La Sombra Del Holocausto.

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Epílogo Parte 2.

La Última.

Desde la primera vez que te vi, me enamore, desde ese instante supe que no será fácil, fue difícil convencerte de que no era yo una mala persona, no del todo. Era joven y al igual que tú, estaba confundido y fui convencido de que gente como tu eran personas diferentes e inferiores a mí y que debían ser destruidos. Desde que te vi, supe que eras la persona más hermosa que mis ojos tenían la dicha de ver, pero no supe defenderte, y no sabes cuánto me duele eso, tú y toda tu altivez, altanera y rebeldía, era una combinación que hacía que me volvieras loco, te amo.

Ya son setenta y siete años de alegrías y peleas, éramos tan diferentes, Norah pero estábamos locos uno por otro, eso lo sé. Ahora con nuestros hijos, nietos, bisnietos y de lado de ti, el amor de toda mi vida, soy feliz, muy feliz. Soy un anciano retirado y enfermo que fue en contra de su sistema por ti, una mujer que llegaste a cambiar toda mi perspectiva y a poner mi mundo de cabeza, llore por ti un millar de veces, sonreír contigo, pelee contigo, no teníamos nada en común, nuestra relación nunca fue miel sobre hojuelas, fue una relación en medio de una guerra, fue una relación retorcida, pero a su vez muy hermosa, de eso se trata la vida, de pelear, de discutir, pero aun así, seguir juntos, y sí, me case contigo, me diste una de las cosas más hermosas; mis hijos y ahora, esta mañana has cerrado tus hermosos ojos para no abrirlos nunca más, te fuiste.

Norah, ¿Cómo puedes irte y dejarme aquí solo?

¿A caso no sabes que aun te necesito?

Aun no quería decirte adiós, y tú ya lo hiciste y debes saber lo mucho que te amo, creo que lo sabes.

No podía ser capaz de escuchar tu voz sin sonreír.

Ni tampoco podía ser capaz de que me miraras por mucho tiempo.

No podía ser capaz de mirar el brillo de tus ojos.

No podía ser capaz de soltar tu mano ni un momento.

Siempre supe que te irías primero para que no sufrieras con mi ausencia, ya habías tenido mucho suplicio, me siento extraño, me siento solo y tú, ya te fuiste, me dejaste solo y mi viejo corazón está roto.

Quisiera poder correr hacia a ti ahora mismo y que me digas las cosas que quiero saber, que todo va estar bien ahora que no estas.

Te amo Norah, siempre lo hice, siempre lo hare, siempre fuiste más valiente que yo, te atreviste a hacer cosas que yo no pude, hoy me has dejado solo, pero esperaré lo que tenga que esperar para volverte a ver, así como tu esperarte seis años para ser libre y amarme como siempre quisiste.

Lo lograste Norah, eres mi inspiración, mi vida, mi guerrera y mi alma, te quiero, eres tanto para mí que no merecía tu perdón, ni una eternidad basta para pagar esta deuda, ahora me he dejado de decir que tú no escogiste esa vida, si no que esa vida te escogió a ti.

Yo no soy comparación de un ángel, sin amargo tu siempre me decías que eso era para ti, pero tú, tu no eras mi ángel, Norah, tú eras todo mi cielo.


Fuiste alguien inconmensurable para mí, algo que no puede describirse, esas cosas no se describen, simplemente se sienten.

Una vez te prometí que jamás te dejaría, y así fue, tú me dejaste a mí.

Esperaré en mi sofá mirando tu foto, extrañándote y a la hora que tú quieras venir por mí, aquí estaré. ¿No vas a tardar demasiado, verdad? Espero que no, no creo poder estar mucho tiempo sin ti. Te amo y no se te ocurra olvidarlo, te veré muy pronto, estarás en mi corazón por siempre.

  - Kurt.



LIlianna S Villanueva

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En el texto hay: segunda guerra mundial, nazi, nazis

Editado: 04.03.2018

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