La tienda del señor Dolly ©

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II

Habían pasado unos meses de la recordada fiesta de apertura, y el joven Aron se dirigía hacia la tienda, pues su madre había olvidado comprar algunas cosas que necesitaba ahora para preparar la cena, y como ella estaba ocupada el muchacho fue enviado a buscarlas. Obligado mejor dicho, pues a esa hora pasaban una serie animada que él solía mirar y no quería perdérsela por salir hacia la tienda.
El sol estaba ocultándose y las farolas de las esquinas eran lo único que iluminaba las calles casi desiertas donde ocasionalmente se podía escuchar el ladrido de algún perro o ver pasar corriendo a esconderse a algún que otro gato.
Aron iba en su bicicleta sin prestar mucha atención a lo que lo rodeaba pues estaba apurado en llegar a la tienda y regresar de inmediato a su casa, su padre le había comprado un nuevo videojuego y estaba ansioso por probarlo.
Su perro pequeño, Roco, lo acompañaba correteando al lado del vehículo con su lengua fuera del hocico y su cola realizando movimientos de péndulo, de un lado para otro.
Unos cuantos minutos después el joven llegó a la tienda y entró en la misma, sacando del bolsillo de sus pantalones el papel con las cosas que debía llevar a su madre. Sin embargo, no pudo pedirlas pues detrás del mostrador no había nadie, así como tampoco había otros clientes en la tienda. Extrañado se acercó hacia la puerta de entrada pero comprobó que el cartel de "abierto" estaba colocado en su lugar, lo cual le hizo preguntarse porque no se encontraba ahí el señor Dolly, pues tampoco se podía ver aquel otro cartel de "vuelvo en 5 minutos" que colgaba ocasionalmente cuando iba al baño o a realizar alguna tarea que no pudiera dejar para más tarde. A simple vista la tienda se encontraba completamente vacía, ni siquiera Coco, el simpático mono del señor Dolly se encontraba en lugar, pero su jaula si estaba ahí, colgada a varios metros sobre el techo cerca de un ventilador del lado en que los clientes se paraban, para que de esta forma pudieran tocar al monito. Aron miró con más atención y vio que la jaula, si bien no era de las mejores, estaba algo abollada, con sus barrotes torcidos y con la puerta de la misma destrozada, como si un auto la hubiera pasado por encima.
De repente un sonido captó su atención, el joven se detuvo en el lugar en que se encontraba y paró la oreja intentando escuchar mejor aquello que le había sonado casi como una voz, segundos después aquel sonido se presentó nuevamente y Aron pudo comprobar que efectivamente se trataba de una voz, más de una en realidad, por lo menos dos, una de ellas fue fácilmente reconocible, pues se trataba de la voz perteneciente al señor Dolly, que el muchacho tantas veces había escuchado antes, pero la otra era imposible de distinguir, pues no solo venía de alguien a quien Aron jamás había oído hablar sino que además decía cosas en un tono muy extraño, como si se tratara de un niño que intentaba gritar algo entre sollozos y berrinches. Aunque a la misma vez tenía cierto parecido con la voz perteneciente a un adulto.
Seguramente el señor Dolly que hablaba con alguien y cuando termine vendrá a atenderme, pensó el muchacho mientras se balanceaba sobre sus piernas y se preguntaba quién sería esa otra persona y porque a él le parecía que no estaban manteniendo una charla precisamente amistosa, sino que más bien era una discusión, y una algo violenta. El joven intentó escuchar con más atención pero no podía distinguir con claridad lo que decían, aunque sí pudo detectar que el sonido de la supuesta pelea venía desde el interior de la tienda, en lo que ellos conocían como "la despensa", el lugar donde el señor Dolly guardaba su mercancía y al que los clientes en general no podían acceder, se encontraba casi al fondo de la misma tienda y desde ahí el sonido de las voces se hacía cada vez más fuerte pero no más claro. Aron pensó en acercarse más a ese lugar para intentar distinguir que decían, pero enseguida se dijo que si el señor Dolly lo descubria del otro lado del mostrador en una actitud tan sospechosa seguramente podría enfadarse y pensar que estaba robando o algo peor, lo cual solo le terminaría causando problema con sus padres.
