La Teoría Schröndiger© (snypp#2)

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Capítulo 26

A la mañana siguiente me encontré abrazada fuertemente por el brazo de Leónidas, esté tenía su cabeza en mi hombro y una pierna arriba de las mías, se sentía extrañamente bien. 

Cuando me revolví para tener un poco de espacio de su cuerpo y el mío el me apretó más fuerte contra a su pecho. 
Hice una exclamación de desesperación. 
¿Es que no iba a soltarme nunca o qué? 

—Leónidas. 
—Umm. 
—Suéltame. 
—No gatita. 
Le pegué un codazo. 
El se rio. 
—¿Acaso mi maridito no tiene que irse a trabajar? 
—No— contestó sonriendo aun con los ojos cerrados. 
—¿Cómo que no? 
—No, me voy a pasar todo el día con mi encantadora esposa. 
—Estás loco. 
—Eso ya me los has dicho muchas veces ahora esta te quieta que quiero dormir. 
—Si pero no conmigo— respondí empujándolo fuertemente de la cama. Este cayó con un ruido seco 
—¡Por dios Ágata! ¡Casi me lastimó!— exclamó con sus ojos plateados viéndome con reproche. 
Me reí. 
—¿Así? Ya veraz. 
—Uy si que miedo— repliqué con burla. 

El alzó la ceja de manera cínica y sonrío con una sonrisa lobuna que me dieron escalofríos, empezó acercarse lentamente hacia la cama. 
Yo me escabullí y traté de pararme para salir corriendo de la habitación pero él me atrapó por la cintura y se puso encima de mí para hacerme cosquillas. 

—Con que no me tienes miedo eee— declaró sonriendo pícaramente. 
Yo me revolví. 
—No te atrevas. 
—¿A qué? ¿A esto?— preguntó sonriendo haciéndome cosquillas en mi estómago. 
—¡No! ¡Para! ¡Leónidas! 
El sonrío y se me quedó mirando con ojos de ¿ternura, cariño? 
Y me beso. 
A lo lejos o una voz de mujer que decía. 
—Oh lo siento no los quería interrumpir— exclamó Patricia. 
Si claro bruja pensé con sarcasmo. 
Leónidas se apartó lentamente de mi. 
—No te preocupes, ¿qué pasa? 
—Quisiera que me llevarás a comprar un poco de ropa, no traje nada para vestirme y mi coche lo dejé en mi casa, me vine en taxi hasta aquí— respondió con voz angelical y dándome una mirada engreída. 
Puff maldita víbora. 
—Claro deja cambiarme y bajar a desayunar. 
—Podemos comer en el camino— comentó sonriendo coquetamente. 
—Está bien. 
—Bueno, te esperó abajo, no tardes Leónidas— declaró sonriendo. 
El asintió y se volteó verme con ojos triste aunque lo quiso disimular con una sonrisa chulesca que no le llego a los ojos. 
—Parece que al fin si te libraste de mi gatita. 
Yo sonreí, aunque por dentro me di cuenta de que no quería que se fuera con esa víbora venenosa así que me sorprendí a mi misma por las palabras que salieron de mi boca. 
—A un podemos estar juntos— dije sonriendo. 
—¿Así? ¿Cómo cariño? 
—Puedo ir con ustedes si a tí no te molesta. 
El sonrío y me agarró la mano con cariño. 
—Es lo que te iba a pedir pero no sabía si aceptarías. 
—¿Entonces?— pregunté de manera engreída. 
El sonrío. 
—Que presumida eres, ¿quieres que admita que deseó con todas mis ganas que vayamos juntos a pasear?— preguntó guiñándome el ojo. 
Yo asentí sorprendida, ¿en verdad pensaba eso? 
—Está bien lo admito, quiero que me acompañes, ¿contenta? 
Sentí que mi corazón se llenaba de gozo sólo que me hice la disimulada y como que me miraba las uñas. 
—Ya que insistes. 
El se rio. 
—Ven acá que quiero abrazarte— contestó sonriendo alegremente. 
—Está bien— respondí moviéndome hacia sus brazos—  pero que no se te haga costumbre. 
El sonrío y me abrazó con fuerza. 
—Extrañaba mucho abrazarte— comentó de manera sincera. 
Suspiré. 
—Yo también. 

Ese momento íntimo se rompió como una burbuja cuando Jessy nos dijo que el desayuno ya estaba listo. 
Sin ganas nos separamos del abrazó y Leónidas me dio un suave beso en los labios. 
—Te esperó abajo cariño. 

Asentí sonriendo. 
Después de que Leónidas saliera de mi habitación me cambié con unos vaqueros azules, una blusa rosa de tirantes con una torera de mezclilla y por último unos converse rosas. 

Me puse crema para peinar para que mi cabello ondulado no se esponjara, me agarré unos mechones con broches con unas pequeñas flores color rosa. 
Cuando me terminé de cambiar bajé por las escaleras y me encontré con Leónidas esperándome en las escaleras con unos vaqueros negros y una playera gris, se veía muy guapo. 
Me sonrío de manera coqueta. 

—Estas preciosa. 
Me reí. 
—¿Gracias? Pensé que ya estarías desayunando. 
Alzó la ceja. 
—Quería empezar a comer al lado de mi esposa. 
Rodé los ojos y me reí. 
—Tu amiga va a estar que echa chispas. 
El alzo la ceja. 
—¿Patricia? 
¡Por dios! ¡Acaso no se daba cuenta que esa víbora andaba atrás de sus huesos! 
—Si ella, no te has dado cuenta, como que no le caigo bien. 
El sonrío. 
—No es así, es que nos conocemos desde que íbamos a la preparatoria ella es así es un poco protectora. 

¿Protectora? Yo diría celosa. Me molestaba que se conocieran desde hace años, ¿habrían estado juntos? Y me di cuenta que estaba irrevocablemente celosa, ¡por dios! ¡Estaba celosa de Leónidas! ¿Qué rayos me pasaba? 
Asentí por que no sabía que saldría de mi boca y no quería quedar como una esposa celosa aunque lo estuviera. 

Puff maldito cupido y maldito amor. 
Leónidas entrelazó nuestros dedos y se llevó mi mano a sus labios para besar mis nudillos. 

Yo le sonreí y me sonroje de manera patética, ¡cálmate Ágata! 
Caminamos con las manos entrelazadas hasta la mesa donde ya estaba sentada doña víbora, le sonrío coquetamente a Leónidas y a mí me ignoró descaradamente. 



AdyerenLael97

Editado: 18.08.2019

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