La tienda de Regalos

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Prólogo

—Es de suma y vital importancia que consideres todos y cada uno de los puntos que tus padres han puesto en su testamento.

Y heme aquí, sentada en un pequeño despacho un día de verano. Hay un ventilador de escritorio, muy pequeño para sofocar el calor del medio día que entra en la ventana. Nunca pensé que este día fuera a llegar, digo, lo sabía, pero no creí que pasara tan pronto.

El abogado me mira en silencio, debe ser incómodo para él también esto. Su espalda da para la ventana, una muy mala ubicación por cierto. Tomo aire antes de responder, no es fácil asimilar que tus padres murieron súbitamente, pero ya llegaremos a eso.

— ¿Cuáles son esos puntos?

—Solo es uno, permitir que tu tía, Margaret Meight Tercera, te explique la función qué debes desempeñar en la tienda.

Miré al chico incrédula. Mis padres me habían heredado todas sus posesiones al ser su única hija. Ya saben, cosas materiales, la casa (y todo lo que esta poseía), el auto, y para lo que ellos vivían, la tienda de regalos que se encuentra en el hospital.

— ¿En serio pone eso?

Me extendió el papel, lo leí en silencio. No hizo ningún comentario una vez se lo entregué asintiendo. Quedamos en que coordinaríamos el día cuando tía Meight tuviera disponibilidad, y ambos cumpliríamos en el día dado. Me despedí de él, y mientras salía presioné en un número que no creí marcar nunca en mi vida. El entierro había sido unos días atrás, y ella no se había dignado a ir. Bastaron segundos para que la línea fuera respondida.

—Ámbar, es bueno que llamaras. Lamento lo de tus padres.

—Hola tía Margaret



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En el texto hay: nada es lo que parece, misterio, descubrimiento

Editado: 09.07.2019

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