La Sombra Del Holocausto.

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Capítulo 59.

Comenzaba a meter lo indispensable en el costal de tela, lo indispensable simplemente eran agua, balas y una bayoneta demasiado deteriorada. La resistencia por fin se había deshecho, solo quedamos dos. 
Era hora de huir aún más a otro lugar donde ya no hubiese más de esa mierda. 
— ¿Realmente es esto lo que quieres?— Pregunte encarando y al instante tomaba un sorbo de agua. — ¿Tú quieres? — Me pregunto. 
Revolotee los ojos y dije. — No me contestes con otra pregunta. Dime tú lo que quieres. ¿Realmente quieres seguir huyendo? 
El soltó un gran suspiro y contesto por fin
— Sí. ¿Y tú? 
Al igual que el solté un suspiro que inundó el lugar me acerque a él, acaricie su mejilla, con rapidez él puso su mano encima de la mía y la acariciaba con su pulgar.
— Si, ya quiero irme de aquí.
— Yo te seguiré a todos lados. 
Mis mejillas ardieron y sonreí sin darme cuenta, pose mis labios en su mejilla que bese con profundad a modo de sentir su calor corporal traspasarse a mi cuerpo, me separé de él y me volví a sentir vacía y con un enorme hueco en mi interior, junte su frente con la mía y entonces roge para nunca lo separarán de mí. Mi respiración chocaba con la suya y me separé completa de él. Irenka apareció de la nada y di un ligero salto, de fondo se escuchaba el llanto del bebé. — ¿Qué? — pregunte al no tener ni una palabra de ella. Estaba parada frente a nosotras con una expresión en el rostro diferente. Trague saliva. — Nos vamos ya. — Manifesté levantando una mano. 
Ella comenzó a negra con la cabeza levemente. — ¿No qué? 
— No pienso irme.
— ¿Por qué no?— Pregunte con expresión neutra colocándome las manos en la cintura. — No puedo cargar con el bebé y disparar al mismo tiempo. Necesito que este en un lugar seguro y no voy abandonarlo.
— Nadie dijo nada sobre abandono. — Corregí. — Solo dije; Nos vamos ya.
— Es un peligro y un riesgo que yo salga con mi bebé en brazos sabiendo que pueden matarme allá afuera. Te agradezco a ti y al el por tanto que han ofrecido, pero ya no puedo más...— Dijo y sin más rompió en llanto. Algo dentro de mí se conmovió. — Me quedare aquí. — Manifestó cesando sus lágrimas. — Me quedare aquí escondida hasta que alguien me encuentre y se apiade de mí y de mi bebe.

Yo, sin contradecirle ni negarle nada solo asentí con la cabeza. — No se preocupen por mí. Yo estaré bien muy pronto igual que ustedes.

Titubeaba sin poder decir nada en concreto, me sentía inútil e inservible por no poder tener algún tipo de poder de convencimiento y decirle que ella tenía que ir con nosotros, pero respire hondo y por primera vez en la vida respete la decisión de mi prójimo y termine asintiendo aún más con seguridad. — Norah...— Dijo en susurro. — Espero y algún día Yahvé te lo pague.

Sonreí de oreja a oreja, mis ojos se hicieron llorosos y corrí a abrazarla con ternura. — Yo lo sé. — Suspire. Ella tomo mi rostro en sus manos, me soltó un momento y regreso con el pequeño en brazos. Era un niño hermoso, rubio y de ojos grises, sonrisa inocente y rasgos divinos. — Cuida a tu madre, chiquillo — Murmure tomando sus cabellos entre mis dedos. — Cuando creí podía llegar a ser niña pensé en ponerle tu nombre 

Yo la mire conmovida hasta las lágrimas. — Se hubiera visto muy extraño que se llamará Norah siendo niño. 

Ambas reímos, Irenka limpio las lágrimas del chiquillo. — Se llama Noah. — Sentencio, yo sonreí de ternura. — Es lo más parecido a tu nombre. 

Bese la frente Noah y abrace a Irenka, pronto Noah ya estaba en mis brazos. —Se un buen hijo. — Tome aire para no llorar tan profundo el pequeño solo sonrió ante mi rostro y di la espalda un momento, apreté los ojos y me mordí la lengua. Cuando sentí que el sentimiento había pasado me gire de nuevo, carraspee y dije. — Me voy. — Dije con una sonrisa triste y le devolví al niño.

Kurt tomo las cosas, camino hasta nosotras, se despidió de ella y acarició al bebé un momento. Me tomo de la mano y gire a mirarlo. — Nos vamos. — Dijo el sonriente, me entero la pistola y me cargo el rifle en el hombro y guarde los tres peines de balas. Sonreí y dimos vuelta, mientras que Irenka regresaba al desván. Este nerviosismo que sentir al saber tenía que salir a las calles de nuevo se apoderó de mí de inmediato. — Contaré hasta tres — Dijo Kurt nervioso yo gire a mirarlo con la mandíbula temblorosa. — Y Saldremos rápido, Tú detrás de mí, ten tu rifle listo. 
— Sí. — Respondí con terror.

El miraba para todos lados, bajo la guardia al ver que no había peligro y me indico que hiciera el mismo. Baje la guardia respire profundo y camine detrás de él, pronto me tomo con fuerza de la mano y comenzamos a correr a cualquiera sito, hasta llegar detrás de un auto, lo utilizamos como camuflaje, me senté en el suelo junto a la graba y restos de pólvora inundaron mi nariz y garganta. Kurt tomo su rifle y comenzó a cargarlo con los peines de balas. Dirigía el arma por encima del auto con cautela, estando en guardia. Pasamos horas ahí escondidos y comenzaba a fastidiarme junto con el miedo que seguía teniendo. — En este tiempo que estamos aquí hubiésemos podido llegar hacia el puerto.



LIlianna S Villanueva

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En el texto hay: segunda guerra mundial, nazi, nazis

Editado: 04.03.2018

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