—¡Guau! ¡Guau! —Aron no se dio cuenta de que cuando fue a revisar el cartel de "abierto" había olvidado cerrar la puerta y ahora su perro le provocó un sobresalto al ladrar y lanzarse a perseguir frenéticamente a un gato parado sobre la acerca que inmediatamente corrió a refugiarse en algún árbol. El joven quiso salir a perseguir a su mascota, que le había hecho pegarse un buen susto pero justo en ese momento apareció el señor Dolly, quien se acomodaba sus ropas mientras preguntaba "¿quién anda ahí?" para luego sonreír al ver que se trataba de Aron.
Una sonrisa que sin embargo no se vio reflejada en sus ojos que se movían nerviosamente por el lugar examinándolo todo, su rostro estaba sudado y se le notaba cansado, tenía manchas rojas en las mejillas, como si de repente se hubiera sonrojado, o como si unos minutos antes hubiera estado manteniendo una gran discusión que le provocara un buen disgusto pensó Aron, el cabello gris que le quedaba se hallaba despeinado y desarreglado, parecía como si el amable anciano hubiera venido directamente de una pelea o algo muy similar.
—Ho-hola joven, dígame ¿qué desea? —preguntó el anciano mientras se alisaba el cabello y se acercaba más al mostrador, seguía sonriendo pero claramente se lo notaba nervioso, sus ojos miraban más allá de su cliente, repasando la tienda de lado a lado, por motivos que Aron desconocía ¿Qué buscaría exactamente?
—¿Se encuentra bien? me pareció que escuche voces de pelea ahí dentro —dijo el muchacho señalando con su dedo índice hacia la puerta que daba a la parte trasera de la tienda.
—¿Voces de pelea?- se extrañó el señor Dolly, y con cierto nerviosismo agregó —No, para nada, lo que sucede es que... me compre un televisor, para tener en noches como estas que vienen pocos clientes y francamente me costó trabajo hacerlo funcionar. Tal vez eso te sonó a que estaba peleando pues rezongué un poco con el aparato. Ya ves cómo son estas cosas modernas, los jóvenes las hacen funcionar fácilmente pero a mí no me resultó tan sencillo. Aunque lo logre, lo estaba viendo justo ahora, por eso no te escuche entrar-. Luego con una risa bastante fuerte extendió la mano para ver el papel con las cosas que debía comprar Aron y comenzó a buscarlas, colocándolas sobre el mostrador para que el joven las fuera guardando en su bolsa. El muchacho pudo notar un leve temblor en las manos del señor Dolly a quien estuvieron a punto de caérsele el paquete de fideos que el muchacho guardó en la bolsa cuando finalmente se lo dio. Sonreía de forma extraña, casi como si se viera obligado a hacerlo, y de ves en cuando echaba nerviosas miradas hacia el pasillo que conducía a la despensa. Sin duda se le podía ver perturbado por algo, aunque el muchacho desconocía que podría ser.
—La jaula de Coco está un poco rota —mencionó de repente Aron. El señor Dolly lo miró como preguntándose qué quería decir y de repente abrió los ojos entendiendo que le preguntaban por su mono mascota.
—Oh si... eso. Por desgracia cuando esta mañana vine con el pequeño Coco desde mi casa hubo un accidente. Unos perros cercanos saltaron y me hicieron tirar la jaula a la calle justo en el momento en que un auto venía a toda velocidad. Algo muy lamentable sin dudas —dijo el señor Dolly mientras se acercaba un pañuelo a los ojos y luego sonaba su nariz.
Aron lo miro por unos momentos y luego le dijo que lo sentía mucho. El joven no solía venir mucho por la tienda, mas que lo necesario, pero cuando niño recordaba que aquel monito le encantaba. Eso le ayudaba a entender en cierta forma el extraño comportamiento del señor Dolly y porque tenía ese aspecto, tal vez la pérdida de su mascota lo afectó más de lo que se veía. Aunque aún estaba el asunto de la discusión, Aron estaba tan seguro de haber escuchado la voz de otra persona... Las respuestas que había dado el señor Dolly sobre la televisión no convenció mucho al joven, pero asumió que si él mismo no le prestaba atención no ocurriría algo muy grave, además su madre tenía que cocinar y corría el riesgo de que se enfadara con él si llegaba tarde, por lo que guardando rápidamente las cosas en la bolsa y despidiéndose del señor Dolly, quien lo saludó con una sonrisa un poco más normal esta vez, marcada en parte por un poco de tristeza, producto de la reciente perdida se dijo Aron que se marchaba del lugar pedaleando rápidamente rumbo a su casa.
