La tienda del señor Dolly ©

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V

El viento agitaba frenéticamente las copas de los árboles, provocando sonidos sibilantes que transformaban ese viaje al bosque en una experiencia más molesta de lo que el señor Dolly hubiera preferido. Aun así, él continuaba avanzando pues ya estaba a poco de llegar al lugar que él gustaba de llamar "su pequeño secreto", un lugar que solo él conocía en ese bosque que pensándolo bien, solo el y unos pocos más solían recorrer. Tras una caminata de varios minutos llegó al lugar, su pequeña huerta en el bosque, Eliot Dolly se permitió sentarse para tomar aire en el viejo banco que tenía en el lugar para momentos como esos, mientras deseaba poder haber creado la huerta en el jardín de su casa o en un lugar más cercano, pero recordando casi al mismo momento que dentro de la última voluntad de la antigua dueña de aquella casa estaba que su preciado jardín permaneciera en el lugar. A ella le había gustado mucho cuidarlo y admirarlo en vida, pero ahora él tenía que pasar doble trabajo, cuidando dicho jardín y cuidando su huerta, aunque nunca se le había pasado siquiera por la cabeza no respetar los últimos deseos de la dueña, pues para Eliot Dolly solo había algo real en este mundo, solo algo que valía la pena honrar y proteger, y eso era sin duda alguna la familia, la sangre de su sangre, personas que siempre estarían unidas por algo más que el apellido y el lugar de nacimiento, pocas cosas importaban tanto para él como la familia y ninguna importaba más.
Tras unos pocos minutos de reflexión y descanso se levantó, recogió las lechugas y tomates que había ido a buscar, las hecho en su bolsa y tomó una manzana para el camino, luego regresó a la casa, debatiéndose entre una ensalada sin carne o una ensalada con carne y recordándose que no había porque apurarse, pues hoy que había salido más temprano de su tienda tendría el tiempo suficiente para decidirse, le pareció tan fortuito este acto, "fuga de gas" dijeron los bomberos, "tendrá que cerrar su tienda por hoy señor", sin duda apenaba al señor Dolly no poder ver a aquellos clientes, que más que eso eran amigos, pero por otro lado el dinero no le faltaba, pues aún conservaba una parte de la menguada fortuna heredada, siempre y cuando tuviera su casa y su familia todo iría bien. Ya abriría mañana y tal vez trabajara hasta un poco más tarde, si es que se sentía con ganas.
El señor Dolly no sospechaba que mientras el recorría el camino de regreso, en su casa había un intruso que, revolviendo por aquí y por allí su cuarto buscaba desesperadamente una llave, una llave para una puerta sin picaporte.
Casi sin notarlo el señor Dolly se desvió un poco de su camino y de repente mientras tarareaba una vieja canción de tango su pie chocó con algo duro que se movió levemente, el señor Dolly no lo había visto hasta entonces pues estaba cubierto por una grandes hojas de un árbol cercano, un reflejo de color rojo llamó su atención, pues venía del objeto que había golpeado. El señor Dolly alejo las hojas y sostuvo aquello que ahora, visto sin nada delante, se mostró como una bicicleta. Roja y de tamaño medio, como la de un adolescente, con cambios, frenos en aparente buen estado y la correspondiente pata para que al soltarla no se cayera. Sin duda una bicicleta en buen estado, no nueva pero totalmente funcional, aquel descubrimiento extraño mucho al señor Dolly, que se preguntaba ¿qué hacía eso ahí? ¿porqué estaba en el bosque, como tapada por las hojas, como escondida? Y sobre todo, ¿porqué le parecía tan familiar? ¿La había visto antes? Las preguntas eran muchas, pero quedarse allí no respondería nada, por lo que tomó el vehículo y se lo llevó consigo de regreso a su casa, ya mañana o bien otro día lo llevaría a su tienda y tal vez hiciera algún sorteo con el, si es que su dueño no la encontraba antes. Mientras caminaba por el sendero hacia su casa los árboles continuaban agitándose salvajemente por el viento y el sol, que hasta ese momento había dado calor y alumbrado a su alrededor comenzaba a verse oculto por nubes grises de tormenta, últimamente llovía bastante seguido por la zona y eso molestaba al anciano, que prefería los días calurosos y soleados. De repente un recuerdo se agitó en la mente del viejo señor Dolly, al verse de nuevo caminando por ese mismo lugar, justo debajo de una tormenta. Intento alejar el recuerdo de su mente pensando en cosas cotidianas, pero mientras más intentaba que desapareciera, más real se volvía, no le gustaba recordar ese tipo de cosas. Todo iba tan bien, todo era tal y como él siempre había querido que fuera. Ese estúpido niño lo arruino todo, le gustaba que le dijeran adolescente, como si eso le diera algún estatus de algo, como si le diera la capacidad de poner en peligro algo tan importante como la familia, como su familia...
