La última oportunidad.

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XXXVII: Doloroso.

NAIARA.
 


Es todavía de madrugada. La señora de la noche pasada todavía está trabajando, por lo que puedo completar mi plan con éxito. Bajo hasta el piso donde se encuentra recepción. La mujer me atiende como si me llamara Gabrielle de Dellower, y yo le pido que emita una tarjeta de pase para mí, es decir, a mi verdadero nombre. Ella lo hace como si nada, y me lo entrega con rapidez. Luego de eso, me ofrece sus servicios, y yo tengo un único favor por pedirle.

La señora sin chistar me da las llaves del baño que usan algunos de los empleados del hospital, y yo me encierro en el baño. Me doy una ducha corta, me peino el cabello para no verme indecente, me visto con la ropa que traje —cómodamente—, y luego salgo. Le doy un poco de dinero, porque está siendo muy buena conmigo, y luego vuelvo a subir a la parte de Cuidados Intensivos.

Ahí me quedo toda la noche y la madrugada. Y de hecho, veo el amanecer con calma por una de las ventanas enormes que se extienden en las paredes. Y casi salto de mi lugar cuando escucho a mi celular sonando en medio de la soledad de la sala. Al parecer, todos han dejado solos a sus familiares ahí dentro.

Yo quiero cuidar de Bradley. Sería la última en recibir cualquier noticia sobre él si me quedara en mi casa.

Tomo el aparato electrónico entre mis dedos y respondo a la llamada con rapidez. Es un número privado.

— ¡Buenos días, dormilona! Soy Gabrielle, pasaremos por ti en una hora. Iremos a desayunar juntos, y vamos a ir a ver a Bradley, que va a despertar hoy —avisa, con su voz tan melodiosa—. Con todas las energías, ¿no?

—Buenos días, Gabrielle —murmuro—. Yo estoy en el hospital desde hace un largo rato.

— ¿Cómo? ¿Dices que estás afuera hace rato? ¡Naiara! ¡Si tú bien sabes que no tienes tarjeta de entrada! —Parece verdaderamente preocupada. Me avergüenza haberme aprovechado de su inocencia—. Me alisto pronto y ya llego, ¿de acuerdo?

—Está bien. Estoy adentro. Es una larga historia... —explico—. Tárdate lo que quieras.

En menos de una hora tengo a Terrence, Phoebe, Zack, Irene, Dante y Gabrielle en el hospital. Gracias a que minutos antes yo entregué la tarjeta de Gabrielle a la otra recepcionista, ellos no se dan cuenta de inmediato cómo es que entré, sin embargo, cuando les comento cómo hice para entrar y desde qué hora me encuentro aquí, todos se quedan pasmados.

¿Qué? ¿Acaso nunca han visto a una mujer completamente enamorada de un hombre bueno? Porque yo lo estoy. Estoy totalmente enamorada de Bradley, y así no esté completamente bien, no pienso dejarlo solo. En las buenas, malas y peores.

—Estás loca —Phoebe es la primera en hablar luego de todo el relato—. Eres una chica loca, sin sentido común ni escrúpulos. No le temes ni al propio diablo. ¡Y piensas irracionalmente!

Igualmente, me mantengo firme en mi lugar.

—Y eso demuestra lo mucho que quieres al tonto de Bradley, Naiara —sonríe con diversión—. Y me alegra muchísimo que haya alguien que lo quiera de esta forma, con esa locura irremediable. Sé perfectamente bien cómo te sientes, no sabes cuánto lo sé. Por eso me alegro.

—Pues yo no estoy para nada alegre. Me has robado mi tarjeta, has corrido mucho peligro, no has dormido nada y todo por mantenerte a la espera de noticias que nunca te iban a llegar a esas horas —gruñe Gabrielle—. ¿Qué te crees que eres, niña loca? ¿Quieres que me dé un infarto acaso?

—No lamento nada.

—Eso ya lo sabemos perfectamente —suelta, y me da un abrazo—. Tú más que nosotros necesitaba descanso, y eso es lo que más me enoja. Te has quedado con Bradley cuando incluso nosotros, que se supone que lo conocemos más y lo amamos más, no lo hicimos.

—Yo lo supe desde que dijiste que necesitabas aire fresco —confiesa Terrence, que es el único al que no le sorprendió mi historia—. Vi cuando le robaste la tarjeta a Gabrielle, y por un momento quise delatarte. Me pareció una falta de respeto que hicieras eso, me enojé mucho. Pero luego me dije a mí mismo que no estaba bien. Que yo estaba abandonando a mi hermano, y que tú luchabas por mantenerte a su lado. Me obligué a no delatarte, porque parecías devastada desde que preguntaste si lo íbamos a dejar así. Pero sigues siendo tonta por eso.

—Yo solo sé que tengo hambre. ¿No iremos a comer? Vamos, por favor —Zack interrumpe—. Naiara está completamente enamorada de Bradley, y se quedó aquí toda la noche, la madrugada y la tarde de ayer también. Supérenlo. Denme comida.

Van a comer. Y digo que van, porque yo me niego a abandonar este lugar. Así que me traen un desayuno poco nutritivo de Mc Donald's, y nos quedamos ahí toda la mañana, los Dellower hablando entre ellos, Phoebe hablando con Irene sobre quién sabe qué, y yo solo viendo a la ventana. Los autos pasan tranquilamente, y las personas cruzan las calles con calma. Y me pregunto cuándo será el momento en que una de esas personas sufra lo que yo sufrí. Me pregunto cómo la vida puede ser tan cruel para que entre tantos... entre tantas personas, haya truncado el camino de Bradley.

¿Por qué las mejores personas tienen que sufrir tanto?

Casi a la hora del almuerzo llegan Brenda, Brandon y Mathew —el abuelo de los chicos Dellower—. Nadie comenta nada acerca de mi aventura, y nadie se atreve a acercarse a mí en ningún momento para irrumpir mi profunda visualización a los autos.

Sin embargo, cuando el doctor llega, todos nos acercamos para darle la debida atención.

—No ha despertado —comenta, y mi cuerpo entero se siente de pronto decaído, mi alma entera se va al piso, y no decir más de mis ánimos—. Pero se encuentra en un mejor estado, así que pueden ir a verlo. Pronto despertará. Solo pueden entrar de dos en dos. ¿Quién entra primero?

Pasan primero Brenda y Brandon. Luego Dante y Gabrielle. Terrence y Phoebe. Matthew y Zack, porque Irene no se atreve a verlo. Y el tiempo nunca antes se me pasó tan lento. De verdad que no. Cuando llega mi turno, me quedo prácticamente sola. Y claro que no me agrada la idea de verlo yo sola, sin embargo, Irene no piensa entrar, y nadie se atreve a acompañarme, así que entro yo sola.



Sharon Úbeda

Editado: 22.04.2019

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