La Teoría Schröndiger© (snypp#2)

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Capítulo 44

Me quedé en shock. Nadie habló. 
Oh dios mío. 
No, puede ser. 

—¿Qué? No puede ser— exclamé desesperada. 
—Discúlpeme señora pero por desgracia su esposo sufrió un traumatismo cráneo encefálico grave cuando sufrió el accidente. 
—El se va recuperar ¿verdad? Se va a despertar pronto. 
—La rehabilitación del paciente depende de la gravedad de las lesiones causadas. Despertar del coma tiene un pronóstico incierto y debo decirle que una vez que salga es difícil que el paciente vuelva a ser el mismo de antes. Cuanto más tiempo pasa el paciente en coma  graves serán sus lesiones al despertarse— declaró con voz triste. 
—Pero el se pondrá bien ¿verdad? 
El suspiró. 
—No lo puedo saber a aún, pero esperemos que se recupere señora— contestó poniéndome una mano en el hombro para reconfortarme. 

Estrella y Mica avanzaron hacía a mí para abrazarme. Mientras que Alessio y Diacono hablaban con el doctor. 

—Se pondrá bien Ágata estoy segura. 
—Ojalá Estrella, cuanto me arrepiento de lo que le dije yo tuve la culpa de su accidente. 
—Claro que no, ¿por qué dices eso? 
—Nos peleamos por lo de Mónica y le dije cosas horribles, que lo despreciaba y que nunca lo amaría— respondí sollozando. 
—Está bien Ágata, tu no tuviste la culpa y estoy segura de que Leónidas se recuperará y podrás decirle todo lo que sientes. 

Asentí, quería pensar que todo saldría bien pero algo dentro de mi me decía que tal vez está vez si lo perdería. 

—Quiero verlo— le dije al doctor. 
—Pase pero solo unos minutos— contestó señalando hacia un pasillo. 
Asentí y caminé hacía ahí, cuando entré me quedé parada en la puerta. 

Leónidas estaba recostado con pequeños tubos en la nariz y en la boca. Tenía vendada toda la cabeza y tenía muchos cortes y moretones en los brazos y cara. 

Caminé hacía a él, era como si estuviera dormido y en un momento despertaría, sonreiría y la miraría con sus hermosos ojos grises como lo había hecho muchas veces antes de la pelea. 
La pelea, se sentía confundida. 

Se daba cuenta que una parte de ella lo quería pero la otra aún sentía resentimiento por su infidelidad. 

Caminé hacia la silla a lado de la cama donde estaba él, me senté en ella y le agarré la mano a Leónidas. 

—Leónidas— dije sin saber cómo empezar— lo siento no debí de decirte esas cosas horribles, tienes que despertar— declaré agarrándole fuertemente la mano con desesperación. 

Pero Leónidas no despertó. 



AdyerenLael97

Editado: 18.08.2019

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