La última del legado

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Capítulo 2

—¿Qué sabes de los legados? —pregunté, en ese momento no sabía qué más decir.

—Eso no te lo puedo decir aquí, es más, escóndete que yo ya no puedo estar más aquí —dijo apenado— Nos vemos mañana en ¿Clase? Quizá te hable más —sonrió.

No sé qué hacía el allí ese día, pero me salvó de una sombra cuando no la vi, a partir de ahí fue como si se abriera a mí, me hablaba más seguido, al principio una vez por semana pero era un avance.

—Hola —saludó mientras se sentaba a mi lado— ¿Qué tal has estado? Cuéntame —dijo con una sonrisa.

Fue el primer amigo que había hecho desde que entré a la escuela. Unos meses después comenzamos a hablar casi todos los días, no teníamos más sucesos paranormales o eso creímos.

Un día decidimos ir juntos a la escuela, vivíamos bastante cerca por lo que fue a esperarme afuera. Salí y efectivamente él estaba esperándome.

—Hasta que sales, llevo años aquí esperando —dijo burlón, a veces le gustaba bromear sobre lo que se pudiera— En fin, ¿vamos?

Chocamos los cinco y caminamos, no sé pero ese día lo vi feliz, no como su seriedad que acostumbraba tener. Caminamos en silencio mientras sacaba mi cuaderno, desde que lo recuperé no lo había abierto. Un papel negro cayó al suelo. Tenía escrito algo extraño.

"Ten cuidado con lo que deseas niña, puede que se te haga realidad y no resultar lo que creías, aprende a hablar menos y pensar más"

No entendí a qué se refería con aquella extraña nota. Solo seguí caminando y él no me preguntó. No me preguntaba porque sabía que si era necesario yo le diría. En pocos meses logramos una total confianza como si nos conociéramos de toda la vida.

Las chicas estaban informadas sobre lo que pasaba con él, un día me dijo su nombre, les conté que nuestro querido SuNI se llamaba Cristian, a lo que Cata me dijo que ya sabía. Cosa que no sorprendió a nadie. Nos reímos todas juntas aquella vez.

Entrabamos al salón y todo estaba normal, el profesor con cara de pocos amigos y el murmullo de los que estaban adelante hacían imposible escucharlo.

Cris solo hacía lo de siempre, estar sentado escribiendo sin mirar al frente. Pero algo no andaba bien, el aire se sentía pesado.

—Cris, ¿no te sientes extraño al respirar? —susurré.

—Sí, es extraño —dijo mientras seguía concentrado en lo suyo.

El resto del día pasó igual, el ambiente se sentía extraño. Ambos pensábamos en qué podía estar pasando en ese momento. Cuando salimos de clase no mejoró mucho. Charlamos para distraernos, hablábamos sobre cosas sin sentido como lo son pensar qué diría una nube si mirara al suelo, como si fuera al revés de lo que nosotros hacemos al darle una forma.

Mi teléfono sonaba sin explicación, yo lo había apagado horas antes, retrocedí unos cuantos pasos. Cris me miró, no me dijo nada. Minutos más tarde dejó de sonar, no iba a contestar porque eso era muy raro.

Decidí volver con las chicas, dejé el teléfono cargando mientras me recostaba en mi cama. Cata y Ari tenían clase en la noche, Marissa dijo que estaría ocupada hasta tarde, por lo que esa noche yo estaría sola.

Sentí la una extraña necesidad de ir al baño, sin explicación. Entonces me dirigí al baño y me lavé la cara, me costaba creer que me comenzaran a pasar sucesos paranormales.

Miré mi reflejo en el espejo, algo no estaba bien, había algo más. Veía a alguien detrás de mí, pero no había nadie. Veía a una chica de cabello castaño, su cabello era rizado. Parecía acercarse a mí, el espejo se tornó negro y solo la veía a ella., estaba enfrente de mpi, como si ella quisiera salir del espejo.

Y efectivamente, salió del espejo, dejando de la cintura para abajo dentro del espejo.

Se me quedó mirando unos segundos que yo sentí como si hubieran sido horas, esa chica era misteriosa, era traslucida brillaba como un fantasma.

Retrocedí, ella salió totalmente del espejo. Salí corriendo del baño hasta la habitación.
Para mi sorpresa ella estaba ahí, mirándome, controlando lo que yo hiciera.

Solo me sonrió antes de desaparecer. Fue extraño

No hubo corte de luz, la luz del pasillo siempre estuvo encendida, pero la de mi cuarto no.

Siempre analizaba las cosas tarde, ese fue mi problema durante años, a la edad de dieciséis años eso no cambió. Mi hermana tenía dieciocho, ella siempre fue de meditar sus decisiones; era algo que siempre me enojaba de ella.

Durante mucho tiempo soñé que no podía alcanzarla, desde pequeña estuve a su sombra. Siempre quería cambiar eso.

Me recosté aquella noche, Marissa llegó pocos minutos después. Nos hablamos con la mirada.

Miré como ella se acostaba. Se veía agotada. ¿Qué podría estar haciendo? ¿En qué podría estar metida? Era Marissa, tenía demasiado cerebro para estar en algo peligroso, o eso creía yo. Aunque en mi ser llevara siempre celos de ella, ella era mi hermana después de todo, era muy importante para mí. La veía todo el año, a mis padres los veo cada vez que puedo, aunque la mayoría de las veces sea solo en vacaciones.



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Editado: 21.05.2018

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