La tercera llama: El recuerdo prohibido

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Capítulo 11

Se encontraba recorriendo su habitación de un lado al otro, buscando, había asegurado la puerta para que nadie entrara sin avisar, aunque estaba solo, su madre era la directora del hospital y solía llegar demasiado tarde, su padre era ingeniero civil y prácticamente no vivía en casa, de todas maneras, no se confiaba de eso. Sabía que lo que había visto esa noche no se trataba de un simple sueño, Zephyr había encontrado su daga en el suelo, nunca la habría sacado de no ser necesario, pero luego estaba Aria, quien le había dicho que no había ocurrido nada, curioso, pensó, demasiado sospechoso.

 

Seguía haciendo un enorme desorden entre sus cosas, sabía que debía estar en algún lugar, usualmente la mente se encargaba de esas cosas, pero el hecho de que él fuera la fuerza, no significara que no identificara a la presencia que había tratado de enfrentar-idiota- pensó. Lo había visto entre sus manuscritos, esa esencia, su desorientación y luego… su daga en el suelo, sin duda se trataba de un demonio o mejor dicho, una bruja, pero esas marcas en sus manos y ese anillo, demasiado singular, las imágenes venían a él de manera distorsionada y fugaz, pero sabía que esos símbolos hablaban de agua y si lograba encontrar entre sus manuscritos algo que le confirmara sus sospechas, estaría en medio de un gran lío y no sabría cómo decirle a su compañero que su hermana corría un grave peligro.

 

Tal vez pensarían que ella sabría hallar la manera de encontrarlo.

 

-Esto es-dijo pensando en voz alta-Artium arcanorum symbolis maleficis- leyó el título del manuscrito con portada de cuero y papel desgastado, rápidamente removió las páginas y llegó justo a la hoja en donde estaban los bocetos- Lo sabía-golpeó con fuerza la mesa y soltó con brusquedad el documento, se dio la vuelta y tomó su cabello con frustración-No-susurró y volvió a ver aquellos símbolos, eran exactamente iguales a los que recordaba con dificultad- Aria-mencionó con dolor- No, tú no… -la preocupación se alojó en su garganta, sus manos estaban cerradas como puños.

 

Miró al techo y respiró con dificultad, no era momento de echarse a llorar, debía actuar, hacer algo, no podría dejarla caer en las garras de esas brujas, no tenía a culpa, no sabía nada, era inocente y eso era lo que le causaba más impotencia, era una dulce chica que solo había sufrido durante su vida, no merecía eso, aunque no estaba del todo seguro de porqué Aria la habría mentido sobre haberla visto, tal vez fue que ella no la vio en realidad y fue todo un ilusión, eso era una posibilidad.

 

Pero ¿Y si sí la vio? ¿Por qué le mentiría? Por miedo, quizás no querría recordarla o tal vez por estado de shock, eso sería un problema más, querría respuestas, eso era seguro, era curiosa, sino le decían nada, ella buscaría la manera de averiguarlo y eso podría ponerla en peligro.

 

No dejó perder más tiempo y guardó el escrito en su mochila de color verde, tomó su libro de algebra, ni siquiera sabía si pasaría a presentar su examen, lo guardó de todas maneras, antes de salir de su habitación le echó un vistazo, esperaba que su madre no entrara allí o le daría un sermón, aunque eso no estaba entre sus preocupaciones más importantes en ese momento. Justo antes de pasar bajo el marco de la puerta se quedó quieto, escuchó mencionar esas palabras en latín, esas que le habían retumbado en su cabeza una y otra vez, era la voz de una chica llamando a su fuego interior,  invocando su presencia, pero ésta vez detectó algo diferente en esa voz, la había escuchado antes, era una voz dulce y melódica, era la voz de Aria, esas palabras las había dicho Aria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Skarlett Magnussen

Editado: 16.07.2018

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