La Última Pandemia

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Capítulo 1 "Amigos"

 

Lance y Pablo caminaban por una ruta, acompañados únicamente por el canto de las aves. Aquél podía haber sido un maravilloso día para hacer senderismo y quizás sentarse con la familia cerca de alguna pradera o en la orilla del río, sin embargo, la realidad se alejaba mucho de cualquier expectativa optimista por salir a caminar.

—Deberíamos revisar esos vehículos, quizás encontremos algo útil en los maletero —sugirió Lance. Los meses le han jugado en contra, estaba más delgado, su cabello rubio lucia apagado y sucio, al igual que la ropa, mientras que sus ojos claros reflejaban la misma frialdad que los días donde los muertos aún no se levantaban.

—Lo mismo dijiste en el último bus que encontramos y sólo conseguimos que los infectados mataran a Lucas —respondió Pablo, su barba había continuado creciendo, mientras que aún seguía usando su camisa roja decolorada por el sol y ese gorro verde que siempre perdía. Ante tales palabras Lance detuvo su cansada marcha, y se giró para observar a Pablo con una actitud crítica. —Sabes que Lucas no me hizo caso, se fue corriendo como tonto al bus, abrió la puerta y ellos lo mataron, no fue mi culpa —afirmó el hombre rubio.

—Lo sé Lance, disculpa, es sólo que aún no me acostumbro. —El hombre de gorra, se retractó de sus palabras, sabiendo que pronto le caería encima un sermón de su acompañante. Casi de forma profética, Lance le miró unos segundos, antes de hablar.

—Lo harás, necesitas hacerlo, si no lo haces entonces ellos te tomarán y te harán lo mismo que a Lucas —respondió Lance en tono implacable, sus palabras daban a entender que él sabía cómo funcionaban las cosas en el mundo de los muertos-vivos.

Conforme siguieron caminando por la ruta, se encontraron con una pequeña casa abandonada o al menos eso parecía.

—¿Nos echamos un descanso? —preguntó Pablo, avanzando lentamente hacia la construcción.

—No es que tengamos prisa, así que vale, entremos. —Lance tomó la delantera, limpió un poco el cristal de una ventana, divisando que preliminarmente no había rastro de vida en el interior de aquel inmueble. Con un gesto le avisó a su amigo que entraría por aquella ventana para revisar. De forma automática, Pablo sacó su cuchillo para vigilar el entorno.

—Tienes el revolver de Lucas ¿Por qué no lo usas? —preguntó Lance, antes de abrir la ventana.

—Soy mejor con esto —respondió Pablo, mientras que Lance abría la ventana y metía una de sus piernas, pisando un sillón café bastante duro y arcaico. Al costado una mesa de café tenía latas, pilas, tenedores y colillas de cigarro como vestigios de sobrevivientes. Cuando Lance pisó el suelo, avanzó hasta una puerta abierta, en ella se encontraba un cama personal toda desecha, con sabanas sucias. Era un lugar bastante luminoso pese a tener las ventanas cubiertas de polvo.

El hombre registró la casa, en búsqueda de vivos o muertos pero a nadie encontró dentro. Solo basura, revistas y cosas que la gente ya no usaba. Lance salió del inmueble, encontrando la llave de la casa en la cerradura interna de la puerta principal, luego abrió la puerta divisando a Pablo. Lance le mostró la llave, haciéndola sonar en su mano. —Creo que por fin tengo casa propia —. El comentario de Lance hizo que Pablo sonriese para luego entrar a observar el sitio.

—Vaya mierda —concluyó el amigo de Lance, luego de ver la suciedad interna.

—Fue idea tuya, así que te aguantas —pronunció Lance. Sentándose en dicho sillón. Pablo entonces se dirigió hasta la habitación con sabanas sucias, se recostó un poco en la cama para luego observar con detenimiento el lugar, finalmente miró debajo de la cama, encontrándose con una serie de revistas pornográficas.

—Bingo —Pablo admiró las curvas de las distintas mujeres de todos colores que aparecían desnudas haciendo cosas entre ellas, solitarias y hasta lavando los platos.

En ese momento Pablo cuestionó la lógica de los creadores de la revista ¿Qué tenía de excitante la situación de lavar platos? Sin embargo no iba a detenerse ahí, sino que continuó admirando el contenido de aquellas revistas, para guardar algunas en el interior de su bolso.

Lance abrió su mochila, de ella sacó una botella de agua hasta la mitad junto con un estuche metálico de cigarros con solo tres cilindros. Definitivamente estaban en decadencia.

El hombre rubio encendió un cigarrillo para luego recostarse en ese asqueroso sillón de color café, relleno con fibras de madera. Acomodándose los pies y su cuerpo, sintió un objeto duro debajo de su muslo, se trataba de un control remoto. Al sacarlo tiró lejos el aparato.



Adrián Valenzuela

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En el texto hay: drama, distopia, zombies

Editado: 18.02.2018

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