No notó que cuando se alejó bastante de la tienda el señor Dolly se acercó rápidamente a la puerta, cerrándola con llave y colocando el cartel de "Cerrado" mientras por el vidrio de la misma miraba hacia las casas cercanas, con un rostro de preocupación y miedo.
En su mano derecha sostenía el papel que Aron le había entregado, con las cosas que el muchacho debía comprar, inconscientemente su puño se cerró sobre dicho papel comprimiendolo y arrugandolo hasta transformarlo en una bola deforme que luego arrojaría a la basura, donde también fue a parar una jaula y el cadáver de un mono, muerto no hacía mucho en un accidente sí, pero no uno de tránsito.
Aron estaba a unas pocas cuadras de su casa cuando se dio cuenta de que Roco, su perro, no lo acompañaba, por lo que detuvo la marcha y comenzó a llamarlo con gritos suaves, que fueron aumentando de intensidad a medida que no sucedía nada, el animal, que siempre venía cuando era llamado no aparecía por ningún lado.
—¡Roco, Roco! —gritaba Aron, desde su bicicleta. Solo el silencio le respondía.
Extrañado supuso que el animal habría vuelto a la casa, luego de perseguir a aquel gato, por lo que se dirigió hacia allí pedaleando a toda velocidad. Al llegar, se negó a responder a los gritos de su madre, sobre lo mucho que había tardado en ir y venir y rápidamente le preguntó por Roco, la mujer, cambiando totalmente de actitud, respondió con voz calmada y un poco desorientada que el perro se había ido con él hacia la tienda pero no había regresado antes que Aron. Sintiendo un poco de miedo ante la extraña ausencia de la mascota preciada el joven le pidió a su madre permiso para ir a buscarlo, contándole como no había aparecido cuando lo llamó anteriormente. Su madre estaba negando con la cabeza, a punto de decirle que no quería que saliera en la noche cuando su padre, quien estaba escuchando todo desde el sillón, frente a la televisión, le dijo que lo hiciera, aunque solo le dio permiso para buscarlo en la zona y durante unos minutos. El joven les dio un abrazo a ambos y salió de la casa, mientras oía las protestas de su madre, que ahora su padre debía soportar.
Para hacer más rápida la búsqueda utilizo la bicicleta, recorriendo el camino que había realizado en el último momento en que la mascota había estado con él, o sea el camino hacia la tienda del señor Dolly.
A medida que avanzaba lo llamaba con fuertes gritos que se prolongaban durante unos segundos, "¡Roooccoooo!", que solo eran respondidos por el ladrido ocasional de algún otro perro o las miradas indiscretas de algún vecino que corría las cortinas para ver hacia afuera extrañado por el griterío. Inútilmente estuvo el joven llamando a su mascota hasta que llegó finalmente frente a la tienda del señor Dolly.
Las estrellas cubrían ya el cielo y la luna se encontraba obstruida por nubes grises, que presagiaban tormenta, Aron consultó su reloj y comprobó que eran las ocho y media. Las calles iluminadas por los pocos focos cercanos y las luces de las casas eran una mezcla entre sombras y destellos luminosos, Aron lamento no haber traído una linterna mientras descendía de la bici y se encaminaba a recorrer un poco la zona para continuar con la búsqueda de su mascota.
Este recorrido lo llevó casi accidentalmente a las puertas de la tienda, en ese momento cerrada, del señor Dolly, que estaba ubicada en una esquina de aquella calle y a su lado tenía solamente un pequeño y oscuro callejón sin nada que llamara la atención, ¿o tal vez si?, Aron miró dos veces hacia la profunda oscuridad de ese callejón, pues le pareció con toda seguridad ver destellos dorados dentro del mismo. Se acercó con pasos lentos hasta estar en la boca de aquel lugar sombrío que no le daba sensaciones agradables pero no pudo ver nada, aunque sí comprobó que de hecho se sentía bastante incómodo mirando hacia la oscuridad, nunca le había gustado mucho los lugares así y aquel parecía demasiado oscuro.
