La Teoria del Patan

Tamaño de fuente: - +

Nadie nos esta viendo.

Pienso en abofetearlo. ¿Quién se cree que es? ¿Qué cree que soy yo? ¿Cómo se atreve?

Entonces me enfoco en su rostro, sin expresión. Lentamente mi mirada baja de sus ojos a sus labios, entonces empiezo a preguntarme acerca de sus besos. ¿Cómo son? ¿Es bueno en eso? ¿Son dulces o son intensos?

De la nada, comienza a reírse, sé que está conteniéndose para no hacer un escándalo, es decir, estamos en una biblioteca, esta bien que hagamos ruido, pero no podemos exagerar.

— De verdad estabas considerándolo. — Logra decir entre risas.

— Claro que no. — Trato de sonar segura de lo que estoy afirmando, pero dentro de mi sé que estaba dudando.

— Nadie nos esta viendo. — Susurra. — Si quieres hacerlo, no voy a detenerte.

— No quiero besarte.

— ¿Por qué no? — Finge estar ofendido. — Soy muy bueno en ello.

— No eres mi tipo.

— ¿Entonces tienes un tipo? — No respondo. — Adivinare. Solo te gustan los feos y aburridos. Yo soy increíblemente guapo y se divertirme, por eso no agrado.

— Tal vez me gustan inteligentes y caballerosos. — No se que sentido tiene seguirle el juego, pero es como si no pudiera detener las palabras que salen de mi boca.

— Soy ambos.

— Lo dudo.

— Puedo probarlo.

— Ya probaste que eres todo un patán, de hecho, lo hiciste desde el segundo en el que te conocí.

— De acuerdo, pero aun puedo probar que soy inteligente.

— ¿Cómo?

Antes de entregarme su libro de química, retira su teléfono y lo deja en su regazo, con la pantalla bocabajo.

— Pregunta lo que quieras.

Si no tiene su libro entre las manos y no está revisando su teléfono, no podrá engañarme.

— No puedes saber cualquier cosa que haya en este libro.

— ¿Quieres apostar?

— ¿Qué podríamos apostar?

— Si fallo, te ayudo con el trabajo. Sin quejas, sin causar problemas, sin evadirte. Tu ordenas y yo obedezco.

— ¿Qué pasa si no fallas?

— Me darás ese beso que no dejas de mencionar.

Me rio, no por lo que dice, sino por la forma en que lo dice.

— Eres tú el que empezó a hablar de eso.

— Bueno, alguno de los dos lo menciono.

Lo pienso durante un par de segundos, pero termino accediendo.

Busco entre las páginas y encuentro la tabla periódica.

— Dímelos elementos líquidos. — No sé si es la forma correcta de llamarlos, pero sospecho que el solo estaba fanfarroneando sobre su conocimiento, así que no importa.

— Cesio, Mercurio, Bromo, Francio, Galio.

Sorprendente.

— No están en ese orden, pero es correcto.

— Sigue preguntando.

— ¿Cuál es la masa del Neptunio?

— Doscientos treinta y siete.

Hago un par de preguntas más, increíblemente acierta en todo.

— ¿Eres algún tipo de genio?

— Un genio al que vas a besar.

No debí aceptar su apuesta.



SamWONDERSTRUCK

Editado: 21.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar