La tercera llama: El recuerdo prohibido

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Capítulo 20

Se encontraba frente a la puerta, ni siquiera alcanzó a esperar a llegar a su propia casa primero, al bajar del avión, corrió por su maleta y se la entregó a su padre, luego tomó un taxi hasta la casa de su mejor amiga, no entendía sus llamadas y tampoco parecía que alguien estuviese en casa, mordió su labio inferior y dudó un momento antes de marcar el número de Zephyr, respiró rápidamente y solo lo hizo, con  mucho nerviosismo, aún después de tanto tiempo, seguía afectándole el simple hecho de escuchar su voz, sin embargo, él tampoco había contestado, eso ya era demasiado extraño para ella, no tenía un buen presentimiento, sus sentidos estaban a flor de piel y sabía que algo estaba ocurriendo.

 

 No encontró la llave de repuesto que dejaba la madre de su amiga en caso de emergencias, así que, se cercioró de que nadie estuviera viéndola y se acercó a la puerta-ανοίξτε- dijo en voz baja y su mano cosquilleó, luego de un segundo, la cerradura sonó como si estuviera abriéndose y así lo hizo, quedando un espacio de varios centímetros entre ella y la puerta, luego miró a todos lados antes de ingresar a aquella casa que conocía tanto como la suya y se adentró en ella. Una vez dentro de la casa, supo por qué sentía ese mal presentimiento, las paredes hacían eco de la magia negra impregnada en aquel lugar y no era de cualquier tipo, era una muy poderosa, tanto que no sabía si podría lidiar con ella. Se acercó con pasos cortos hasta el centro de la sala, una vez allí, cerró sus ojos para poder encontrar el lugar de donde provenía aquella energía, unos hilillos purpúreos que comenzaron a esparcirse, le mostraron el camino hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones, específicamente a la primera habitación del lado izquierdo, exactamente la habitación de Zephyr.

 

 Ella  abrió sus ojos, azules y bondadosos, pero en ese instante estaban  llenos de confusión; por su cabeza cruzó la idea de irse de esa casa, ya que no se encontraba nadie allí y podría ocurrir algo, tal vez debería dejarlo todo como estaba y esperar que su amiga la llamase para verse por fin, pero su curiosidad pudo más con ella, siempre podía más.

 

Así que caminó lento pero con determinación a través de aquel pasillo de paredes blancas y muchas fotos colgadas en marcos, se detuvo a ver una de las fotografías y se sorprendió al encontrar en ella que se encontraba allí, en la foto con Aria, no había visto esa imagen antes o no la recordaba, estaba mucho más pequeña, parecía feliz y estaban jugando en la nieve, seguramente en alguno de sus viajes a Noruega, en la imagen tenía  muchos abrigos puestos y estaba sonrojada, luego sonrió, había  vivido tanto con aquella chica de cabello oscuro, no podía fallarle, pero no podía fallarle a su hermano, a su sangre y sus raíces, que dilema era ese en el que se encontraba.

 

 

Se paró frente a la puerta de la habitación de Zephyr y colocó su mano sobre la superficie de madera, inmediatamente se conectó con todas las sensaciones que habían quedado impregnadas un par de horas atrás, abrió sus ojos por la sorpresa y empujó la puerta con violencia, luego emitió una exclamación de sorpresa al ver lo que estaba frente a ella, su cuarto estaba convertido en montañas de polvo, se agachó y tocó el suelo, tomó un poco de polvo entre sus dedos y se conectó con la energía, no la soportó, era una energía muy fuerte y  oscura, absolutamente, a pesar de que no soportara la carga energética de ese lugar, su propio cuerpo dejó lugar para saber y profundizar en lo que había ocurrido, entonces en su mente se pudo recrear lo que había vivido el chico de ojos grises en ese mismo lugar, esa misma mañana, sabía por qué no le contestaba las llamadas y ni lo haría, una bruja había estado allí y se lo había llevado a la fuerza después de haberle colocado un maleficio, no habían muchos rastros para saber quién era ella, más que el montón de escombros en el cuarto de aquel chico, que era una bruja oscura y que seguramente su poder tenía que ver  con la  tierra.

 

Pensó en que ese lugar llamaría mucho la atención a todas las personas de aquella casa y que estaba segura de que tanto Zephyr como Aaron no querrían que se supiera quienes eran en realidad, como  era lo más lógico, así que antes de salir de aquel lugar, se detuvo de espaldas a la puerta y se concentró en recordar uno de los conjuros que había leído en el libro del oráculo

 

-ότι ο χρόνος που πέρασε επέστρεψε τα πάντα στη θέση του – dijo alzando sus manos y después de sentir ese típico cosquilleo en sus mano, las montañas de escombros dentro de aquel lugar se fueron moviendo por toda la habitación hasta formar parte de los elementos que conformaban anteriormente, quedando aquel lugar tal cual Zephyr lo había ordenado.



Skarlett Magnussen

Editado: 16.07.2018

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