del mismo polvo blanco, huevos regados por las paredes, y parece como si hubiesen hecho una fiesta de piscina en la cama y luego hubiesen decorado todo con hojas y tierra. Para que sienta el amor de la naturaleza.

- Pero que hijue… - Me contengo, suspiro, y me retiro de la habitación. Sofia solo se queda callada mirando un punto fijo de la habitación. Unos segundos de silencio en los que se pueden planear dos asesinatos tan frenéticos y creativos, como el que hizo la fechoría. Después de todo, los funerales siguen siendo ceremonias, fúnebres, pero ceremonias.

En menos de cinco minutos ya están dos personas limpiando el desastre. El gerente, muy “diplomado” como siempre, les dice estas consoladoras palabras a los dos pobres títeres: Me encargare de que se trasladen todos a una nueva habitación y de echar a los “perros”, perdón, a su amiga, que hizo esto. ¡Porque, claro! Como Sofia no ha cuidado, ni se ha apegado lo suficiente a Cata, como para considerarla una familia, ¡Obvio! No le ofende ¿Quién hablo de decepciones?

Como era de esperarse, Catalina fue expulsada del campamento tal cual a una cucaracha del cuarto. Gisel, no obtuvo ningún cargo, siguió en su papel de ángel durante todo el proceso. Catalina fue la única responsable. Gisel, solo llego al final, para ser cómplice de su trastada. Todo esto paso en las horas de la mañana. Para la tarde, ya “el diplomático” tiene una actividad ridícula encargada con sus tontos secuaces, y Gisel.

Sofia y Esteban regresaron de despedir a la “decoradora de interiores” muy serios y distantes. Aparentan que no pasa nada, pero se les nota a leguas la intención de no chocarse.

- Ok, amiguitos, hoy el día ha estado muy tranquilo ¿no? – Habla Derek por un megáfono. Estoy apunto de animar a Sofia a salir cuando ella se levanta de un salto de la cama.

- Vámonos, mochuelita. Aquí no hay nada que ver. – Dice ella en voz alta con intensiones muy obvias, halándome de la mano hasta la plazoleta.

- Bueno, parece que hoy solo se tratara de dos mujeres. – Insinúa Derek.

- Y un hombre. – Interrumpe Esteban, lanzando una mirada fría a Sofia.

- De acuerdo, hoy aprenderemos a plantar árboles. - Anuncia Gisel.

- Mm, no se si ya miraste alrededor, guapa. – Señala Sofia, en tono odioso y con una sonrisa grande, al alrededor del campamento lleno de árboles, como todo bosque.

- Pero, no sé cuántos haya en tu casa, dear. – Responde Gisel en el mismo tono y con la misma sonrisa de bufón. – Quizás no tienes porque no sabes cómo plantarlos.

- De acuerdo, - Interrumpe Derek la pelea de miradas – Cada uno recibirá un pequeño tronco de árbol para – blablablá. No escuche el resto por distraerme en mis pensamientos, de los que luego me saco Gisel, ya que no me di cuenta en qué momento me quede viéndola fijamente.

Comenzamos con la lección, estoy haciendo un pequeño hoyo en la tierra. Estamos ubicados en una línea recta. Sofia esta al lado mío obviamente, tratando de zafarse de Esteban, parecen niños pequeños. Estoy plantando una campanula. Unas manos suaves rodean las mías.

- Si haces el hoyo un poco mas hondo tu flor tendrá mas espacio para crecer. – Aconseja Gisel, haciendo que hunda la planta.

- ¿Tú también necesitas que te sirva de canal?

- Mi deber es hacer esta experiencia mas productiva para ustedes y aumentar la sana convivencia. – Afirma con una sonrisa tierna en el rostro.

- Me alegra que lo recuerdes.

- Qué bueno.

- ¿Eres mongólica o algo por el estilo? – Pregunto desinteresadamente.

- Todavía no reconozco algunas palabras en español, puedes definir.

- Mira, se que eres una buena chica, pero enserio tienes que decirles a tus superiores que dejen de meterse en la vida privada de sus clientes, muchos están horrorizados.

- Lamento mucho que se sintieran así. La verdad es que yo también estoy muy confundida. Siento que me están utilizando. – Empieza a sollozar. – No quiero que me vean como una mala persona.

- Nunca dije eso. – Tiemblo un poco. – Se lo que es juzgar a alguien por su portada, y tu nunca me has parecido una mala persona. – La rodeo con mi brazo y ella toma mi mano muy fuertemente.

- Me siento muy sola y sucia.

- Me tienes a mí, puedes contar conmigo para lo que sea.

- No, no quiero involucrarte en nada.

- Solo te quiero ayudar, eso es lo que hacen – Dudo – Amigos, ¿no?

- Eres muy comprensiva. – Agacha la cabeza. – Quiero, estar un momento a solas contigo.



Minerva Cepeda M.

Editado: 15.11.2019

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