La tercera llama: El recuerdo prohibido

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Capítulo 12

 

Estúpida-pensó- estúpida y mil veces estúpida-seguía reprochándose mientras regresaba a su salón de clases que ya estaba lleno de nuevo, su prima la divisó desde que entró al salón, su cara era bastante expresiva en ese momento, algo le ocurría, pero antes de que siquiera pudiese acercarse a ella, pudo notar a Noah entrando al salón, con una expresión similar en su rostro, por un momento pensó que era casualidad, hasta que el chico buscó a su prima con la mirada y ésta al darse cuenta, solo se propuso a ignorarlo. La cuestión era: ¿Qué se traían entre manos esos dos? Sea lo que fuese, ya sabía que terminarían liándose, se veía venir por esas miradas delatoras que se daban el uno al otro.

 

Por primera vez en mucho tiempo, lo único que estaba haciendo era ver la hora de su teléfono, los minutos le eran eternos y sabía que <<él >> la estaba mirando, solo  quería irse a su casa en ese omento, tenía suficiente con lo que había sucedido hace media hora, es que, es decir ¡Hizo fuego! Real, salía de sus manos y ahora le eran tan extrañas, no sabía si brotaría como una planta desde sus tejidos o si solo se formaba superficialmente, como fuera que se generara, era alucinante y ahora era increíble de verdad, no podía evitar el hecho de que su mirada vagara desde se celular a sus manos, parecían intactas, no existían en ellas ningún rastro de quemaduras, ni siquiera una cicatriz, nada. Tampoco se atrevía a levantar su rostro, no necesitaba verlo para saber que mantenía su mirada fija aún, si quería hablar, le costaría sacar sus palabras a flote, ya había demostrado demasiado debilidad al llorar estando en su presencia, también existía el hecho de que estaba sumamente molesta con él, sabía todo desde el principio y no fue capaz o mejor dicho, no quiso decirle nada o ayudarla, sus comentarios, sus pequeñas miraditas y sus otras miradas intensas, esa manera tan suspicaz de ser, el hecho de que supiera que decir o hacer en cada momento y también, el que la trataba como si creyera conocerla, no, él estaba seguro de que la conocía y por eso estaba tan molesta.

 

 Quizás no era para con él, sino para consigo misma, por tratar de vendarse los ojos ante una realidad que era palpable, una realidad que siempre había vivido y a la que no quería pertenecer, una que nunca habría elegido y con la que tenía que lidiar, ahora, en ese momento, se daba cuenta de lo tonta y estúpida que había sido, de haber escuchado sin rechistar, incluso, si hubiera hecho caso de lo que veía y creído en sí misma, tal vez su padre seguiría en ese plano y estaría esperándola a ella y a su hermano para pasar las navidades juntos y salir a caminar al lago hasta altas horas de la madrugada, en su hermosa tierra donde la luz del día y la noche tardaban más de lo normal en encontrarse. Sintió como su cuerpo se estremecía por esa imagen y su pecho se comprimió, respiró profundamente hasta reprimir las ganas de llorar- <<Tengo que trabajar en ello>>pensó. Volvió a mirar su celular, había pasado tan solo una hora, agradecía internamente que su amiga llegaba mañana, tendría una manera de recargar sus fuerzas, pensó por un momento que era egoísta de su parte, pero ya no sabía cómo seguir siendo fuerte.

 

Faltaban tan solo 10 minutos, acomodó sus brazos en la mesa y recostó su cabeza sobre ellos, quería desconectarse tan solo un momento, estaba segura de que al llegar a casa se dirigiría directo a charlar con su piano, durante horas, sí , eso necesitaba, una conversación  prolongada con la melodía de sus sentimientos expresados por medio de aquellas viejas teclas. Se encontró en un estado cercano al sueño, así que perdió la noción del tiempo, por lo tanto sus 10 minutos se habían convertido en 20.

 

-Oye Aria-dijo su prima  moviéndola suavemente- ¿Uhm?-gruñó, estaba por fin tranquila y alguien la interrumpía-Aria, las clases han terminado ya-dijo-¿Qué?-levantó su cabeza de golpe-Te has quedado dormida y Noah me ha dicho que viniera por ti, pensé que habías salido antes porque no te vi-ladeó una pequeña sonrisa- Lo siento, soy una tonta y distraída, lo sé-completó. Aria se sentía un poco desorientada, pero poco a poco fue recobrando el sentido de todo-¿has dicho Noah?-levantó una ceja- Ah, eso sí lo escuchas ¿No es así?-recibió una mala mirada como respuesta-Bueno, bueno, ya. Sí, me ha dicho hace unos momentos que estabas aún aquí y que parecía que te habías dormido-dijo-Oh, bueno, eso parece-dijo en tono adormilado y su prima rio bajo en respuesta.

-Ven, vamos afuera. Hace un lindo día y aún es temprano-sonrió su prima y la haló fuera del salón-¿Qué intentas decir con que aún es temprano?-susurró-Ah, pues que aún los chicos no se han ido y podemos hacer alguna cosa-sonrió, ya venía ella con sus cosas, seguramente se traía algo entre manos.

 

Camino detrás de su prima por varios minutos, mediante iban andando, pudo percatarse de que se dirigía a la pequeña plaza que estaba en la universidad, allí solían estar los estudiantes a dedicar sus ratos de ocio aunque todos decían aunque era recreación, era lo único lugar de la universidad en donde se podía jugar juegos de mesa y tomar un cigarrillo sin ser sancionado por dicha acción, por un momento se preguntó: ¿Qué haría allí con su prima? Luego divisó a los muchachos no tan lejos de allí, alrededor de una mesa, parecían divertirse de algo que hacía uno de ellos con unas cartas, hacía florituras con ellas, sabía hacer truquillos de magia, incluso llegó a escuchar que hacía presentaciones en algunos eventos, era interesante ver la destreza de aquel chico, siempre estaba tan concentrado y nadie podía adivinar como eran engañados en su cara, sin embargo Aria tuvo un fugaz pensamiento de que la magia ocurría en todo momento y nadie la conocía de cerca.



Skarlett Magnussen

Editado: 16.07.2018

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