La Teoría Schröndiger© (snypp#2)

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Capítulo 23

Leónidas había llegado tarde, lo supe por que había entrado a mi cuarto pensando que estaba dormida, aunque ella no había podido pegar un ojo por estar pensando en él y lo que estaba haciendo. 

Había sentido como se sentaba en la orilla de mi cama y la tapaba con las suaves sábanas de seda, la había besado en la cabeza y le había dado las buenas noche con voz tierna. 

Y a mi me había entrado ganas de abrazarlo pero no lo hice, porque el orgullo era más fuerte que el amor, que estaba despertando en ella. 
A la mañana siguiente me levanté temprano para poder ver a Leónidas, por alguna extraña razón quería verlo. 

Cuando me cambié y maquillé levemente, caminé hacía donde estaba muy cómoda dormida Gomita en su camita, le acaricié su cabecita y ella movió la cola en agradecimiento. 

Cuando volteé vi una caja de regalo en unos de los muebles de mi cuarto. Caminé despacío hacía al tomarla había una tarjeta, la leí. 

"Para mi monstruita." 

No traía quien la había escrito pero no era tonta había sido Leónidas. 
Cuando la abrí había... 

¡Oh dios mío! Dije impresionada. 
¡Era una colección de libros de terror y de suspenso! 
Entre ellos estaba Cementerio de Animales de Stephen King, Pesadilla a 20000 Pies y Otros Relatos Insólitos y Terroríficos de Richard Matheson. 
¡No lo podía creer! ¡Leónidas se había vuelto a acordar de esa conversación que tuvieron en la universidad! 

Bajó la escalera que la llevaba a la enorme cocina y sala, uff esta casa es enorme y muy lujosa. 
Cuando entré a la cocina Leónidas estaba cocinando unos riquísimos panqueques. 

¿Leónidas cocinando? Ver para creer. 
El riquísimo olor me llegó e hizo que mi estómago gruñera. 
Leónidas volteó a verme y sonrió con ternura. 

—¿Tienes hambre? Prepare unos panqueques y un chocolate caliente. 
Yo sonreí. 
—Huele riquísimo. 
Caminé hacía él. 
—¿Necesitas que te ayude en algo? 
—No, tu siéntate y ahorita te sirvo esos panqueques. 
Yo sonreí. 
—Gracias, Leónidas. 
El sonrió con chulería. 
—De nada preciosa. 
Yo me sonroje. 
Cuando los probé estaban riquísimos, eran de chocolate con plátano y arriba tenían chispas de chocolate. 
—Ummm esta riquísimos Leónidas, no sabía que sabias cocinar tan bien— declaré  guiñándole el ojo. 
El sonrió con chulería. 
—Cuando me fui de la casa de mi padre, rente un pequeño departamento y trabajé como lava platos en un restaurante, ahí es cuando conocí a Jessy, ella trabajaba de cocinera y mesera ahí, ella me enseño a cocinar. 

Alce la ceja sorprendida, no podía creer que Leónidas trabajara de lava platos. 
Creó que el entendió lo que pensaba. 

—¿No te lo esperabas verdad? 
Negué con la cabeza. 
—¿Cuándo te mudaste a ese departamento? 
Suspiró. 
—Después de que nos mudáramos de Texas tuve una pelea por... tuve una pelea y me fui de ahí. 
Me le quedé mirando sorprendida, ¿por qué se habían peleado su padre y él? 
—¿Por qué no me dijiste que tu padre había muerto? 
El se me quedó mirando sorprendido. 
—¿Quién te lo dijo? 
Me encogí de hombros. 
—Fue Jessy ¿verdad? 
—Tal vez si o tal vez no. 
El sonrió. 
—Eso quiere decir que sí. 
Me reí. 
—Yo no dije eso, ahora no cambies de tema. 
—No pensé que te importaría después de lo que paso. 

Asentí, me sentía incómoda hablando de ese tema aunque también quería saber por qué lo había hecho, porque la había traicionado. 
Pero no quería romper esta paz que se había establecido entre ellos por ahora. Así que mejor cambié de tema. 

—Gracias por los libros. 
—No tienes nada que agradecer los vi y supe que eran para ti— respondió sonriendo mientras me agarraba la mano y acariciaba mis nudillos con suavidad. 
Carraspee y el apartó la mano como si se fuera quemado. 
—Te quería avisar que mañana voy a dar una cena aquí con algunos amigos y socios. No te preocupes Jessy contratará a más gente para ayudarla a hacer la cena. 
Asentí 
—No te preocupes yo también puedo ayudarle. 
—¿Sabes cocinar? 
Sonreí. 
—No soy una experta chef pero si me se defender en la cocina. 
El sonrió. 
—Eres maravillosa. 
Me le quedé mirando sorprendida. 
El también lo hizo. 
—Bueno tengo que irme a trabajar regresare para cenar. 
—Está bien, cuídate. 
¿Cuídate? ¿De donde salió eso? 
El sonrió como si le hubiera dicho que se gano la lotería. 
—Lo haré— declaró acercándose a mí y dándome un beso en la mejilla— no te metas en problemas gatita. 
Rodé los ojos. 
—Yo me portó bien— contesté poniendo una cara angelical. 
El se rio. 
—Bueno ahora si me voy. 

Asentí y miré como desaparecía de mi vista, sentí una repentina añoranza por su partida. 

Suspiré y trate de borrar esos sentimientos en mi cabeza aunque no pude. 
Estaba lavando los trastes cuando sonó mi iPhone. 

—Hola Estrella. 
—Hola Ágata, ya extrañaba oír tu voz, Mica y yo vamos a ir a tomar un café ¿qué dices? 

Sonreí, extrañaba a las chicas y este sería un buen momento para hablar con ellas, estaba confundida por lo sentimientos que sentía por Leónidas. 

—Claro— me dijo el lugar donde nos encontraríamos—  en unos minutos estaré ahí. 
Aquí te esperamos. 
—Bien adiós. 
—Adiós. 

Cuando colgué corrí por las escaleras me topé con el gato de Leónidas, esté me miró altivo y con desagrado igualito que su dueño, cuando pase ignorándolo por las escaleras esté se erizo y me enseño los dientes. ¡Como detestaba a los gatos! 



AdyerenLael97

Editado: 18.08.2019

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