La última oportunidad.

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XII: Notas.

Naiara.

— ¿A qué se supone que vamos? —Cuestiona Bradley, a mi lado desde su lugar en uno de los asientos de Cálculo. Ahora tiene la extraña costumbre de sentarse a mi lado en las clases, no sé si es solo para no aburrirse o porque no le gusta estar al lado de los otros chicos—. ¿Gestión Empresarial?, ¿o era Literatura?

—Literatura —respondo, bajito para que el profesor no se entere de que estamos hablando—. ¿Estás aburrido?

—Muy aburrido, ¿ya terminaste? —Señala mi cuaderno, indicando que habla del trabajo en clase que el profesor dejó, y yo asiento con la cabeza—. ¿Y no podemos irnos aún?

Niego con la cabeza. Es imposible que nos vayamos sin un reporte o menos puntos en la calificación trimestral. Así que aunque podamos irnos, no debemos si lo que queremos es aprobar con buenas calificaciones el trimestre.

—Mierda. Esto es un martirio —gruñe.

Yo sonrío. Se me ocurre la maravillosa idea de jugar algo con una hoja de mi cuaderno. Dibujo delicadamente una figura en el papel, y se lo paso. Él sonríe de oreja a oreja y rueda los ojos para posteriormente empezar a realizar trazos en la hoja. Cuando termina, me lo pasa. Debajo de mi dibujo de una carita redonda, de ojos grandotes y un único rizo en el centro de ella, que indica a un divertido Bradley, se encuentra un círculo que con varias líneas verticales, demuestra que el cabello de la carita es un desastre. Denota ojos cansados y aburrimiento también. Soy yo. Así que termino escribiendo un corto texto para que él responda algo.

"Había una vez un chico de cabello rizado, que estaba muy aburrido en la clase de Cálculo... (Continúa con la historia, por favor)".

Le toma un buen rato en devolverme el papel, parece inspirado escribiendo, rayando, borrando, y volviendo a escribir, y cuando lo hace, hay varios tachones en varias palabras. Así que me cuesta leerlo, pero lo consigo.

"Pero a su guapa** compañera de clases, se le ocurrió que escribir una carta con una historia dentro era buena idea para evitar el aburrimiento, así que empezó a verla escribiendo. Y dictaminó que se veía muy bonita rara y ocurrente".

"La compañera de clases no supo qué decirle, pero de igual forma no quería terminar la charla, no quería dejar morir así de fácil la extraña conversación que sostenían ambos, así que simplemente admitió su falta de palabras y le envió el mensaje al compañero aburrido".

"En el fondo, me estoy riendo de esto".

"Ya lo sé. Es demasiado gracioso y estúpido".

"Céntrate ya, que están explicando de nuevo y si salgo mal de verdad quedaré calvo como tu dibujo".

Eso me saca una risa, pero me obligo a no reír demasiado fuerte porque sé que el maestro nos puede regañar y no va a tener piedad con nosotros.

A la hora de almuerzo Bradley se retira de la universidad, porque uno de sus hermanos lo llama de emergencia, algo sobre un problema en la empresa. Y me toca vivir un rato sola por ahí. Voy a clases como se debe, y cuando salgo, voy a natación como naturalmente hago, porque mi horario no descansa en realidad. Doy la mayor parte de mis energías en el lugar, y luego me doy una ducha larga y muy caliente, me visto con ropa sencilla y voy en busca de mis cosas a mi casillero.

Y se me cae el alma al piso al ver a Miller de pie al lado del mismo. El corazón empieza a latirme de manera alterada; un sentimiento tan diferente a la forma en la que late cuando estoy con Bradley. Y siento que mi cara se calienta, eso significa que me siento atrapada, y tengo miedo. Quiero dar media vuelta y evitarlo, pero me ha visto, y si no quiero problemas con él, lo mejor que puedo hacer es no evitarlo, más bien, encararlo. Una voz dentro de mi cabeza me recuerda que yo sabía que esto iba a suceder tarde o temprano. Duró más de lo que pude haber esperado, no lo puedo negar. Me acerco con aparente calma a su lado y abro la puerta de mi casillero, que se cierra de golpe con un ruido estruendoso que hace eco en el pasillo desértico, y me altera los nervios. De un salto retrocedo, y lo vuelvo a ver con los ojos bien abiertos.

—Vamos a hablar, Strause —suelta de golpe, yendo directamente al punto—. Tú solo vas a seguirme, como si nada ocurriera. Porque nada ocurre, ¿cierto?

Trago duro, saco rápidamente mi mochila y lo sigo hasta un salón vacío en el pasillo de Ciencias, donde nos encierra a ambos. Siento que tendré un ataque claustrofóbico; las paredes empiezan a cerrarse sobre mí y me falta el aire, por un instante siento que voy a vomitar todo mi almuerzo y eso solo empeoraría todo.



Sharon Úbeda

Editado: 22.04.2019

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