La última oportunidad.

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XXVIII: Mensajes.

Naiara.

Cuando a una persona le dañan la integridad social, se convierte en blanco de golpes, murmullos despreciativos, rumores falsos y groserías. Cuando a una persona le dañan la integridad física, se vuelve blanco de burlas por la falta de capacidad para ciertas cosas. Cuando a una persona la dañan por completo... ¿qué pasa cuando dañan a una persona en su totalidad?

Estoy en medio de esa línea, en la que no sé si estoy rota físicamente —aún me duele la nariz y mis rodillas tienen raspones gigantescos, además, me duele la cabeza—, si estoy rota psicológicamente —no sé dónde ni cómo encerrarme—, o si en realidad solo estoy pasando por un mal momento en el cual lo que debo hacer es esperar a que el tiempo transcurra hasta poder recuperarme por completo.

Hay tres momentos muy importantes en mi vida. Tres momentos que marcaron realmente mi pasado, presente y creo fuertemente que también mi futuro.

El primer momento es ese en el que era tonta, era tonta, muy tonta... pero feliz. Las personas me eran indiferentes, las situaciones me eran lejanas y la vida me ponía retos pequeños. Era tonta, muy tonta. Lo suficientemente idiota como para cambiar ese bonito patrón de vida ignorante y feliz.

El segundo momento en mi vida es el que acabo de despedir. No diré que era feliz, a veces, me llegué a preguntar si realmente volvería a serlo. Pero admito que la vida de esclavitud que cargaba sobre mis hombros, era muchísimo mejor que la pena que ahora traigo sobre todas las cargas. El dormir era algo que anhelaba día con día. Ir a la universidad no era exactamente una pesadilla. Tenía a mi lado a un chico maravilloso y dulce, que llegó a quererme como nadie nunca. Podía salir a trabajar un par de horas sin sentir que las personas me comían viva. Podía hacer muchas cosas, incluso cuando era restringida.

Y el tercer momento, es el que estoy viviendo.

He oído a muchas personas decir "¡Vive el momento!", refiriéndose a una aventura nueva y maravillosa, a algo que te llene las venas de euforia y que te haga sentir la pasión en el corazón. Vivir el momento... qué erróneo es que solo se use para algo alegre.

Yo estoy viviendo mi momento; llevo dos días acostada en el mismo lado de la cama, viendo a nada más que a la nada, comiendo una vez al día lo primero que vea en la cocina —ayer comí una galleta de chocolate que encontré en el refrigerador medio mordida—, y bañándome solo para no oler feo. El apetito se me ha ido por completo, mis tripas rugen de vez en cuando, pero no quiero comer. La pereza me invade cada uno de los músculos y lo único que quiero hacer es estar entre las sábanas de mi cama, viendo a la nada, pensando en todo.

He perdido muchas clases, pero, ¿quién en mi lugar quisiera ir a la universidad luego de que la primera vez que haces algo que probablemente todos han llegado a hacer durante sus años universitarios —drogarte insensatamente— sea publicado, junto a un vídeo muy privado de ti haciendo algo que no es exactamente el ejemplo que le quieres dar a las personas a tu alrededor? ¿Quién tendría ganas de ser comido vivo o pisoteado por todo el personal en esa asquerosa cárcel de millonarios?

Maldición, solo quiero quedarme en casa, regodearme en mi miseria durante el día, sin moverme, solo esperando a que el tiempo se pase con siestas largas y pastillas para dormir. Y pasar la noche entera llorando todo, porque es así.

Una de las tantas leyes de la vida establece que no vas a pasar tu vida entera llorando por cada vez que algo malo te suceda, por eso, cuando lloras, a veces, vas a llorar incluso ese primer amor disfuncional. Vas a soltar todo lo que en su momento no pudiste soltar, y vas a sentir que el mundo se te viene abajo, y verás cómo cada pedacito de ti se derrumba en el piso. Pero tendrás que recoger las piezas, y tratar de unirlas nuevamente hasta que te vuelvas a completar; la vida es peor que ese estúpido y entretenido juego de mesa; el jenga. Armas toda una torre, para sacar cubo a cubo las piezas que sabes que están de más... y si lo haces mal, todo se va a derrumbar. Si quieres seguir jugando, debes volver a poner cada pieza en su lugar.

A veces, al echar un vistazo al pasado, nos encontramos con preguntas existenciales que no sabemos cómo responder. Echamos un vistazo al pasado y nos damos cuenta de cuán fuertes podemos llegar a ser, y nos preguntamos cómo carajo es que llegamos hasta donde estamos. Nos preguntamos cómo es que seguimos vivos... cómo es que aguantamos el golpe.

Quisiera decir que pronto me voy a recuperar, quisiera decir que voy a ser positiva, que no me voy a quebrar al punto de no saber encontrar mis piezas rotas, quisiera decir que voy a volver a ser yo nuevamente. Pero no puedo mentirme a mí misma; incluso teniendo un lugar donde vivir, incluso teniendo un celular, un computador, y comida, siento que lo he perdido todo.

Lo he perdido todo.



Sharon Úbeda

Editado: 22.04.2019

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