Aron recordaba como era el lugar durante el día, dos paredones grandes a cada lado, separados a una distancia de varios metros, un basurero y una puerta trasera que daba a la tienda del señor Dolly eran todo lo que lo formaba, con un tercer paredón de menor tamaño al fondo, que lo volvía un callejón sin salida, por algún motivo esas palabras causaban en Aron una impresión aún mayor que le hacía tiritar levemente, aunque el viento no soplaba con mucha fuerza y la noche no estaba precisamente fría. Mientras más miraba la negrura de aquel lugar tenebroso más le parecía que las sombras danzaban, se movían de un lado para otro, hipnotizantes y llamativas, como invitándolo a entrar en el callejón, una invitación que él definitivamente rechazaría.
Nuevamente lamento no haber traído una linterna.
Y entonces otro pensamiento le llegó, ¿miedo? ¿miedo de que? las sombras no están vivas y claro que no querían invitarlo a ningún lado, había visto mil veces ese callejón en el día, solo tres paredes, un piso húmedo y sucio, un basurero que era utilizado por el señor Dolly para tirar los desperdicios de la tienda y la puerta trasera que conectaba la tienda con el callejón eran las únicas cosas que había ahí... ¿O no? ¿Porque sentía un frió incómodo en la nuca? ¿Porque se sentía como si desde las sombras profundas de ese lugar alguien -algo- lo observara?, estaba inmerso en esos pensamiento cuando le pareció ver nuevamente destellos dorados dentro de la espesa oscuridad. Inconscientemente retrocedió un paso, sus piernas temblaron sin que pudiera evitarlo. Se miró las piernas y se sintió enojado consigo mismo, aunque algo agradecido por verse obligado a desviar la mirada hacia el suelo, o a cualquier cosa que no fuera el interior del callejón.
Respiro profundamente por su nariz y exhalo por la boca, recordándose que los monstruos solo existían en las películas, luego se adelantó lo más que pudo sin entrar en el callejón y miro con más atención a ese lugar y ahí estaba, nuevamente esos pequeños destellos de luz entre las sombras, se movía de un lado para otro y Aron comprobó con creciente miedo como algo mas acompañaba los movimientos, unos sonidos mezcla de gruñidos y rugidos se hacían cada vez más claros. Tal vez siempre hubiera estado ahí de hecho, pues en ese momento, paralizado por el miedo y con la creciente sensación de que algo muy malo estaba por ocurrir Aron perdió totalmente la noción del tiempo. El joven entrecerró los ojos para ver si podía distinguir de dónde venían esos destellos dorados e intentando a la vez distinguir los extraños ruidos, que de alguna forma le parecían conocidos, como si los hubiera escuchado antes en algún otro lugar. De repente se le ocurrió llamar, con voz más suave de lo que hubiera querido, a su mascota.
—Roco —dijo, entre un comentario y una pregunta. La palabra retumbó en el callejón, hasta perderse, tragada por la oscuridad. Nada ocurrió en los primeros segundos, sin embargo los sonidos se detuvieron y acto seguido, un hermoso y simpático perro se apareció desde dentro del callejón, moviendo su cola y girando al rededor del chico, un collar con una placa dorada en el que se leía "Roco" estaba alrededor de su cuello.
—Roco, Roco, ¿donde te habías metido chico? —dijo el joven, mientras pasaba ambas manos sobre el cuello del animal, palpando y acariciando al mismo, pudo comprobar que estaba sumamente sucio, como si se hubiera estado revolcando en la basura.
El animal intentaba lamer la cara del dueño con su lengua, mientras que su cola no paraba de moverse de forma oscilante. Se lo notaba muy contento y Aron se sentía igual por haberlo encontrado. De repente se levantó, dispuesto a llevar a la mascota a casa, pero esta tomó un rumbo totalmente diferente y se dirigió con gran velocidad de nuevo hacia el callejón y segundos después volvieron a escucharse los ruidos se gruñidos y pequeños ladridos, que ahora le parecían a Aron como si su perro estuviera sujetando algo con el hocico, algo que quería llevarse pero no cedía, como cuando a veces mordisqueaba sus zapatos o alguna prenda de ropa que pudiera sujetar.
