La Última Pandemia

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Capítulo 2 "Síndrome de Estocolmo"

 

Lance percibía agudos dolores de cabeza desde hace un rato, su conciencia se resumía a pequeños segundos de lucidez, de los cuales solo lograba identificar las voces de quienes lo habían secuestrado, charlando de provisiones y cosas así. Tenía los ojos vendados pero aún con aquél obstáculo alcanzaba a ver el camino por un espacio entre la venda y su nariz, poco a poco y con el paso de los segundos, comenzó a tomar conciencia de que sus manos estaban maniatadas y que adelante de él estaban las personas que le habían secuestrado, presumiblemente sobre un vehículo, pues sentía los baches del camino y el ruido del motor.

En un último pensamiento, Lance perdió la conciencia nuevamente, las horas pasaron sin que pudiese notarlo.

El desafortunado hombre despertó como un televisor antiguo, en realidad no sabía dónde estaba y solo con el paso de los minutos, logró visualizar por completo el lugar donde le habían dejado. El sitio se trataba de un cuarto pequeño pero amoblado de forma estándar, parecía como un conteiner o una casa rodante, era difícil para él divisar la diferencia desde dentro y con ese dolor en la cabeza.

Desde donde estaba, solo podía ver a una mujer algo mayor, que ordenaba unas cosas. La luz del sol era molesta, así que tapó sus ojos con el ante brazo provocando que la anciana saliera del lugar al percatarse que él se estaba moviendo.

A paso rápido, la anciana salió de la casa rodante dirigiéndose hasta una ramada, donde estaba otra persona, se trataba de una mujer joven, delgada y de pelo castaño. Esta última peinaba a otra muchacha adolescente de cabello rubio, quien sonreía como si no hubiese ayer, como si los muertos jamás se hubiesen despertado.

Al llegar hasta el lugar, la mujer mayor se dirigió con nerviosismo a la joven que peinaba a la adolescente.

—¡Elisa! Despertó el nuevo, creo que será bueno que le avisemos a alguien —sugirió la mujer mayor, su tono de voz denotaba preocupación, de forma inmediata Elisa detuvo el cuidado del pelo de su hermana y procesó con cuidado las palabras de la mujer de cabello blanco.

—A ver, no. Mire Viviane, yo creo que es mejor que nadie sepa por el momento, déjeme a cargo de esto —propuso la mujer joven, asumiendo la responsabilidad de socializar la información con más personas.

—Bueno, de todas formas no está Elijah, ni Chris, tampoco tú hermano, no sabría a quién más decirle —comentó Viviane, nombrando a los hombres que estaban a cargo.

—Sé que salieron, ya deberían estar por llegar —afirmó la joven de pelo castaño.

—Sí, salieron muy temprano al pueblo, se suponía que irían a la farmacia por más aspirinas y cosas así pero aún no han llegado —comentó la mujer de edad.

—Bueno, en cuanto lleguen, avíseme. No quisiera saltarme el protocolo mientras ellos me ven.— Elisa dejó a su hermana menor bajo el cuidado de Viviane para luego caminar hasta la casa rodante.

La joven castaña entró al vehículo y de inmediato observó a Lance, fingiendo no hacerlo, se volteó buscando unos guantes que no dudó en ponerse al encontrarlos debajo de una bolsa. Lance solo sintió un sonido elástico e inesperadamente la mujer se giró para verle.

—Hola— Elisa pronunció despacio su saludo para no incomodar al herido.

—¿Quién eres? —preguntó él.

—Eso no es relevante, lo que importa es que estoy aquí para ayudarte —respondió Elisa, sin mirar a los ojos del herido.

—¿Dónde estoy? —cuestionó Lance.

—Estás en un buen lugar, creo que no debería decirte esto, pero no somos malas personas, mis compañeros te trajeron ayer, estabas herido, sangrando e inconsciente —explicó la joven, mientras revisaba las heridas del recién llegado.

—¿Tus compañeros eran tres? —preguntó el hombre lastimado.

—Si —Elisa comenzaba a responder con incomodidad las preguntas del hombre herido.

—Entonces los mataré cuando los vea —amenazó Lance, tratando de levantarse.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó la mujer.

—Lance —contestó fríamente.

—Lance, necesito que calles un rato y te quites la ropa, si quieres te ayudo. —La expresión de la mujer se alteró unos segundos, ni ella misma se sentía preparada para pedir tal acción.

—¿Qué? —inquirió Lance. La solicitud de la mujer le descolocó.



Adrián Valenzuela

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En el texto hay: drama, distopia, zombies

Editado: 18.02.2018

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