Le había dado asilo durante unos días, antes de aquella brutal tormenta, pues el muchacho había huido de casa y no tenía nada ni a nadie. Cristian, aquel era su nombre, dieciocho años le había dicho, aunque el señor Dolly le daba diecisiete como máximo. Cuando golpeo su puerta pidiendo algo de comer el señor Dolly supo que no debía dejarlo pasar, sin embargo lo hizo, su corazón blando siempre había sido su mayor debilidad, sobre todo cuando se trataba de niños. Al final el muchacho había sugerido poder quedarse unos días, trabajar para él y ganar algo de dinero para luego irse al pueblo y buscar algún ómnibus que lo llevará más lejos. Y, en contra de su voz interior, nuevamente había accedido el señor Dolly. A pesar de todo, cuando el joven se marchó, no se sintió tan contento, estar acompañado por alguien como él le había gustado, aunque se negara admitirlo. Y entonces comenzó a preguntarse lo que tantas veces se había preguntado antes, ¿Porque? ¿Porque había regresado a la casa? ¿Porque tuvo que haberlo hecho esa noche, justo cuando él no había bajado al sótano aun? ¿Acaso le ocurrió un accidente que lo llevó de nuevo hacia la casa? ¿Porque tuvo que abrir esa puerta?. Recordaba ahora casi como si lo estuviera viendo, cómo después de una terrible tormenta el viejo Dolly entró en su casa y se encontró con que había un intruso en la misma, "estaba en la cocina primero" pensó Dolly y luego estaba en el sótano, seguramente escuchó los sonidos y creyó que había alguien allí, muy joven, muy tonto sin duda. Si el hubiera llegado antes, tal vez no lo habría atrapado, tal vez hubiera podido arreglar las cosas. Ahora el cuerpo de Cristian, lo que quedó de él, descansaba en paz detrás de la vieja casa del señor Dolly y que antiguamente había pertenecido a su familia, todo porque él había tardado en llegar a su casa. Recordar la escena que había visto dentro del sótano le provocó náuseas y tuvo que parar para respirar un poco e intentar recomponerse, alejando esos pensamientos de su mente.
Unos truenos comenzaron a escucharse sobre su cabeza, la tormenta ya no solo se presagiaba, ahora era una realidad. El gris cielo se expandía por todas partes y a lo lejos solo se veía aún más oscuro, las primeras gotas caerán pronto, pensó entonces el señor Dolly, intentando nuevamente desviar de su mente aquellos recuerdos trágicos.
—Será mejor que me apresure —murmuró para si mismo y el bosque le respondió haciendo mover las copas de los árboles con violencia. Esta vez llegaré a tiempo pensaba. El señor Dolly avanzó a paso ligero, pero ya no silbaba.
Eliot Dolly no lo sabía, y nunca lo sabría, pero cuando él llegó al portón de la vieja casa y empujó para abrirlo, dentro de la misma había una puerta que también estaba siendo empujada y se estaba abriendo, estaba ubicada en el sótano y que no tenía picaporte, pues sería arriesgado si así fuera, por ella entraba cierto intruso, mientras que el señor Dolly se dirigía hacia la casa, mientras que afuera caían las primeras gotas de una gran tormenta que se avecinaba, y en el pueblo un padre y una madre miraban la televisión, preguntándose ella como le estaría yendo a su hijo en un trabajo en equipo que le había comentado, preguntándose él porque el perro, Roco, estaba tan inquieto desde hacía rato.
El señor Dolly entró en la casa y deposito la bicicleta encontrada cerca de la estufa. Luego se dirigió a la cocina pues ya había decidido que cocinar, una ensalada sin carne para comer más sano. Aquel sonido lo tomó levemente desprevenido, pues eran gritos y golpes, alguien aullaba con desesperación "¡No, déjeme!" y alguien golpeaba y pataleaba, tiraba cosas, rompía cosas. El señor Dolly sintió el ruido y la bolsa con lechugas y tomates que había recogido cayó de sus manos temblorosas al suelo, provocando un sonido que el señor Dolly ni escucho, teniendo toda su atención centrada en lo que ocurría más lejos. La pelea venía desde el sótano, bajando la escalera del pasillo más lejano que tenía la casa en el piso de abajo, hacia la izquierda de donde se encontraba el anciano. Sin pensarlo corrió hacia el lugar.
