La Teoría Schröndiger© (snypp#2)

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Capítulo 33

Texas Condado de Anderson.

—Ágata— dijo mi madre entrando a la cocina con una bolsa de panes que olían muy rico.
—Umm madre huele riquísimo— contesté sonriendo.
Ella sonrío y me acercó la bolsa.
—Traje de las donas que te gustan— respondió sonriéndome.
—Gracias mamá— declaré acercándome a ella y abrazándola. Ella ha sido de mucho apoyó después de que dejará Nueva York por un tiempo, me había despedido de las chicas prometiéndoles que muy pronto volvería y que ellas me visitarían.

En mi trabajo habían sido muy comprensivos con la situación que había pasado y me habían dado unas vacaciones.

Con Leónidas la situación se pude decir que no habíamos quedado en buenos términos, nos habíamos peleados cuando se enteró que me iba a venir a vivir por un tiempo con mi madre.
Todavía recordaba nuestra discusión.

—¿A dónde vas?— me había dicho Leónidas cuando había entrado a mi habitación donde estaba haciendo mi maleta.
—Con mi madre.
—No puedes irte— respondió acercándose a mí con paso amenazante.
—¿Y quién me lo va a impedir?— le conteste con voz burlona.
—Yo— declaró agarrándome de la cintura y mirándome a los ojos de manera lobuna.
—Suéltame.
—No.
Suspiré.
—Esta no va funcionar Leónidas deja que me vaya.
—No, eres mi esposa.
—¡No lo soy!— grité furiosa apartándome de sus brazos.— ¡Tú me obligaste! ¡Nunca lo he sido y nunca lo seré!
—Eres mi esposa aunque no lo quieras.
—No soy en verdad tu esposa, esto ha sido una mentira desde el principio, soy libre de irme o de quedarme.
—¿Estás segura?— preguntó acercándose a mí de nuevo.
—Si— contesté pulverizándolo con la mirada.
Me agarró de la mano y sonrío.
—Ves— respondió mostrándome la mano donde llevaba el hermoso anillo de matrimonio.— No eres libre y tu tampoco quieres serlo— declaró con cinismo.
¡Maldito engreído!
—Eres un engreído.
—Soy tu engreído.
—Vete de aquí. Sal de mi cuarto— exclamé apuntándolo con el dedo.
El muy imbécil se rio.
—Te daré estás vacaciones para que pienses bien las cosas— contestó dejando mi mano, me agarró de la cintura y con la otra mano acaricio mi mejilla.— Pero no te olvides que no puedes escapar de mi, volveré por ti— respondió besándome en los labios, después de eso se apartó y avanzó hacia la puerta, se quedó parado, volteó a mirarme y el muy idiota me guiño el ojo.
—No me olvides— dijo cerrando la puerta detrás de él.
Agarré un bote de crema y lo lancé a la puerta estrellándose con fuerza.
—¡Maldito!
Detrás de la puerta escuché su carcajada.
—Ágata.
Escuché la voz de mi mamá sacándome de mi recuerdo.
—¿Si?
—Leónidas a llamado de nuevo.

Suspiré. ¡Es que no me podía dejar en paz de una vez por todas! Cada día de las tres semanas que había estado aquí había llamado todos lo días, seis veces por día.

—Es un maldito acosador.
Mi madre se rio.
—Estoy de acuerdo contigo hija. ¿Qué es lo que paso exactamente para que se odien más de lo habitual?
—Lo de siempre además creó que me engañó.
—¿Creés? ¿No estás segura?
Y por fin me di cuenta de eso, no estaba completamente segura.
—No completamente.
—¿Y cómo es eso?
—No lo dejé que se explicará.
Mi madre se quedó pensativa.
—¿Por qué no?
—Estaba tan furiosa que me fui de la casa y no he hablado con el desde entonces, hasta lo de Gael.
Ella asintió.
—Tal vez deberías hablar con el.
Me quedé sorprendida.
—¿Qué? Si tu lo odias.
—No lo odio solo lo aborrezco, no estuvo bien lo que te hizo el, ni su padre ni...
Mi padre.
—¿Entonces por qué lo estas defendiendo?
—No lo hago, solo que todos merecen explicarse en algún momento, ¿acaso no quisieras saber la verdad? Dejar la duda atrás.
Suspiré. Mi madre tenía razón.
—Alguna vez mi padre y tu...
—No.
Suspiré, no podía culparla yo aún me sentía traicionada por mi padre y Leónidas.
—Lo entiendo.
Mi madre me agarró la mano.
—Tal vez después pero aún no estoy preparada para eso.
Asentí.
—Bueno vamos a desayunar.

Le sonreí y agarré una dona con chocolate.
Se sentía bien estar de nuevo en casa.



AdyerenLael97

Editado: 18.08.2019

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