La Teoría Schröndiger© (snypp#2)

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Capítulo 42

Leónidas llegó a las 11 de la noche con el cabello despeinado y la corbata algo ladeada.

Claro cómo iba a andar todo arreglado si andaba con su amante la Moniaca. La furia bullía en mi y en ese momento tenía ganas de matarlo.

—Hola cariño— dijo el muy tarado sonriéndome.
—Hola.
Leónidas se acercó a mí como si quisiera besarme, pero después se paró en seco y sólo me sonrío.
—Voy a ducharme cariño— contestó subiendo las escaleras hacía nuestra habitación.

Claro que te vas a duchar maldito infiel descarado.
No quieres que huela el perfume de tu otra mujer en tu camisa.
Me quedé parada oyendo como subía.
Escuché el agua caer y en ese momento vibró su celular. Cuando fui a revisarlo miré que aparecía un mensaje en la pantalla.

Nunca me ha gustado agarrar el celular de alguien más pero estás eran medidas desesperadas y además quería saber la verdad.
Cuando abrí el mensaje mis peores sospechas se confirmaron.
Era de Mónica.

"Fue un placer el tiempo que estuvimos juntos quiero que se repita muchas veces más".

¡Maldita bruja! ¡Maldito infiel!
Pero esto no se iba a quedar así.
A mí no me vería la cara de tonta otra vez.
Lo esperé sentada en el sofá.

Escuché sus pasos al bajar de las escaleras. Tenía el cabello mojado y despeinado.

Se había puesto una camiseta negra con unos pantalones de deporte color gris y unos converse negros.

—¿Tienes hambre?— pregunté sarcástica.
Leónidas se me quedó mirando.
—No ya comí.
Claro que ya lo hiciste pensé con sarcasmo.
—¿Cómo salió el trató con tus "socios"?
El alzó la ceja.
—Perfecto. ¿Qué te pasa?
Me levanté furiosa.
—Esto me pasa— exclamé furiosa aventándole el celular.
Él lo agarró y vio el mensaje.
Se me quedó mirando.
—No es lo que parece.
—¿Enserio?— pregunté burlona.
Suspiró.
—Lo siento te lo iba a decir...
—No quiero escuchar ninguna mentira mas. Quiero el divorcio— contesté mirándolo a los ojos de manera furiosa.
Su cara cambió a una molesta, caminó hacía a mí y me agarró los hombros.
—Tu no vas hacer eso, eres mi esposa lo quieras o no— dijo con una voz seria.
—¡Suéltame Leónidas!— grité revolviéndome para que me dejará en paz.
—No— respondió agachándose para besarme.
—¡Suéltame bruto!

Pero el no me hizo caso y me besó a la fuerza.
Cuando nos separamos el me sonrío cínicamente.

La furia explotó en mi, ¿cómo se atrevía a besarme así y a decir que era su esposa? ¿Acaso nos quería tener a las dos el muy infiel?
Lo abofeteé con fuerza y me separé de él, cuando volteé a mirarlo se veía tan sorprendido como yo por ese arranqué de violencia.

—¡Vete déjame en paz! ¡Lárgate de aquí!— lo mire a los ojos de manera burlona.— No quiero ser tu esposa ya.
El se me quedó mirando serio.
—No lo haré, eres mi esposa además no es para tanto Ágata.
¿No es para tanto? ¿Qué me sea infiel no es para tanto? ¡Maldito infiel!
Pero estaba enfadada y quería lastimarlo tanto como él lo había hecho.
—Tienes razón— le dije— no me importa lo que hagas, me importaría si sintiera algo por ti, lo único que siento por ti es desprecio, nunca te amaré, prefería estar muerta antes qué hacerlo— declaré mirándolo con desprecio.

Leónidas se me quedó mirando y retrocedió como si lo hubiera golpeado de nuevo, su rostro se ensombreció y en sus ojos grises había tristeza y enojo.

—Bien— respondió molestó agarrando las llaves de su auto y caminando hacía la puerta de salida la abrió y antes de irse volteo a mirarme a los ojos. En ellos había una inmensa tristeza.
—Ágata...— suspiró Leónidas con cansancio— yo siempre te... he amado.

Con esas palabras salió de la casa dejándome con el corazón partido en dos. Y en ese momento empecé a llorar.



AdyerenLael97

Editado: 18.08.2019

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