Cuando corría piso sin darse cuenta uno de los tomates que había caído y estuvo a punto de resbalar, aunque no lo hizo, y continuó como si nada. El delicioso tomate, ahora aplastado bajo su pie, chorreaba el líquido de su interior, que se combinaba con su roja textura, haciendo parecer como si allí hubiese corrido algo más, líquido y rojo, casi como la sangre.
Aron intentó retroceder pero la linterna había caído de sus manos y en la oscuridad resbalo y cayo. Unas grandes manos lo sujetaban ahora de sus piernas e intentaban arrastrarlo hacia donde se encontraba esa persona. El muchacho se retorcía e intentaba sujetarse de algo, pero no había nada o al menos él no podía ver nada. Desesperadamente alargó la mano hacia la linterna, que no pudo sujetar al primer intento, pero que si logro tomarla al segundo, moviendo con frenesí sus piernas logró liberar una, perdiendo su zapato en el intento, y comenzó a patear hacia adelante, intentando darle a ese que lo tenía sujeto con firmeza de la otra pierna. Aron no lo notaba pero estaba gritando, sudando, llorando, estaba desesperado, jamás había pensado que algo así podía pasar, de hecho en este mismo momento no pensaba en nada, lo único que pasaba por su mente era escapar.
Tomando con firmeza la linterna alumbró hacia donde se encontraba aquella persona que al primer vistazo le había parecido ser el señor Dolly, esta le soltó la pierna y se cubrió con una enormes manos la cara, retrocediendo un poco. No, definitivamente no era el señor Dolly, ahora que Aron lo veía mejor a la luz de su linterna noto que se encontraba frente a alguien parecido al anciano, pero diferente en una forma muy retorcida, su cuerpo era más grande que el del viejo Dolly, bastante más de hecho e iba vestido con uno de los delantales que usaba el señor Dolly para trabajar en su tienda, pero viejo y manchado de mugre y además se notaba que le quedaba bastante pequeño en su gran cuerpo. En sus muñecas tenía grilletes unidos a largas cadenas pegadas a la pared. Ahora Aron entendía el grave error que había cometido, ahora entendió, de repente, porque el señor Dolly arrastraba con tanto esfuerzo aquella gran bolsa negra en el callejón, al principio había creído que se trataba de un niño, que tonto había sido, ahora lo veía claramente. Quien arrastraba el señor Dolly en aquel callejón no era otro que ese que tenía delante ahora, cubriendo sus ojos de la luz de la linterna como si fuese un vampiro a plena luz del sol. De repente el encadenado se destapo la cara e intentó sujetar a Aron, pero este lo esquivo saltando hacia atrás y alumbrando nuevamente a los ojos del desconocido pero peligroso hombre. Ahora también lo veía, el parecido con el señor Dolly era innegable y comprobaba otra idea que se había creado en su mente en esos pocos segundos, Aron recordó:
>>El más pequeño de los hermanos... enfermedad mental... internado contra la voluntad del señor Dolly... muerto por mala administración de medicamentos... Elliot Dolly se encontraba cuidándolo mientras sus hermanos mayores viajaban en aquel avión que terminó con sus vidas al estrellarse...muerto... mala administración de medicamentos... Dolly lo cuidaba...
Y entonces Aron recordó:
—"Quiedo ir a casa" —¿"Donde edta mama"?-
—No te preocupes por tu casa, te llevaré a la mía, ya nunca volverás a salir—
Salir, ¿o escaparse?. Mama, su madre, y la madre del señor Dolly. Casa, el lugar en que había estado recluido, el lugar en el que había muerto por una mala administración de remedios mientras que lo cuidaba el señor Dolly, quien nunca aprobó que con su hermano pequeño se hiciera tal encierro, tal injusticia. ¿Había muerto de verdad? Aron ahora lo veía, ahora entendía, cuán terrible era el verdadero secreto del señor Dolly.
