La tercera llama: El recuerdo prohibido

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Capítulo 19

Aaron caminaba por el campus, dirigiéndose al edificio de ingeniería en donde estaría Aria, no había respondido a sus llamadas ni a sus  mensajes así que suponía que se encontraba aún en clases, pero justo antes de entrar, se había encontrado a la prima de los Tennfjiord y supo entonces que ese día no había tenido clases, por lo tanto nunca había estado con ella, los nervios de Aaron incrementaron al doble si eso era posible, no quería siquiera pensar que algo le pudo haber ocurrido a ella también, que se la hubieran llevado, a ambos… no, eso no podía sucederle a él.

 

Ahora se encontraba revisando el edificio de salón e salón, existía una enorme posibilidad de que Aria estuviera leyendo sola en algún lugar, eso era una costumbre, pero llevaba dos pisos y no habían rastros de ella, su corazón estaba por salírsele del pecho y hacía eco en sus oídos, su cabello rubio ya se encontraba empapado de sudor y sus manos estaban trémulas, se detuvo un momento, no podía hacer una escena en ese lugar, pero el edificio estaba casi vacío, eso podía ser porque era viernes, sin embargo eso no lo ayudaba con la sensación de miedo que lo recorría de arriba abajo como si estuviese lleno de hormigas. Optó por seguir buscándola, lo haría por todo el complejo universitario de ser necesario, pero eso no hizo falta, justo cuando estaba por subir las escaleras hacia el tercer piso, escuchó a alguien decir su nombre, más bien gritarlo <<!Ariadna!>> se escuchó como un grito de dolor y luego hubo silencio, no esperó mucho tiempo para subir las escaleras de dos en dos hasta llegar al siguiente nivel, el pasillo estaba solo, al igual que los salones, debía tener mucho cuidado, podía estar acercándose a una posible trampa y si él era raptado también, no le sería de ayuda a ninguno de los dos.

 

Observó ambos extremos del pasillo para saber qué dirección tomar, hasta que escuchó el sonido de unos murmullos, mediante se iba acercando al lugar, extrajo la daga que llevaba en uno de sus bolsillos, no iba a arriesgarse a una imprudencia más, cuando ya estuvo frente a la puerta, poco podía verse desde el vidrio, así que decidió simplemente abrirla, encontrándose con una Aria cayendo en los brazos de un chico rubio, que en ese momento se encontraba de espaldas a él y parte de su camisa con marcas de quemaduras. La confusión se apoderó de él por un instante al desconocer quién era aquel chico, dudó por un momento si debía entrar u observar lo que sucedía desde su punto, hasta que Aria comenzó a temblar y entró de prisa sin importarle las personas o criaturas que estuvieran ahí o lo que sucediera con él después, debía protegerla.

 

Noah se giró un poco para poder ver al intruso que acababa de entrar en su espacio, en ese momento tan delicado y finalmente se encontraron cara a cara ambos rubios, Noah lo miró con duda mientras que Aaron solo veía que estaba sosteniendo a Aria mientras tenía una lucha interna  consigo misma. Noah la bajó con cuidado hasta depositarla en el suelo y quedarse a su lado monitoreando su respiración, con su reloj en modo de cronometro y sus dedos sobre la muñeca de ella, se dispuso a tomar  su pulso, que se encontraba regulado hasta el momento, hizo todo esto ignorando al rubio de cabello largo y apariencia de chico malo, el cual tenía una daga en su mano, la cual no había ignorado, Aaron lo observaba con una ceja alzada, ese chico debía estar mal de la cabeza, cualquiera en su sano juicio se hubiese asustado, sin embargo allí estaba él, observando a Aria con amor en su mirada, un amor que creía que también expresaba cuando la veía, pero esto era diferente, no la miraba con deseo, la miraba con admiración, como si fuese una obra de arte, como si estuviese dichoso de estar tan cerca de ella, sus manos se encontraban delicadamente sobre sus mejillas sonrojadas, mientras la chica comenzaba a respirar agitadamente y nuevamente la miraba, como si- eso ya estaba convirtiéndose en una tortura- como si le perteneciera, como si fuera suya y no estuviera preocupado de perderla <<Idiota>> pensaba de manera recurrente, todo esto que observaba, no supo por cuento tiempo había sido, pero sentía que era una agónica eternidad, cuando en realidad solo fue por un par de segundos, ya que, no podía recordar el momento en el que lo tomaba de la camisa y con un rápido movimiento de su mano libre, lo había empujado lejos de aquel cuerpo que yacía en el suelo, haciéndolo caer en un golpe seco, no hicieron falta las palabras en aquel momento, verde eran sus ojos y verde estaba el nivel  de sus celos, mientras el verde de su mirada observaba tranquilamente a sus ojos llenos de cólera y desesperación, Aaron estaba en una situación desventajosa para su nivel de impulsividad, teniendo una daga en mano y nada de sentido común en ese momento.

 

Se acercó a Aria y la miró por un momento, estaba en trance y no sería nada bueno sacarla de ese estado por el momento, al contrario, sería peligroso y estúpido, podría dejarla en una especie de limbo y le costaría a su espíritu regresar a su cuerpo, así que lo mejor era que ella misma regresase y conociera lo que necesitaba saber.



Skarlett Magnussen

Editado: 16.07.2018

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