La última del legado

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Capítulo 4

Tres días después de haberme comunicado con aquella chica fantasma, o como prefería llamarse a sí misma: Ghost Girl, las cosas se pusieron bastante extrañas, Las cosas se movían, desaparecían sin razón y mi hermana había desaparecido. Ni Cata ni Ari sabían de su paradero.
Ella sabía algo pero no me lo quería contar.

Según Cata, ella seguía yendo a la escuela, después de todo era su último año. Así que pensé como confrontarla. Caminé muy temprano a la escuela, busqué en la cafetería ya que era normal que ella fuera con su grupo de amigos.
Todo iba bien, la observé un buen rato, ella pareció verme. Se separó de su grupo de amigos, corrí detrás de ella pero misteriosamente cuando estaba por alcanzarla una puerta de abrió. Ella no perdió la oportunidad de entrar, cuando yo entré, segundos más tarde; ella ya no estaba. Como si se la hubiera tragado la tierra. Simplemente desapareció.

Salí de aquél lugar frustrada, Marissa tendría que explicarme muchas cosas y solo me evitaba. No era la única que actuaba extraño, aunque no encontraba explicación para su comportamiento. Me evitaba, no hablábamos, no me contestaba las llamadas.

Me sentía más sola que nunca, abandonada como un perro callejero. Miraba el reloj esperando que me contestara. Las horas pasaban, los días también y se acercaba el día final, aquél del cual sabía que si aceptaba mi vida cambiaría.

Pero también había alguien desaparecido, estaba llegando a clase más tarde de lo normal, me contestaba los mensajes una vez al día, con suerte dos. Intenté preguntarle un día, terminamos cayendo en el medio del pasillo, parecía como si en ese momento nos fuéramos a besar, él quedó totalmente colorado.
Todo estaba raro, cuando intentaba dormir las cosas se movía, sentía una brisa gélida, sabía que ella estaba allí. Pero no podía hablarle, no podía emitir el más mínimo ruido.

Casi finalizando el tiempo que tenía para decidir me llega un mensaje. Era Marissa.

“Yo no puedo interferir en tu decisión, has lo que creas correcto pero ten cuidado si aceptas”

Ella sabía de todo esto, pero ¿cómo? Si se suponía que todo era un secreto. ¿Qué escondías Marissa? No me podía imaginar cómo podrías haber estado ligada a todo lo que me sucedía.

Las últimas horas antes de volverme a encontrar con aquella chica parecían eternas, ¿aceptaría? No lo sabía, lo dudaba. Es irónico, antes quería tener algún poder y en ese momento me daba miedo aceptar, ¿qué me estaba pasando? Temía perder a Cris si aceptaba. ¿En qué momento pasó a importarme tanto alguien que sabía que si aceptaba no podría ni verlo? Quizá me había vuelto masoquista sin darme cuenta.

Pasaban las horas, cada segundo parecía no pasar, me resultaba extraño no tener ninguna actividad paranormal. Miraba lo espejos, las ventanas, todo. No tenía noticias de nada, era completamente extraño. ¿Cuándo aparecería? No estaba segura, ¿la vería hoy? Tampoco lo sabía. Solo me dejé llevar por el instinto. Decían que el instinto femenino era bueno, pero creo que el mío estaba defectuoso. Algo pasaba conmigo, estaba entre saber de ella y no creer en mí, pero como solía ser impulsiva esperé ver si tenía razón.

Minutos más tarde el aire se sintió pesado. Me costaba respirar, sentía cómo si algo me apretara el cuello en el proceso. Algo me hizo sentir que debía ir al baño, no entendí la razón, solo fui. No me cuestioné porqué hacía lo que hacía. Caminé, la puerta estaba cerrada, aunque para mi sorpresa seguía sola, mis “amigas” no estaban. Mi hermana me debía respuestas pero no me las daba. Lentamente abría la puerta. Temblaba, tenía miedo de lo que pudiera pasar.

“Kaela, ¿qué estás haciendo?” pensé, no sabía por qué hacía esto. Algo me guiaba, no era yo en ese momento. La luz del baño estaba apagada, estaba totalmente oscuro.
Un brillo blanquecino salía del espejo.

—Si aceptas, coloca tu mano sobre el espejo —dijo una voz femenina.

¿Aceptaría? ¿Lo rechazaría? Una propuesta así se da una vez en la vida, entre al baño, suspiré. Tomé coraje, me acerqué lentamente al espejo y posé mi mano sobre él.
El brillo blanco comenzó a cubrir mi brazo, avanzando por todo mi cuerpo. Cerré los ojos, no quería ver lo qué podía pasar. ¿Hice bien? ¿Hice mal? No lo sabía, tampoco sé bien porqué acepté, creo que la curiosidad siempre ha sido más fuerte que yo.

Abrí los ojos, no sé si dormía o estaba despierta. Pero estaba a oscuras, no veía nada. Me levanté lentamente. Mirara por donde mirara de todas formas no había nada, era una total oscuridad.

—Bienvenida Kaela —dice una voz femenina, la cual veía parada frente a mí— por un momento temí que no aceptaras.



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Editado: 21.05.2018

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