La última oportunidad.

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XIII: Dellower.

Naiara.

Me he vestido diferente a como suelo vestirme los fines de semana, en vez de un pijama grande y una camiseta que parezca de un hombre exageradamente gordo y alto, he decidido ponerme algo menos desaliñado, pero no menos cómodo. No quiero causar una mala impresión a los hermanos de Bradley, y tampoco quiero dejar en vergüenza a Bradley, por lo que me he sumergido entre montañas de ropa que solía usar cuando tenía tiempo libre para pasear o hacer algo divertido, buscando la que pasa por mi cabeza una y otra vez. Hasta que la encuentro.

Tras darme una ducha larga y cubrirme el cuerpo con lo necesario para estar completamente limpia, me pongo una polaina negra deportiva, una camisa blanca de tirantes, y un jersey grisáceo que tiene un bordado especial que mi abuelo le mandó a hacer a la mayoría de mis suéteres. “Naiara S. Birmingham”. Me pongo mis tenis deportivas negras con rayas verde neón, y mis calcetines blancos, y tras eso, decido hacerme una coleta alta hasta que quede perfecta, incluso si duele. Posterior a eso, lleno mi mochila con todo lo necesario; una cuerda de un metro, una pequeña navaja, ropa por si ocurre alguna emergencia y algo de golosinas para ir comiendo de camino. Bradley me dijo que era bastante largo el camino de ida.

Llevo en manos mi botella de agua fría, casi congelada y me encuentro con Bradley en el centro de la ciudad, de ahí vamos a un hotel muy caro y lujoso, apodado "Buena Vista", por su altura vertiginosa. Ahí, nos encontramos con los tres hombres más apuestos que alguna vez mis ojos pudieron presenciar. Los tres no parecen ser mayores de los treinta años, pero tampoco menores de los veinticinco. Y resulta que se ven bastante amables. Muchísimo más que Bradley, lo cual me resulta sorprendente, porque yo estaba preparada para lidiar con un ambiente lleno de hombres de carácter pesado.

—Terrence Dellower —salta uno de ellos, como primero. Tiende su mano hacia mí al instante y yo la tomo encantada—. Segundo hermano Dellower. Soy mayor que Bradley.

Me vuelvo hacia Bradley con una enorme sonrisa, aunque espero que él me sonría de vuelta, eso no sucede.

—Todos aquí lo somos —masculla uno de ellos, el único rubio entre ellos. Se acerca a mí y extiende su mano tal como el otro hombre, me dedica una sonrisa radiante, y creo que él es el más simpático de todos de inmediato—. Soy el hermano mayor de todos; Zackarie Dellower. Pero dime solo Zack.

—Espero que te hayan hablado de mí, porque soy el favorito —dice el último; se ve más calmado y serio, pero es igualmente agradable. Su voz es ronca y parece que tiene toda la paciencia del mundo en solo su forma de hablar—. Dante Dellower, es un placer conocerte al fin, linda. Yo soy el segundo hijo. Terrence y Bradley son los menores, pero Bradley es el más pequeño y nadie lo quiere. No tiene encanto como nosotros.

Consigo soltar una pequeña carcajada, y miro a Bradley, que parece molesto con la forma de hablar de sus hermanos. Creí que iban a ser rudos conmigo, porque Bradley es alguien duro y muy serio, es como si le costara muchísimo poner en sus labios una sonrisa o hacer una broma. A veces resulta un poco triste ese hecho, pero al ver a sus hermanos, me siento completamente cómoda y dejo que mis pensamientos solo descansen en paz. Bradley no tiene problemas familiares, al menos, y eso solo significa que su personalidad es más sedentaria.

—Yo soy Naiara Strause —me presento con una sonrisa grande, y los tres hermanos me ven de pies a cabeza, analizando cada pieza de mi cuerpo. Me siento algo expuesta por un instante, pero solo me obligo a pensar que está bien. Bradley no va a permitir que algo malo suceda aquí—. Seguro oyeron de mí antes que yo de ustedes, porque realmente no sabía mucho de todos, pero es un placer conocerlos al fin.

Los tres se vuelven a ver y se dedican una sonrisa muy pícara, Bradley bufa con molestia.

—No empiecen —les ordena, el único oso gruñón entre nosotros.

—Lo sabemos todo —masculla Dante, con una sonrisa arrogante, y yo lo miro curiosa, sin saber qué contestar—. Ninguno de nosotros pudo callar a Bradley en el grupo familiar; que eres su novia, ¿no? La más hermosa, inteligente y un montón de...

Bradley se le abalanza encima, sin permitirle terminar su charla. Yo me río, sin embargo, no tengo palabras por soltar. No sé si lo hacen por molestarme, por molestarlo o porque es verdad, pero prefiero simplemente no decir mucho. Solo puedo pensar en que debió ser muy divertido haberse criado con estos chicos y todo el ruido que son.

—Es mentira —replica Bradley, inquieto—. Solo les dije que vendrías con nosotros a la excursión, pero les encanta distorsionar las cosas. No les hagas caso.

—Está bien, no me molesta, de verdad son muy graciosos —advierto, emocionada hasta donde no se puede más.

Y de hecho, durante todo el viaje, no paran de hacer cosas que me sacan risotadas como nadie nunca. Se juegan bromas entre ellos y hasta me molestan a mí; tiran de mi cabello, hacen preguntas que me dejan como atrapada en un laberinto, culpan al otro de cualquier necedad y Bradley los agarra a golpes cuando se meten con él, pero nada muy grave. Se acaban las frituras que traje en los primeros cinco minutos del viaje, y desaparecen mi botella de agua sin que yo siquiera me dé cuenta.



Sharon Úbeda

Editado: 22.04.2019

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