Las luces se encendieron de repente, dos tubos de luz colocados en el techo, Aron se sorprendió ante esto y no pudo evitar cerrar los ojos por unos segundos, debido al paso de la oscuridad casi total a la luz. Los estaba abriendo cuando escucho un sonido de cadenas arrastrándose y esta ves no pudo esquivar, el hermano del señor Dolly lo sujetaba por los brazos y el pecho, presionando con sus enormes manos el pequeño cuerpo del muchacho. Abrazándolo y casi aplastandolo. El olor repugnante que Aron había sentido antes pertenecía a el y eso le hizo vomitar, aunque el gigante Dolly no lo a pesar de eso. La saliva le caía de la boca y tenía en esta una mueca que era una mezcla repulsiva entre sonrisa y excitación.
Aron levantó los ojos y vio que el señor Dolly se encontraba ante el umbral de la puerta, muy serio, pero en sus ojos podía verse frialdad. El joven lo observó directamente, pidiéndole ayuda con la mirada, pues apenas podía hablar.
—La familia —dijo —es el tesoro mas preciado de un hombre que detesta la soledad. Eso lo se yo, que he perdido a la mía y a día de hoy cuento solo con él, mi hermano —El señor Dolly daba vueltas por la habitación, recorriendola sin mirar a Aron, luego agregó —No podía dejarlo encerrado en ese horrible lugar, no podía negarme a cuidarlo, ¡es mi responsabilidad! —gritó y las gafas temblaron en su cabeza, su hermano pequeño sujeto con más fuerza a Aron, que apenas podía respirar, intentaba gritar, pero no lograba hacerlo sin el aire que le faltaba, el señor Dolly prosiguió recuperando levemente la compostura.
—Pero aun así... él es especial, no es malo, pero es especial, no puede estar con las otras personas, no mide su fuerza, no mide las consecuencias. Aveces lastimaba mascotas, niños, y por eso mis dos preciados hermanos mayores decidieron internarlo para siempre, intentando borrar todo rastro de él de una vez. Les daba vergüenza su propio hermano. Ellos no apreciaban el valor de la familia, ellos no sabían que sin nosotros no tenemos nada. El amor de la familia es para siempre. Por eso me lo lleve, por eso vine a este lugar apartado y por eso lo escondí aquí, nos escondimos aquí— tragó saliva y luego se acercó más a Aron, acarició con su mano la cabeza de su hermano y este le dijo:
—¿Puedo quedadmelo? ¿Puedo jugad? —el tono burlón y lento de expresar estas palabras hicieron que Aron comenzara a llorar con mayor fuerza, tomando consciencia de cuál sería su destino.—
—Puedes —respondió el señor Dolly, sin mirar a Aron.
—No, por fav... —El hermano había soltado una de sus manos y había introducido en la boca de Aron una media vieja y sucia que se encontraba en el suelo. Este intento gritar, pero no pudo hacerlo. Intentó sacudirse y retorcerse para escapar pero las manos de quien lo sujetaban no cedían. De repente sintió un dolor atroz en el brazo derecho y un grito como ninguno fue silenciado por aquella media que tenía en su boca, enseguida perdió todas sus fuerzas, su brazo estaba roto debido a la fuerza ejercida por el gigante que lo tenía atrapado y Aron veía con lágrimas en los ojos y a punto de quedar inconsciente como el señor Dolly se dio media vuelta y se dispuso a salir de la habitación, se detuvo en el umbral de la puerta y sin darse vuelta dijo en parte para Aron y en parte para sí mismo:
—El no es un mal chico, pero no puedo perderlo, si lo descubren, lo perderé. Ustedes los jóvenes, no conocen el valor de la familia, no conocen la importancia de aquellos que comparten tu sangre. Tu, como el otro, no saben apreciar lo que tienen, lo que les fue dado. Tu, como el otro, son demasiado curiosos, ambos bajaron a este sótano y ambos entraron en esta habitación. El no salio y tu, tu tampoco lo harás, no puedo permitir que lo hagas y mi hermano, ha estado tan solo desde hace tanto tiempo, ya vez que su último amigo fue mi mascota Coco y lamentablemente... —Se interrumpió y agregó luego en voz más alta y clara —La más importante de las familias es la de sangre y si a veces requiere un poco de ella para que siga unida, que así sea—.
Dolly salió de la habitación, cerrando la puerta con llave tras de sí y tras echar una última mirada al muchacho, que lloraba y se retorcía sin lograr nada sintió una punzada de pena en su interior, sin duda era tan joven.
Los gritos llegaron más tarde, pero ya el señor Dolly, dedicado de lleno a la cocina, no los oía, ya nadie podía escucharlos.



Randax

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En el texto hay: juvenil, misterios, terror supenso

Editado: 07.07.2019

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