Nuevamente el muchacho se vio parado frente a las sombras en la boca de aquel callejón que tan tenebroso le resultaba, llamó con voz fuerte y un poco enfurecida a su perro repetidas veces, pero este, abocado en su tarea de morder y cinchar lo que sea que estuviera cinchando no le hizo ni el mínimo caso.
Viendo que sus esfuerzos no servían de nada, el joven se planteó volver a casa y decirle a sus padres donde estaba el animal para que lo vinieran a buscar, pero enseguida desechó ese pensamiento, pues sabía que eso sería reconocer la cobardía y que a sus padres no les gustaría nada que el chico llegara diciendo que temía a la oscuridad con 12 años ya cumplidos. Haciendo acopio de sus fuerzas y recordándose, por enésima vez, que los monstruos no existen y las sombras no tiene vida, se adentro, con pasos lentos y temblorosos en la boca de aquel callejón, de repente se le antojo pensar en un animal indefenso que entra, sin saberlo, en las fauces de la bestia hambrienta, cazador paciente que espera sin moverse a que alguien se acerque lo suficiente y entonces, solo entonces, las fauces se cierran para siempre y toda la luz desaparece tragada por la más completa oscuridad.
Aron siguió avanzando por aquel estrecho y tenebroso lugar, mientras le parecía notar movimiento a su alrededor y el poco valor que había logrado reunir lo abandonaba rápidamente. Solo una basurero se dijo, solo una puerta trasera y un piso húmedo y sucio, solo dos muros altos y un tercero más bajo, que cerraba el callejón, que lo volvía un callejón sin salida, desechó ese pensamiento y se imaginó encontrando a su mascota y saliendo lo más rápido posible de ahí.
Al llegar a donde estaba su perro vio como este cinchaba una bolsa de nailon que estaba medio salida del basurero, intentando sacarla completamente del mismo para poder devorar lo que sea que estuviera dentro, el joven sumamente nervioso lo apartó tomándolo del collar y comenzó a llevárselo a rastras mientras este gruñía hacia el objeto de que instinto le hacía desear. De repente una puerta se abrió, la única en el callejón, y una sombra salió de la misma, discutiendo en voz baja con alguien más, Aron ni siquiera lo pensó, su cuerpo con los nervios a flor de piel y sus sentidos totalmente alertas hicieron que de manera instintiva se lanzara contra el basurero y se ocultara ahí cubriéndose la cara con sus manos, muerto de miedo, esperando cualquier cosa. El perro se safo de su agarre y fue a continuar con su tarea de sacar la bolsa del basurero mientras Aron se tapaba la boca con ambas manos para no llamarlo y sentía como si le latiera el corazón en las orejas. La sombra que había salido discutiendo hizo silencio y se detuvo, vio al animal en seguida y le dio una tremenda patada en el costado, lo cual provocó que este huyera entre quejidos y gritos, olvidándose de su dueño, que estaba acurrucado temblando detrás del basurero sin poder pensar en ninguna forma de escapar de ahí. Fue entonces cuando oyó algo que le causó una gran sorpresa, pues cuando una de las sombras habló lo hizo de una forma tan conocida que Aron tuvo que reprimirse para no salir de su escondite, si segundos antes esa misma sombra no hubiera golpeado a su mascota con tanta violencia, seguramente lo habría hecho, pero algo en su interior le decía que lo mejor que podía hacer era quedarse donde estaba. La voz que venía de esa persona y que causó en Aron tal impacto era la del amable señor Dolly, sin embargo algo no andaba bien, pues en ese momento decía:
—Si el maldito niño hubiera entrado en la despensa tendría que haberme encargado de él —Y sin dejar que la persona a la que iba dirigida ese comentario respondiera agregó como hablando para sí mismo —no puede pasar lo de la última vez, no puede morir alguien más—. Aron se llevó las manos a la boca y cerró los ojos.



Randax

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En el texto hay: juvenil, misterios, terror supenso

Editado: 07.07.2019

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