La Sociedad: Una novela de G.E. Lubo

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Capitulo II

22/12/1990 - 06:00 PM

Sin poder dejar de llorar y pensar en lo sucedido, Carlos estaba en un momento muy infeliz de su infancia, en el cual en esos momentos de dolor y pena infantil sus chillidos demostraban que buscaba el perdón de una manera o otra hacia su madre por lo hecho (no lo hacia por lo que hizo claro esta, lo hacia para recuperar los privilegios que tenia como la televisión por ejemplo), María, después de la pelea con Carlos, decidió en ese momento buscar la ropa que usaría para salir, escogiendo para la escapada de aquella noche una blusa de color esmeralda que resaltaba su pelo rubio en aquella tarde calurosa, poco después de rociarse con el perfume especial que le había comprado su esposo, ella preparaba sus últimos retoques personales y fue directo al cuarto de Santiago, mientras observaba como Carlos estaba sentado en una esquina del dormitorio con su rostro rojo como un tomate, sin mirar mucho, debido al enojo que llevaba ella consigo, tomo de la cuna a su hijo mas pequeño, y se lo llevo consigo entre sus cálidos brazos maternos hacia la salida de su hogar para poder visitar al hermano de su esposo, Marcos Garcia.

 

Antes de que pudiera salir para ir hacia la parada del bus mas cercana, el pequeño Carlos llego rápidamente a la puerta en un ultimo intento para suplicar por el perdón de su madre.

—Ma...mi disculpame, no que..ria —las lagrimas y el moco que salia de su nariz le impedía hablar con fluidez aquel día, no obstante intento lo posible por poder comunicarse con su madre en ese justo momento—. Quiero ir con ustedes, perdoname ya por favor.

—No, cometiste un error y ahora debes pagar las consecuencia, tu deber es estudiar —replicaba María—y créeme, tu padre y yo hacemos el esfuerzo de pagar tus estudios, mira como tus primos estudian y sacan buenas notas, por que tu no lo haces también igual que ellos.

—Per..doname.

 

Pero no hubo respuesta; Solo obtuvo una puerta cerrada por parte de María, desde ese momento, Carlos quedaría marcado por un trágico destino, a pesar de que esto parezca una simple pelea familiar, es mas que eso, por el hecho de un secreto muy importante, tanto como para que esa respuesta tan fría como la puerta de hierro se volviera un motivado crucial de su futuro.

 

María y el pequeño Santiago estaban listos para ir a visitar a sus familiares, mientras ellos caminaban fuera de la casa y se dirigían por la acera de su hogar hasta la parada del bus de San Venganza que se encontraba a una cuadra de su casa, María notaba que cada vez mas la noche se avecinaba, era normal, ya que salieron a las 5 de la tarde y caminar o viajar (claro, sin vehículo, solo para verificar) directo a otro lugar era muy peligroso a esas horas ya que las noches en la isla eran muy peligrosas por varios de los peligrosos los criminales y sádicos vagabundos que se podrían encontrar por ciertos lugares o barrios.

 

Al cruzar la cuadra, María con un caminar lento para pasar desapercibida en esos barrios peligrosos, llego a la parada de San Venganza observaba cada 3 minutos su reloj aproximadamente, para así asegurarse de la hora, había cerrado con llave su la puerta de la puerta de su casa para que Carlos no saliera, y sobre todo lo hizo por la seguridad de su hijo para que no pasara peligro saliendo de la casa sin permiso, o algo mas peligroso, aun así su esposo estaba en el trabajo por las calles y ella no estaba segura de a que hora llegaría de su visita nocturna, pero dentro de un rato apareció un autobús que se dirigía a la principal villa de la pequeña isla, la Villa Venealen, donde se encontraba Andrés esperándola con su familia. Pero mientras ascendía por las frías escaleras de metal oxidado del bus y pagaba su pasaje que costaba 5 Pulokas, ella seguía preguntándose algo que le atormentaba la mente desde la tarde que recibió la llamada de Andrés —(¿Por que me estará llamando a esta hora?)—, aun así solo le quedaba viajar y oír de su propia voz por que era tan urgente su convocatoria esa noche tan inusual.

 

De pronto el teléfono sonaba a la par de la cual el bus cerraba la puerta de su entrada, el fuerte rugir del motor y el leve movimiento de las ruedas que comenzaba lentamente y aumentaba su velocidad, la poca cantidad de gente que había adentro y el leve olor a fetidez por parte de personas que no se habían bañado a lo largo del día. Hacían sentir de manera incomoda a la madre ese día, los pasajeros abordo no eran lo que le preocupaba, era algo mas, una presencia silenciosa, como una amenaza resonante que estaba ahí… Pero a la vez no estaba, muy extraño la verdad, pero eso sucede con las mayoría de las personas que poco a poco pierden la cordura que les queda —Debo hablar con Romulo al respecto, tenemos que enseñarle a Carlos a ser mas aplicado—. Maria para tranquilizar su débil corazón de la inseguridad que llevaba consigo decidió a pensar en que podía hacer para ayudar a convertir a Carlos en un chico mas listo, la noche era larga, y la verdad es que muchas bocas quedarían cerradas para cuando la mañana del día siguiente llegara.

 

Pronto una llamada telefónica sonó, el numero que marcaba en la pantalla era diferente y sin duda era desconocida para la dueña del celular, al contestar se pudo escuchar una inclemente respiración fuerte y profunda que evitaba entender si la persona al teléfono era un hombre o una especie de animal.



G.E. Lubo

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En el texto hay: misterio, thriller, suspenso

Editado: 20.08.2018

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