La tercera llama: El recuerdo prohibido

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Capítulo 8

Caminaba descalza como era costumbre, parecía que era el único medio por el cual podía sentirme libre, sentir el contacto directo con el suelo y poder distinguir entre sus texturas, la única manera en la que podía sentir que estaba viva y no atada a ese destino doloroso por el que había pasado y lo que tocaba vivir, sabia y sentía el dolor de las pérdidas pero como siempre, no podía recordar por más intentara con insistencia, sin embargo también sabía que este era el único medio que tenía para conectarme conmigo misma, con mi esencia, la única que sabía la verdad sobre mí y mi historia, la cual, aun me estaba confundiendo y necesitaba respuesta, debía buscarlas hasta agotar las posibilidades. Me encontraba en lo parecía una antigua casa, sentía el roce del delicado vestido contra mi piel, todo era de madera oscura y bajo mis pies, las tablas hacían eco de su antigüedad, todo estaba fríamente ornamentado, el lugar estaba compuesto por múltiples salones que se sentían enormes bajo las bóvedas y detalles góticos, estaba buscando algo, pero todo en aquel lugar parecía infinito, logré divisar una enorme puerta de madera que parecía dar hacia el patio, una vez afuera supe que aquel lugar se trataba de un castillo abandonado, al menos así lucia por fuera, a lo lejos se encontraban las ruinas de lo que alguna vez fue una iglesia entre aquel verde paisaje, aun se erguía una de las torres laterales de la fachada principal y parte del rosetón podía divisarse. Sentí unas fuertes ganas de acercarme a aquel lugar y mis pies tomaron la decisión por mí, de un momento a otro la distancia pareció disminuirse en un segundo y ya estaba yo entre los escombros de aquel lugar, toda la nave en cruz estaba destruida, como si la hubiese impactado una bomba y apenas se sostenían un par de arbotantes, cosa que sería imposible de no ser un sueño y lo único que aún conservaba el techo era el ábside, allí, en ese lugar se escuchaban quejidos de dolor, al principio parecía ser un niño, pero cuando estuve más cerca de aquel lamento, pude distinguir la voz de un hombre, y allí estaba debajo de algunos escombros,  una figura masculina, el perfil semidesnudo, se veía un cuerpo apenas tonificado, pálido y trémulo, aquel hombre se encontraba en posición fetal y lloraba, su cabello dorado y largo no permitía ver su rostro, pero la imagen que proyectaba fue suficiente para que me acercara, había surgido en mi corazón la necesidad de ayudarlo, así que me acerqué con lentitud y cautela, tratando de hacer el menor ruido posible, hasta que estuve de frente a él, por alguna razón, aquella figura se me hacía familiar. Me incliné hacia él y toqué su mejilla, inmediatamente reaccionó a mi tacto y lo esquivó con efusividad, así que traté de hacerlo de nuevo, ésta vez se quedó tranquilo, estaba frío, y su piel tenia tonos azulados, parecía sufrir un ataque de hipotermia. Así que invoque lo que sabía que podía hacer-Ignis venire ad me, et vocantem me(fuego ven a mí, yo te estoy llamano)- e inmediatamente se dibujó un circulo de fuego alrededor de ambos, la temperatura comenzó a subir y al parecer eso lo hizo calmarse un poco, en medio de su llanto pronuncio unas palabras inaudibles que luego comenzaron a ser susurros entrecortados, hasta que pude escuchar- Fata mea inveni initium, finem meum inveni principium(He encontrado el inicio de mi destino, he encontrado el final de mi comienzo)- dicho eso, tomó mi mano y su mano estaba fría a comparación de mis manos que emanaban calor, la diferencia era notable y lo que me transmitió con su agarre fue confianza, ya no lo estaba tomando de la mano y lo ayudé a ponerse de pie, estaba aferrada a ella como si su vida se le fuera en ello, me sentía protegida y era él quien necesitaba cuidado. Fue entonces cuando subió la mirada y lo vi, era él, fue entonces que entendí todo. Allí estaba, mirándome con esas esmeraldas refulgentes, penetrando cada parte de mi ser-Ego tandem meus dulcis inventa est peccatum.( Te he encontrado finalmente, mi dulce pecado.), lo entendí todo y no lo entendía nada, estaba de cuclillas frente a una criatura indefensa, débil, congelada y era el quien me prestaba su apoyo. De pronto su agarre se volvió más ligero, hasta desprenderse de mi mano y sentí un vacío que iba creciendo dentro de mí, se dio la vuelta y vi algo horrible, en su espalda, creciendo desde sus omoplatos hasta su cintura, estaban marcadas dos profundas y sangrantes heridas, parecía como si le hubiesen clavado algo, no, parecía que le hubiesen arrancado algo que debía estar allí formando parte de su propio cuerpo, eso había sido, habían arrancado algo de él y no entendía por qué me dolía más de lo que parecía dolerle a él, como si yo fuera la culpable, como si las hubiera arrancado yo misma. De pronto todo comenzó a arder alrededor y ésta vez el dolor era demasiado como para descifrarlo, yo misma era el dolor, yo misma me estaba haciendo daño, bajé la mirada hasta mis manos y allí estaban, llenas de sangre y estaba sujetando con fuerza unas hermosas plumas teñidas de color borgoña, yo había sido la artífice de tan espantoso acto, la perpetradora, la culpable de su agonía. Ahora era yo quien quería arder, quería ser incinerada hasta que no quedara ni el más ínfimo rastro de mi existencia. A pesar  de todo, el sacó fuerzas y se giró  hacia mí de nuevo, se acercó y sus ojos me mostraban compasión, le rogué que me asesinara, le dije que merecía ser castigada por ello, le dije, que daría mi vida por la suya y no supe en que momento, aquella hermosa  criatura lastimada, colocó una de sus manos frías en mi mejilla y secó mis lágrimas, las cuales no había notado, sonrió y luego repitió lo que había dicho antes -Ego tandem meus dulcis inventa est peccatum.



Skarlett Magnussen

Editado: 16.07.2018

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